
Estrenos online: crítica de «Bau, artista en guerra» («Bau: Artist at War»), de Sean McNamara (Paramount+)
Este drama se centra en la historia del artista plástico Joseph Bau y su lucha por la supervivencia durante la Segunda Guerra Mundial. Estreno de Paramount+
La vida y la obra de Joseph Bau se merecían una película que no es esta. El artista, dibujante y sobreviviente del Holocausto –cuya historia, en parte, fue contada en La lista de Schindler— ha vivido, sin dudas, una vida cinematográfica, que incluye haber sobrevivido el Holocausto y su historia de amor en un campo de concentración con su esposa Rebecca, y que luego siguió con diversas y más controvertidas funciones ya en Israel. Pero esta no es la película que Bau merece sino una mejor, más cuidada, sutil, inteligente, verdadera. Bau: Artist at War es un boceto mediocre, recargado de clichés, acerca de su vida durante y, un poco, después de la Segunda Guerra Mundial.
Interpretado por Emile Hirsch, Joseph Bau es mostrado –en una de las características que lo diferencian con la mayoría de los personajes de este tipo de historias– como un hombre ligero, optimista, simpático y bastante gracioso, un caricaturista que vivía por y para dibujar en cuadernos y papeles. La película de McNamara –director de incontables films, la mayoría de ellos infantiles, y la reciente biografía Reagan— se inicia en los años ’70 cuando Bau vive en Israel y trabaja como ilustrador, animador y también con la agencia de inteligencia Mossad falsificando documentos y pasaportes para espías como Eli Cohen o los que vinieron a Argentina a capturar a Adolf Eichmann, entre otros.
Allí es visitado por un joven abogado austríaco (Josh Zuckerman) que quiere convencerlo de que testimonie en un juicio en Viena contra Franz Gruen (Yan Tual), un jerarca nazi. Bau inicialmente se rehúsa, pero de a poco empieza a abrirse y a contarle al joven su historia allí, que se inicia cuando fueron llevados del ghetto de Cracovia al campo de concentración de Płaszów y se ocupa de lo que sucedió allí, fundamentalmente centrándose en los maltratos de parte de los nazis, en su romance con Rebecca Tennenbaum (Inbar Lavi), a la que conoció allí, y en sus intentos de sobrevivir a una situación cada vez más complicada y peligrosa. Buena parte de la trama allí se cruza con la del clásico film de Steven Spielberg, ya que la ya mítica lista del empresario Oskar Schindler (Edward Foy) se cruza con su historia de vida.

Filmada de un modo rudimentario y en estudios, con fondos pintados o creados por una IA generativa, con unos acentos excesivos aún para el género, un guión lleno de trampas y diálogos de cartulina, una música pomposa y actuaciones que, salvo por el caso de Hirsch, bordean lo elemental, Bau, artista en guerra no hace mucho para homenajear la figura del dibujante. Uno puede ver, a lo largo de los 130 minutos que dura, una línea narrativa posible para una mucho mejor biopic, pero McNamara no aprovecha casi ninguna de todas ellas. Al contrario: utiliza todos los trucos conocidos posibles de guión para finalmente entregar una película engañosa de una manera grosera.
Quizás el único elemento más o menos distintivo del film tiene que ver con algo intrínseco a Bau y es su optimismo y bonhomía, algo que –se nota por su actuación bajo pilas de ridículo maquillaje–, Hirsch pierde en la etapa posterior, que transcurre en Tel Aviv y en la que se lo ve apesadumbrado. Previsiblemente también, las escenas en el campo de concentración están presentadas en blanco y negro mientras que las posteriores son en color. Pero nada cambia mucho entre una parte y la otra. Todo es forzado, caprichoso, mediocre, flojo de toda flojera.
Tanto es así que McNamara logra algo muy difícil: que una historia sobre el Holocausto no genere emoción alguna, algo que aún films manipuladores como La vida es bella sí conseguían de sus espectadores. Pero aquel film de Benigni, problemático como es, es una obra maestra al lado de esta muy mediocre y elemental Bau.



