Estrenos: crítica de «Jugada maestra» («How to Make a Killing»), de John Patton Ford

Estrenos: crítica de «Jugada maestra» («How to Make a Killing»), de John Patton Ford

por - cine, Críticas, Estrenos
29 Mar, 2026 09:30 | Sin comentarios

Un heredero desheredado planea matar a sus ricos familiares uno por uno, buscando fortuna, venganza y estatus en esta comedia en clave oscura. Con Glen Powell y Margaret Qualley. Estreno en cines argentinos el 2 de abril.

Un clásico de la comedia inglesa, Kind Hearts and Coronets, de Robert Hamer (conocida en América Latina como Los ocho sentenciados y como Ocho sentencias de muerte en España), fue una cabal representante de la producción de Ealing Studios, con su humor seco, negro, perverso y considerado escandaloso en su época (1949). La historia de un asesino multiple que recuenta, antes de la horca, cómo mató a una larga serie de «parientes», el film saltó a la fama también por tener a Alec Guinness haciendo ocho personajes: todos aquellos que se interponían entre el asesino y su objetivo final.

Tres cuartos de siglo después, Jugada maestra se atreve a rehacer su trama en un film que, más que inspirado en (como asegura en sus créditos) es prácticamente una remake del original, ya que conserva hasta detalles específicos de su trama. Hoy no hay nada escandaloso en su historia sino, más bien, da la sensación de que puede retratar –con las obvias exageraciones propias del género– la desmedida ambición contemporánea por el poder y, especialmente, por un amplísimo bienestar económico. Cueste lo que cueste.

How to Make a Killing husmea, desde su temática, por la misma zona de la reciente La única opción, de Park Chan-wook, poniendo a un hombre que por una enojosa circunstancia se quedó sin dinero a liquidar a toda la competencia por esos preciados millones. Billones, en este caso, ya que Becket Redfellow (Glen Powell) es uno de los herederos de una dinastía empresarial que dejó a su específico grupo familiar al margen de esos beneficios. Y él está dispuesto a todo para recuperarlos, aunque eso incluya sacarse de encima a muchos primos y tíos desconocidos.

De un modo bastante parecido a la película original –solo que ahora es en los Estados Unidos, donde la pena de muerte sigue existiendo–, la película comienza con Becket, horas antes de ser «pasado a degüello», confesándole a un párroco su historia criminal. Y allí nos enteramos que, al quedar embarazada a los 18 años y decidir tenerlo, su madre, Mary, fue desheredada de la fortuna familiar por su padre. La mujer se casó con un músico clásico que murió en su parto, por lo que Becket creció solo con su madre, en un barrio de Nueva Jersey, alejados de la riqueza en la que ella había crecido. Tras ser rechazados una y otra vez en sus intentos de pedir ayuda a sus parientes, Mary enferma y muere, él sigue trabajando como repositor en negocios de ropa y de a poco va craneando una idea.

Antes de morir su madre le había dejado en claro que él seguía estando en la línea sucesoria como heredero de esa fortuna familiar (Nota: forzando lo que en el film inglés era una herencia de títulos aristocráticos), por lo que el frustrado Becket entiende que la única manera de acceder a esa fortuna es matando a todos los parientes que están en esa línea antes que él, ninguno de los cuales conoce. Al ser despedido de su trabajo y ver cómo su adorada amiga de la infancia Julia Steinway (Margaret Qualley) se casa con un hombre de mejor posición económica que la suya, Becket pasa a los hechos. Y la película se centrará en cómo, uno por uno, va liquidando a sus peculiares primos y tíos, aún cuando sus circunstancias personales vayan modificándose con el paso del tiempo.

Sin un Alec Guinness que haga todos los personajes, Jugada maestra ofrece un variado elenco de actores reconocidos interpretando a las potenciales víctimas, incluyendo a Zach Woods, Bill Camp, Topher Grace y Ed Harris, entre otros, la mayoría de ellos encarnando a personajes bastante impresentables. En el medio habrá un incipiente romance con Ruth (Jessica Henwick) –que aparece de modo muy similar al del film original–, la constante reaparición de la siempre llamativa Julia y, de a poco, las narices de la policía se depositarán en él ya que –si bien acá a nadie parecen importarles las evidencias– no pasará del todo inadvertida la accidentada muerte de tantos miembros de una misma y muy influyente familia.

Si bien el tema –la ambición y la crueldad desmedida que afecta tanto al victimario como a sus víctimas, por más motivos que unos y otros crean tener– refleja cierto espíritu contemporáneo y el realizador del más seco policial Emily, la criminal entiende cómo ir dosificando la trama para evitar que se vuelva repetitiva, la película no logra cobrar el vuelo ni conserva el humor seco y áspero de la original. Quizás se trate de un problema de casting. El actor de Twister se esfuerza demasiado por ser simpático y amable pero raramente parece entender el tono que precisa la película para explotar su lado cómico. En ese sentido, Qualley la tiene más clara: la actriz parece canalizar, en tono paródico, las femmes fatales del cine clásico. Y cada vez que ella aparece, la película gana en tensión y en comicidad.

De todos modos, How to Make a Killing no es un completo desperdicio. Es razonablemente entretenida, tiene algunas escenas bien logradas (los dos primeros crímenes y los parientes que «caen» en ambos representan bastante bien el mundo de frivolidad al que Becket aspira pertenecer), y el romance con Ruth funciona algo así como «ancla moral» del personaje, una mujer que participa de ese mismo mundo de fortunas y apariencias pero que sabe tomar la distancia necesaria. El, en cambio, roto luego de tantos años de maltrato familiar, siente que tiene derecho a su venganza y en ningún momento parece preguntarse sobre el sentido último de su potencial conquista. Y de eso, finalmente, se trata la ambición desmedida que esta apenas aceptable remake intenta retratar.