Estrenos: crítica de «Calle Málaga», de Maryam Touzani

Estrenos: crítica de «Calle Málaga», de Maryam Touzani

por - cine, Críticas, Estrenos
02 Mar, 2026 07:01 | Sin comentarios

Una mujer española de 79 años vive sola y tranquila en Tánger, Marruecos. Pero todo cambia cuando su hija llega desde Madrid para vender su departamento. Con Carmen Maura. Estreno en Argentina: 5 de marzo.

Tres o cuatro películas en una –casi una temporada de una serie apretada en dos horas–, Calle Málaga intenta ser varias cosas a la vez y consigue ser muy pocas. En el guión de Maryam Touzani y Nabil Ayouch (también cineasta y marido de la realizadora), el film quiere ser un drama familiar, un retrato de Tánger, una historia de amor de la tercera edad y una comedia sobre una pícara abuela. Pero, salvo por algunos específicos momentos –más ligados a la puesta en escena que a cuestiones narrativas–, la película no logra que ninguno de esos funcione del todo bien.

Uno podría pensar, por el inicio, que Calle Málaga será un retrato de María Angeles (Carmen Maura), una mujer española, viuda, que nació y vive en Tánger, Marruecos –lugar al que muchas familias españolas se escaparon en la época de Franco y algunas se quedaron a vivir allí–, en relación a su comunidad y a su barrio. Pero eso queda en segundo plano mientras el film se ocupa de sus problemas familiares, ya que ahí nomás llega Clara (Marta Etura), su hija que vive en Madrid. María Angeles la espera con entusiasmo pero Clara viene con mala cara. Pronto sabremos que se ha divorciado, que tiene problemas con su ex, que no tiene dinero y que, sin mucho margen de negociación posible, le tira a su madre la novedad: tiene que vender su casa de la calle Málaga para que ella pueda comprarse una en Madrid ya que no puede pagar su alquiler.

No hay conversación allí ni amabilidad alguna. Como Clara –a la que el film presenta como un monstruo– es legalmente dueña del departamento, su madre tiene que aceptar sin chistar. La propuesta de la hija es que su madre se vaya a vivir con ella y sus nietos a Madrid, pero Clara no quiere saber nada con abandonar la ciudad, el barrio, la casa y los muebles de toda la vida. La otra opción es ir a un hogar de ancianos, ya que justo justo en ese momento se liberó un lugar y encima es gratis. La abuela acepta a regañadientes esta opción pero es obvio que no le gusta nada. Y apenas llega al bonito lugar –en el que, salvo por algún forzado conflicto la tratan muy bien–, se ve que solo quiere irse de allí. Y mintiéndole a todos se irá y de allí en adelante intentará encontrar la manera de volver a vivir en su casa, recuperar sus muebles vendidos y lidiar luego con la inminente venta.

Calle Málaga se volverá a partir de allí –llevamos tan solo un cuarto de esta película de dos horas para entonces– una mezcla de comedia acerca de una abuela simpática que hará lo posible para ganar dinero, recuperar sus muebles y evitar tener que abandonar su tan querido hogar, mientras que a la par se irá desarrollando otra nueva película ligada a un interés romántico que surge, un tanto inesperadamente, a partir de su relación con Abslam (Ahmed Boulane), el severo y en apariencia malhumorado vendedor de muebles que compró las cosas de su casa. Pero todo es forzado, manipulado, armado a partir de decisiones de guionistas y casi nunca por la lógica del relato o la psicología de los personajes.

Es un film lleno de conflictos que surgen porque se le imponen a los personajes desde afuera –el de la relación con la hija es el más notable de todos en ese sentido– y que va cambiando de tono cada diez minutos, como si estuviera dividido en pequeños episodios que van dando paso al siguiente: uno puede ser simpático, otro romántico, otro dramático, otro incomprensible, incluyendo un largo periplo en el que, no pregunten cómo, la película pasa a ocuparse de los partidos de futbol de La Liga española. Y así va pasando una película que en un momento decide convertirse en un drama romántico y hasta erótico entre dos septuagenarios, dejando de lado casi todo lo demás. De hecho, cuando el conflicto inmobiliario central reaparece, la película ya no tiene idea qué hacer con eso ni cómo acomodarlo al resto de la historia.

Lo mejor que tiene Calle Málaga –que fue candidata al Oscar internacional por Marruecos– no pasa por su trama sino por la manera en la que Touzani retrata y captura el rostro y hasta el cuerpo de Carmen Maura. En muchas escenas, la cámara se detiene en sus ojos mientras María Angeles observa algo –la calle, su hija, su casa, sus cosas– y el film tiene una verdad ahí que no tiene en sus peripecias. Y eso se extiende a los planos detalle que la realizadora de El caftán azul le dedica a las manos y hasta al cuerpo de la gran actriz española. Es cierto que esos extensos momentos de pausa alargan más y más una película a todas luces interminable, pero son mucho mejores y más cinematográficos que el 80 por ciento de las peripecias que el guión obliga a su protagonista a sobrellevar.


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