Series: reseña de «Blossoms Shanghai», de Wong Kar-wai (MUBI)

Series: reseña de «Blossoms Shanghai», de Wong Kar-wai (MUBI)

En la Shanghai de los años ’90, un importante corredor de bolsa se ve enfrentado a una serie de conflictos que ponen en riesgo su fortuna. Estrena MUBI el 26 de febrero

Dueño de una filmografía breve pero llena de títulos memorables —Chungking Express, Happy Together, In the Mood For Love, 2046, por citar solo algunos–, Wong Kar-wai es también poseedor de un estilo, una suerte de firma audiovisual distintiva y a la vez muy influyente. Después de unos cuantos años enredado en proyectos que no funcionaron del todo bien (su última película, The Grandmaster, es de 2013), Wong regresa con una cantidad de material que supera, en tiempo al menos, a todo lo que filmó a lo largo de su carrera. Se trata de la serie Blossoms Shanghai, compuesta por 30 episodios y estrenada en China, con gran éxito, en 2023. En ella reaparecen muchas de las marcas estilísticas que lo consagraron a lo que le suma un espíritu narrativo un tanto más adaptado al formato serial. El «matrimonio» entre ambos no termina de funcionar del todo bien, pero igualmente produce momentos notables y entrega, sobre todo, una atmósfera fascinante en la cual hasta el espectador más perdido puede dejarse llevar.

Blossoms Shanghai cubre un tipo de evento que es habitual en el cine chino pero que no había aparecido hasta el momento demasiado en la obra de Wong: el boom económico de China desde que liberó sus mercados a partir de los años ’90 y sus consecuencias. Ese tipo de temática –muy cara al cine de Jia Zhangke o Wang Bing, por citar solo algunos– es central en la serie, solo que en lugar de ocuparse de los «perdedores» o los afectados por el sistema opta por poner el foco en los que, inicialmente al menos, se «subieron a la ola» de ese boom. En este caso, a partir de la apertura de la Bolsa de Comercio de Shanghai, que se expandió de un modo exponencial en esos años, con millones de personas ingresando al sistema, «apostando» sus ahorros, ganando o perdiendo millones y, sobre todo, dando inicio a un modo diferente de manejo económico, uno que tendrá tantos beneficios como complicaciones.

Gracias a un extraordinario trabajo de recreación de la Shanghai de los años ’80 y ’90, hecho en su mayoría en estudios pero en parte también en la propia ciudad actual (la fachada de los edificios públicos del Bund, el Peace Hotel de Nanjing Road, siguen igual ahora; otras zonas han cambiado radicalmente), Wong logra meter a los personajes y a los espectadores en un mundo de «nuevos ricos», de opulencia –las ropas, los coches, los decorados– y ambición, y de decenas de personas que tratan de sacar su tajada económica de ese boom comercial. Es un mundo de nuevos y grandes restaurantes que abren puertas cada día en Huanghe Road (que sigue siendo una calle de restaurantes hoy), muy cerca del centro y frente al People’s Park; en el que los personajes principales de este mundillo circulan en un juego en el que amor y negocio se mezclan todo el tiempo.

«¿Fue una relación por dinero o fue una real?», le preguntará un hombre a una mujer que está a punto de dejarlo. «El dinero es real«, le dirá. Y esa explicación sirve como metáfora para todo eso que los primeros episodios de esta serie dejan entrever: cómo el interés y la ambición juegan fuerte en un mundo en el que todo lo demás pasa a segundo plano. El protagonista es Ah Bao (Hu Ge), quien en la voz en off nos cuenta la apertura económica de China y el boom del Shanghai Stock Exchange, e inmediatamente es atropellado en pleno centro por un taxi y queda gravemente herido. ¿Fue un accidente o un atentado? Y de ser esto último, ¿quién pudo haber sido el responsable y cuál su motivación?

Esta es la un poco tramposa puerta de entrada al mundo de Blossoms Shanghai, una que servirá para transformar a la docena o más de personajes que inicialmente la integran en potenciales sospechosos y justificará, en cierto modo, los flashbacks que entran y salen constantemente. Allí, el propio Bao contará su ascenso a convertirse en algo así como el Rey de la Bolsa de Shanghai, iniciándose con muy poco dinero a fines de los ’80 pero logrando, gracias a su severo mentor, el Tío Ye (You Benchang), crecer muy rápidamente hasta transformarse en el hombre más buscado e importante del negocio, siempre trabajando con un pequeño pero fiel grupo de colaboradores.

