
Estrenos online: crítica de «Oh, Hi!», de Sophie Brooks (Flow, Movistar TV)
Una pareja se va a pasar unos días a una casa frente a un lago y una vez allí surgen agunas diferencias que los llevan a vivir situaciones densas y violentas. Con Molly Gordon y Logan Lerman. Para alquilar en varias plataformas a partir del 3 de febrero.
Iris y Isaac cantan Islands in the Stream mientras viajan en coche a un destino turístico en apariencia ideal. Nada puede salir mal, ¿no? Cuando paran en un puesto en la ruta a comprar unas frutas, uno advierte posibles tensiones: la que atiende es seductora con Isaac y a Iris un poco le molesta. Luego Isaac tiene un problema con el auto –no maneja muy bien– y destroza sin querer el puestito. Pero nada parece ser muy grave. La casa que alquilaron es increíble, tiene una vista genial, un río bellísimo y todo lo que podían esperar. De hecho, en un placard encuentran algunos implementos de sadomasoquismo, pero los dejan ahí. El único aparente inconveniente es un vecino un tanto huraño (David Cross), que los reprime cuando se están besando en el río.
Uno tiene claro que, de algún modo, algo de todo eso incidirá en la situación romántica y la cosa se complicará. Lo curioso es que –como con casi todas las decisiones narrativas de esta película de Sophie Brooks– nada de lo que normalmente pasa en una comedia negra sucede acá. Ellos cenarán, conversarán y tendrán sexo. Y sí, las cadenas tendrán un uso allí, pero el problema real será otro y sucederá a la mañana siguiente cuando Isaac (Logan Lerman) le diga a Iris (Molly Gordon) que él no quiere tener una relación seria y exclusiva con ella sino que solo estaba pasando un buen rato. Iris, claramente, no piensa lo mismo y se fastidia, se enoja con él. Y como Isaac se quedó dormido encadenado a la cama, la chica no tiene mejor idea que dejarlo así e intentar convencerlo de que ella vale la pena como pareja estable. Bueno, estable acaso no sea la palabra correcta en casos así…

Oh, Hi! se ofrece con la lógica de una comedia romántica que se va oscureciendo pero, a diferencia de la mayoría que funcionan en este registro, jamás pasa del todo a la accióny y/o al terror. Los elementos narrativos están ahí –con esta misma situación se han hecho decenas de thrillers, empezando por el modélico Misery–, pero la historia coescrita por Brooks y la propia Gordon no decanta necesariamente hacia la violencia física extrema y/o el espanto propios de los géneros duros (Nota: si buscan eso vean Together o la reciente ¡Ayuda!) , si no hacia el absurdo, la incomodidad, la tensión romántica y, sobre todo, a poner en juego algunas ideas sobre cómo se desarrollan las relaciones de pareja.
En algún momento llegarán otros personajes (interpretados por John Reynolds y Geraldine Viswanathan, dos talentosos comediantes que aportarán algunos momentos graciosos) y ellos se sumarán a una situación que empieza a parecerse demasiado a un secuestro. Así, mientras Isaac solo piensa en huir, lo que más le preocupa a Iris es que le haga una denuncia y ella termine en la cárcel. El 90 por ciento de las películas acrecentarían la violencia ante una situación así. Acá, si bien el suspenso y la tensión se hacen presentes, lo más importante pasa por hablar de las relaciones, por los modos en los que no ser claros con el otro puede dar a confusiones y por entender que hay un grado de violencia (física pero más que nada emocional) que es inherente en este tipo de situaciones.
Los que busquen intensidad creciente en términos sangrientos quizás sientan que la película se queda corta, que no aprovecha su planteo. Pero lo interesante de Oh, HI! es que no es cínica ni misantrópica ni cruel. Iris puede estar haciendo una locura teniendo a su pareja encadenada, pero lo que quiere más que nada es salvar la relación o, en el peor de los casos, no terminar en la cárcel por secuestro. Isaac, si ya de entrada no estaba muy comprometido con la pareja, a esa altura lo único que quiere es huir. La situación en la que terminan metidos puede ser violenta y densa, pero Brooks no busca encontrar culpables fáciles ni resolver todo por la vía de la sangre. Aunque sean menos clásicamente cinematográficas, siempre hay otras maneras de lidiar con los problemas. Y esta película lo entiende muy bien.



