
Estrenos online: crítica de «Eternidad» («Eternity»), de David Freynes (Apple TV)
En el Más Allá, Joan (Elizabeth Olsen) tiene una semana para elegir si pasar toda la eternidad junto a su compañero de toda la vida (Miles Teller) o con su primer amor (Callum Turner), que murió joven y la ha esperado allí durante décadas. En Apple TV desde el 13 de febrero.
El cine clásico ha tratado más de una vez con el llamado afterlife. Esto es: todo aquello que podría suceder después de la muerte. Desde It’s a Wonderful Life, de Frank Capra, a A Matter of Life and Death, de la dupla Powell-Pressburger, pasando por Heaven Can Wait, de Ernst Lubitsch y Here Comes Mr. Jordan, de Alexander Hall hasta modelos más recientes como Defending Your Life, de y con Albert Brooks, entre otras, el cine ha tratado de pensar metáforas posibles para reflexionar acerca de las experiencias atravesadas y las decisiones tomadas a lo largo de una vida.
Las hay más dramáticas, más fantasiosas, más espirituales y más cómicas, aunque en todas ellas hay un espacio para la emoción y la reflexión. Eternity apuesta por un tono ligero, cómico y particularmente romántico, ya que por más que transcurra en gran parte en una suerte de limbo –o estación intermedia entre la vida y la «eternidad»– en el fondo lo que cuenta es un triángulo romántico sorprendentemente old school. Quizás por su planteo temático y por la decisión entre tradicional y algo conservadora que tiene que tomar su protagonista, parece una película que podía haberse hecho en los años ’40 o ’50.

Larry y Joan son una pareja de personas de la tercera edad que –si los cálculos no me fallan– deberían rondar los 90 años, ya que llevan 65 años de casados y, en el caso de ella, en segundas nupcias. Joan tiene un cáncer terminal pero en un tonto accidente es Larry quien muere primero. Y lo que sucede inmediatamente es que el hombre (allí interpretado como un treintañero por Miles Teller) despierta en un tren que viaja a una gran estación de distribución, en la que lo «atiende» una asistente (Da’Vine Joy Randolph) que le explica las reglas de la casa al atribulado Larry.
Tal como está planteado el asunto, las personas allí tienen una semana para decidir un tipo de Eternidad en la que vivirán para siempre, sin poder modificar de allí en adelante su destino. A modo de clubes o barrios cerrados, son una especie de Parques Temáticos que se ofrecen a los recién llegados como si fuera una convención. Hay uno que invita a vivir como en la París de los ’60, otro es un club playero, están los de aventuras en la montaña, los LGBT y muchos otros muy curiosos (uno dedicado a Marx que está «sold out», otro estilo Studio 54) que generan un entretenimiento paralelo a la trama, ya que sus carteles aparecen por todos lados.
Pero Larry quiere esperar a Joan, a la que no le queda mucho tiempo de vida. Lo que no sabe es que en esa misma estación intermedia está Luke (Callum Turner), primer marido de ella, quien murió en la guerra de Corea y la está esperando allí desde entonces. Cuando Joan muere (y regresa interpretada por Elizabeth Olsen) se topa con que tiene que decidir con cuál de los dos irá a su destino eterno. ¿Con su marido de toda la vida con el que tuvo hijos pero también irritaciones y problemas? ¿O con ese amor frustrado que podía haber sido pero que fue brutalmente interrumpido cuando solo llevaban dos años juntos? ¿Fue aquel su gran amor perdido y Larry un «premio consuelo»? ¿O es más complicado que eso?

Con esa disyuntiva, la película de David Freyne se organiza como una comedia romántica en la que los dos hombres se pelean por conquistar (o reconquistar) a la chica, deseando que los elija para una de las eternidades posibles. Diversas pruebas, desafíos, conflictos y enredos se irán distribuyendo a lo largo de las un tanto excesivas dos horas de metraje, todas ellas con el eje puesto en definir qué opción es preferible para Joan. Se trata, en un punto, de una decisión filosófica: ¿seguir con lo probado y conocido, con eso que ya experimentó y que, pese a todo, la satisface? ¿O arriesgarse a experimentar con una persona que casi no conoce pero a la que siempre soñó volver a ver? Tomando en cuenta que los dos hombres no quieren saber nada con la idea de ir todos juntos, aparece allí un pequeño espacio para pensar otra opción: ¿y si se va sola?
Eternidad está jugada de un modo ligero, con cierto espacio para la emoción, pero sin entrar demasiado en cuestiones religiosas o místicas. El guión de Pat Cunnane se concentra en ese triángulo amoroso y casi todo lo demás existe solo en relación con eso, tanto las eternidades disponibles como los procedimientos intermedios ligados a cómo funciona todo ese Más Allá. Ligera, con ingeniosos toques audiovisuales aunque sorprendentemente conservadora para ser una película actual, Eternidad es un entretenido ejercicio de reflexión que, si bien no aprovecha del todo las aristas posibles del universo elegido, por lo menos propone pensar acerca de las elecciones y decisiones que se toman en la vida. Por lo menos, en el terreno amoroso.