Tras pasar un tiempo encerrado recuperándose del accidente/atentado, Bao –que se aloja en una lujosa habitación del Peace Hotel en el corazón de la ciudad– vuelve a la vida social, lo que implica lidiar con negocios, sospechas, personas que desean conectar con él para sus negocios y así. Y el mundo de los nuevos ricos de las finanzas se mueve cada noche en los restaurantes de la calle Huanghe, por lo que todos se pelean por tenerlo allí, especialmente la bella y enigmática dueña del nuevo Grand Lisbon, Li Li (Xin Zhilei, premiada como mejor actriz en Venecia 2025 por The Sun Rises on Us All, de Cai Shangjun), cuya espectacular apertura es central a los primeros episodios.

Pero no es la única que desea contar con los «servicios» (comerciales o amorosos) del Sr. Bao. Está Miss Wang (Tang Yan), que trabaja con él y es la que supuestamente más cerca está suyo; Ling Zi (Ma Yiki), dueña de un pequeño restaurante (Tokyo Nights) opuesto con su estilo cálido y casero a los coloridos de Huanghe Road, y muchas otras que rondarán la figura de esta mezcla entre Jay Gatsby y Jordan Belfort, por citar dos personajes que fueron llevados al cine por Leonardo DiCaprio: galán, seductor, millonario y un tanto misterioso. Su voz en off parece dar a entender que alguna de estas relaciones (Li Li es la que más aspecto de femme fatale tiene) lo llevará a la ruina, pero eso es algo que se irá desarrollando con el paso de los episodios.

La serie luce fantástica –la fotografía es de Peter Pau, de The Killer y Crouching Tiger, Hidden Dragon, entre muchas otras–, está llena de los recursos visuales que le conocemos a Wong (lleno de cámaras lentas y, de vez en cuando, con su característico step-printing apareciendo aquí y allá, ángulos curiosos, encuadres con mucho espacio negativo), una banda sonora romántica constante, una elegancia de melodrama de los años ’40 y personajes que lucen como sacados de una portada de revistas. La diferencia fundamental es que, al estar tan centrada en el mundo de los negocios, la prioridad pasa por allí. Se habla mucho en términos técnicos de la Bolsa, de acciones, de compra y venta (hay un stock, llamado 414, que aparenta ser problemático) y, a diferencia de sus otros films en los que la voz en off cubría la falta de diálogos, acá están presentes las dos cosas. La voz en off no molesta –es una característica ya esperable en su cine y aquí ayuda para orientar también al espectador–, pero la velocidad e intensidad de los diálogos «comerciales» puede llegar a ser abrumadora.

Es una serie que recompensa la paciencia y el tiempo del espectador que la mire en todos sus detalles. Y eso es algo que Wong hace bien, ya que aún cuando los negocios y clanes enfrentados en la trama comercial de Blossoms Shanghai sean un tanto confusos o hasta parezcan irrelevantes, sabe capturar igualmente la atención del espectador gracias a la opulencia estética que subsume a los personajes. En algún momento uno mirará tanto los detalles de cada lugar, de cada decorado y cada plato de comida que es probable que se pierda algunos de los tantos subtítulos. Y en algún sentido la serie puede convivir bien con eso.

A la serie –hasta el momento al menos– le falta, eso sí, ese lirismo romántico que poseen las mejores películas de Wong: están los gestos, las ropas, las miradas y los escenarios, pero el tono es tan por momentos seco y comercial que la emoción todavía no es parte del vocabulario de la serie. De todos modos, es una experiencia a la que conviene ingresar, al menos a modo de exploración. Blossoms Shanghai no inventará nada demasiado nuevo en cuanto a la historia que tiene para contar, pero la inserta dentro de un mundo que es mucho más fascinante que los habituales en los que este tipo de tramas se dirimen. Un romance, un misterio y hasta una traición comercial son más subyugantes en las callejuelas de Shanghai que en una oficina de Wall Street.