
Series: reseña de «Memoria de un asesino» («Memory of a Killer»), de Ed Whitmore y Tracey Malone (HBO Max)
Angelo es un hombre viudo con una hija embarazada que pretende tener una vida normal pero en realidad es un sicario. Y, además, está empezando a perder la memoria. Con Patrick Dempsey y Michael Imperioli. Por HBO Max.
En tan solo los últimos meses hicieron algo parecido Eddie Redmayne, Michael Fassbender, Liam Neeson, Michael Keaton, Glen Powell y varios otros. Se ve que es un tipo de personaje que fascina a los guionistas, ya que están envueltos de intrigas y misterios. Son asesinos a sueldo. Sicarios. Tipos secos, solitarios, duros, callados y muy profesionales que se dedican a matar gente por dinero. Lo que hacen, en teoría al menos, debe ser limpio y clínico. Pero pocas veces termina siendo así. Por alguna cosa u otra, tienen que terminar enredados emocionalmente con su trabajo. O su familia. O su mujer. Los planes de estos tipos nunca salen del todo bien.
Patrick Dempsey interpreta a otro tipo de asesino serial en Memory of a Killer. La serie se inspira en una película belga de principios de los 2000 que se tituló internacionalmente de la misma manera, pero que se llama en realidad De Zaak Alzheimer: «El caso Alzheimer«. Spoiler alert desde el título: el asesino en cuestión tiene un problema. Como en Knox Goes Away, con Michael Keaton, el protagonista es un hit man que tiene problemas de memoria. Y eso, digamos, no es muy conveniente para el trabajo que tiene que hacer. En el caso de Angelo Doyle es aún peor porque el tipo no es un solitario clásico, sino un viudo con una hija veinteañera embarazada (Odeya Rush), que cree que el bueno de papá vende fotocopiadoras y está siempre de viaje en convenciones de trabajo. No. El tipo está liquidando gente por ahí.

El tema es que a la esposa de Angelo la mataron también y esa es una espina que no se puede quitar de encima, además de un potencial tema de preocupación. Angelo trabaja para Dutch (el gran Michael Imperioli, de Los Soprano), acompañado muchas veces por su un tanto torpe sobrino (Richard Harmon), y siempre hay tensiones entre ellos, especialmente cuando las cosas salen mal o Angelo hace trabajos por su cuenta. Pero el tipo –que sale de su casa vestido como un salesman, mete el coche en un garage en medio del campo y sale de ahí literalmente «vestido para matar» con un auto lujoso– tiene otro problema en puerta. Como su hermano Mike (Richard Clarkin), a quien visita regularmente ya que está internado con Alzheimer, Angelo está empezando a olvidarse cosas: la contraseña de la alarma, donde dejó una chaqueta o un arma (lo cual le trae problemas románticos) y cosas aún más graves. Y se va dando cuenta que su tiempo «laboral» se acaba. Si es que su hija no se entera antes.
Memoria de un asesino juega con casi todos los clichés del género: asesino elegante con ropa cara, gafas oscuras y autos deportivos, jefes poco confiables, asuntos oscuros en los que se mete y que son más problemáticos de lo que parecen, y esa conexión emocional que puede poner en peligro su trabajo. En este caso es su hija, quien atraviesa una serie de situaciones que le hacen pensar que tal vez su padre le oculte algo. Entre cuidar a su hija, su memoria declinante y su conflictiva relación con su jefe, todo parece ir de mal en peor para Angelo. Y la serie se dedica a explorar eso de una manera, convengamos, bastante básica: con diálogos explicativos, una serie de situaciones policiales poco interesantes y un formato que remite a otras mejores épocas del género. De hecho, la película en la que se basa –si mi memoria no falla, ya que es de 2004– era bastante más interesante y creativa.
Lo que le da un plus, como sucede en muchos de estos casos, es la dupla protagónica que integran Dempsey-Imperioli, dos figuras a esta altura clásicas de la televisión de décadas pasadas (Nota: Dempsey, por si hay algún despistado, fue figura central de Grey’s Anatomy por once temporadas). Ambos rondan los 60 años y conservan la energía, la frescura y esa inimitable capacidad de atraer la atención del espectador que tienen veteranos como ellos. A su lado, la mayor parte del elenco desentona o se queda corto, ya que los diálogos que tienen que tornar creíbles con sus actuaciones son poco menos que imposibles. Las dos figuras centrales tratan de hacer magia con esos textos y los mejoran cuando pueden. No logran salvar la serie pero al menos la hacen más entretenida de lo que debería ser.



