Estrenos online: crítica de «Melania», de Brett Ratner (Prime Video)

Estrenos online: crítica de «Melania», de Brett Ratner (Prime Video)

Mientras Donald Trump se prepara para regresar a la Casa Blanca, este documental sigue los meticulosos preparativos de Melania para el Día de la Asunción, revelando la coreografía, la construcción de imagen y los rituales del poder.

Una de las películas más divertidas –no intencionalmente, o al menos eso creo– de los últimos años, Melania es una gran comedia disfrazada de documental. Si no fuera por lo dramático, violento y peligroso que se ha vuelto el mundo desde la asunción de su marido Donald Trump, este film de Brett Ratner sería película graciosísima, de principio al fin. Secretamente tengo la impresión de que alguien en la producción del film –no su director– sabía que en el fondo estaba haciendo una comedia. Nadie que no tenga un perverso sentido del humor, sino, empezaría un documental sobre la Primera Dama de los Estados Unidos con una canción de los Rolling Stones cuya letra dice «rape, murder/It’s just a shot away« para continuarla con otra de Michael Jackson acerca de un hombre que tiene una fan que asegura que tiene un hijo suyo («Billie Jean is not my lover/She’s just a girl who claims that I am the one/But the kid is not my son«). Bienvenidos al Melania Show. O, como la Dama en cuestión dice: «My creative vision».

Si uno se lo toma más o menos en serio, Melania es un documental del modo en que puede serlo uno surgido, digamos, en Corea del Norte o países similares. Controlado y manipulado por su protagonista –y su grupo de asesores–, el film no tiene nada para contar: ni la vida previa de Melania, ni su historia con Trump ni nada particularmente personal. Es un racconto de los días en los que la mujer, a punto de volver a ser la First Lady, prepara el Inauguration Day y todos los detalles ligados a esa fecha de asunción –en este caso, retorno– al poder. Esencialmente, sus vestidos, las invitaciones, algunas cuestiones de la decoración y unas pocas cosas más. Su «visión creativa», como ella misma lo define.

El film es una saga de eventos continuos que no tienen ninguna relación con lo que dice Melania que quiere hacer con su rol. Su voz en off acerca de la importancia de la Primera Dama, de su papel para ayudar a niños, a gente sin hogar y a algo así como «ayudar a la paz en el mundo» se queda solo en las palabras. En los hechos vemos a una muy rígida y estructurada ex modelo modificar el doblez de un vestido, el ancho de un cuello y agradecer no tener que salir a saludar a la gente en un desfile callejero. Quizás lo más cruel que tiene el film –disimulado, hasta cierto punto, pero desagradable de todos modos– es cómo Melania se la pasa hablando de la muerte de su madre en pleno funeral de Jimmy Carter.

Hay grandes momentos aquí y allá, todos muy graciosos aunque nadie parezca notarlo. Las «caras de situación» de Melania, la manera anodina que tiene a la hora de hablar de su hijo Barron, la nula aparición del resto de la familia de Trump (que no debe haber arreglado su parte en el negocio), la forma en la que la seriedad de su narración contrasta con la banalidad de lo que la mayor parte del tiempo se ve y casi todas las apariciones de su marido presidente, quien al menos tiene –comparativamente– un raro carisma personal que para mí es incomprensible, pero que con algunos puede funcionar. Al lado de su desgarbada presencia, Melania parece una ex tenista del Este de Europa más preocupada en no despeinarse que en cualquier otra cosa.

Un «regalo» de Amazon al presidente Trump –que Melania devuelve agradeciendo a los «donantes» y con varios planos de Jeff Bezos– y con un nivel de ass kissing no visto desde los tiempos de algún emperador romano, Melania encima tiene entre sus firmas al productor argentino Fernando Sulichin, personaje que en algún momento supo hacer películas junto a Oliver Stone y Abel Ferrara. El film no es más que un house organ, un repaso solemne de unos días en la vida de una mujer cuya voz en off no hace más que agregarle humor a todo el asunto. No tanto por el acento sino por lo que dice y cómo lo dice: «Es esencial estar fuerte mentalmente», dice la Primera Dama antes de decidir el ancho del cuello de su chaqueta. Y sí, debe ser muy complicado, tanto como caminar con esos tacos imposibles.

Melania al menos tiene a su favor que su protagonista trata de no ser desagradable ni ofensiva –no siempre le sale, pero lo intenta–, y que la mujer tiene algo más de estilo que el presidente y que muchas otras que estuvieron en su mismo lugar. Sé que es una afirmación más que discutible –ese sombrero está al borde de decapitar a alguien–, pero al menos es alguien que, en el contexto en el que se mueve, es relativamente elegante.

El otro punto «a favor» es que, al menos durante una media hora de sus casi intolerables dos, nadie habla y el problemático Ratner –sus asuntos personales requerirían otra nota– solo filma el detrás de escena de las distintas ceremonias ligadas a la asunción del actual presidente. Allí la cámara capta imágenes impensadas y quizás no calculadas, y hasta la voz de un periodista que de lejos le pregunta: «¿Sobrevivirán los Estados Unidos al próximo presidente?«. No hay respuesta. Ahí hay un editor que sabe, en un punto, que lo que está contando es absurdo. Y que quizás lo que estamos viendo sean los últimos vestigios de una civilización en decadencia.