Estrenos online: crítica de «Mike & Nick & Nick & Alice», de BenDavid Grabinski (Disney+)

Estrenos online: crítica de «Mike & Nick & Nick & Alice», de BenDavid Grabinski (Disney+)

Un asesino enfrenta a un doble del futuro, traiciones y culpas mientras intenta sobrevivir una noche fatal y corregir errores. Con Vince Vaughn, James Marsden y Eiza González. En Disney+, desde el 27 de marzo.

Hace exactamente treinta años Vince Vaughn se hacía famoso gracias a una película llamada Swingers, de Doug Liman, primer guión del entonces desconocido Jon Favreau. Aquel era un film inscripto en la lógica, la estética y, sobre todo, el espíritu de su época. Hablamos de los tiempos de comedias hipsters, derivadas del universo configurado por Quentin Tarantino en sus primeras dos películas, con algún toque policial, diálogos chispeantes y rebuscados, muchas referencias a la cultura pop, incontables personajes masculinos y una mezcla de géneros que se terminaba empastando en algo tan indefinible como reconocible. El cine indie de los ’90 se alimentaba de películas así.

Tres décadas más tarde uno creería que ya no hay forma de reinventar ese subgénero o darle una nueva vida. Pero, sorpresivamente, Mike & Nick & Nick & Alice prueba que quizás todavía se le pueda encontrar un pulso a ese estilo que hoy parece entre caduco y demodé. Esta comedia negra y noir, que es a la vez un film de acción, uno de ciencia ficción y un drama policial, intenta evocar aquellos ’90 no desde el retro sino recuperando su estructura y su tono como si el tiempo no hubiese pasado desde entonces. El segundo largometraje de BenDavid Grabinski tiene todo lo citado antes: gangsters, triángulos amorosos, diálogos ingeniosos, constantes referencias a la cultura pop, absurdas escenas de acción y hasta viajes en el tiempo. Solo enumerar todo eso parece una receta para el desastre. Pero no lo es. Al contrario, por lo general funciona muy bien.

Todo empieza con un tal Symon (Ben Schwartz) trabajando en algún tipo de proyecto tecnológico mientras canta a voz en cuello esta canción de Billy Joel en la primera de las muchas referencias y citas que tendrá la película. Poco después la música se interrumpe por una explosión en una máquina de la que sale un hombre y le dispara a quemarropa. La película de allí nos llevará al medio de un evento en el que un grupo de gangsters liderado por un hombre llamado Sosa (el legendario Keith David) celebra la salida de su hijo, Jimmy Boy (Jimmy Tatro), de la cárcel. Allí aparecerá nuestro trío protagónico, metido en un lío personal que involucra a todos los demás.

James Marsden encarna a «Quick Draw» Mike, un matón de esa banda que está pensando en retirarse del mundo del crimen. Vaughn es Nick, mano derecha de Sosa y casado con Alice (Eiza González). La chica tiene una complicada relación con su marido y está teniendo un secreto affaire con Mike, que es muy amigo de Nick. En un momento, Nick le pide a Mike que lo acompañe a hacer «un trabajito»: inutilizar a alguien. El se rehúsa –ya no quiere seguir haciendo ese tipo de cosas–, pero Nick lo convence de que al menos lo deje inconsciente con cloroformo y que él se encargará del resto. Mike acepta pero lo que no se espera es que el hombre al que tiene que atrapar es al mismísimo Mike. En realidad, a otro que es igual a su amigo. ¿Qué está pasando? ¿Tiene un mellizo?

En realidad, es más complejo. Dijimos de entrada que estamos ante una película de ciencia ficción. Y tras una caótica secuencia en la que Mike no logra cumplir con su tarea, Nick le explicará qué es lo que está sucediendo. En realidad él es una versión de sí mismo que viene del futuro –gracias a una máquina del tiempo creada por Symon– y que quiere evitar que maten a Mike, algo que sucederá esa misma noche. Es que Sosa cree que Mike fue el «soplón» que puso a su hijo en la cárcel y ha contratado un asesino para liquidarlo. Como la primera vez lo mataron –y de un modo muy desagradable–, ahora Nick quiere volver sobre sus pasos para tratar de arreglar ese asunto. Pero ese es apenas el comienzo de un recorrido lleno de sorpresas, trampas y giros en el que participan no tres sino cuatro personas, ya que el Nick del futuro tendrá con lidiar con el Nick del presente, que no entiende nada de lo que está sucediendo ni porqué quieren sacárselo de encima.

La trama es enredada pero el guión del propio Grabinski es bastante efectivo y, salvo en algunos pocos momentos, todo es bastante claro. Lo que diferencia a Mike & Nick & Nick & Alice de otras comedias cool sobre mafiosos que citan canciones, series y películas es el peso dramático que le imprime a la trama. El sistema de viaje en el tiempo se usa más que nada como un modo de darle a Nick una segunda oportunidad en su vida, una que le permita corregir errores cometidos en el pasado y rectificar actitudes que pudieron haber sido egoístas y hasta crueles. Y en tanto y en cuanto el film se ocupe de ese inquietante conflicto personal, el resto de las humoradas, las ridículas escenas de acción y los personajes excéntricos (en un momento aparece Dolph Lundgren) tendrán sentido y no serán gestos gratuitos de un guionista enamorado de su propia voz.

Por momentos cae en esos vicios –lo hace, lamentablemente, sobre el final, cuando la historia merecía un cierre más dramático–, pero por lo general logra salir airoso del desafío de reintentar recuperar un subgénero que parecía terminado hace varios años. Hay un exceso de repetitivas escenas de acción y la musicalización de a ratos es abrumadora, pero la película tiene un latido vital por debajo de toda esa parafernalia simbólica y formal que la mantiene a flote. El «Nick del futuro» sabe lo que hizo el «Nick del pasado» y supo entender, con el paso del tiempo, que no actuó como debía haberlo hecho. Y sus esfuerzos por reparar errores llega a dar momentos emocionantes, inusuales en este tipo de películas habitualmente narradas con el ojo un tanto guiñado al espectador.

Mike & Nick & Nick & Alice es ingeniosa, veloz, tiene escenas de acción bien coreografiadas y por momentos es muy graciosa, pero sin el fuerte conflicto dramático que la sostiene no sería mucho más que un gesto hipster de intentar hacer renacer un subgénero en decadencia. Es la vibración humana que le dan los actores lo que transforma un montón de palabras escritas en un papel en algo capaz de hacernos emocionar. Solo basta ver el uso de una canción de Oasis en una escena clave. Lo que podría ser una referencia irónica para alivianar una situación dramática se transforma en un momento que, como todo el film, sorprende por lo conmovedor.