
Series: crítica de «El señuelo» («Bait»), de Riz Ahmed (Prime Video)
Shah Latif tiene el papel de su vida al alcance de las manos: Bond, James Bond. Pero para conseguirlo se meterá en problemas con su familia, su ex pareja, su comunidad y hasta con él mismo.
La idea, el punto de partida y hasta el primer episodio de Bait hacen imaginar una serie extraordinaria, de esas que tienen mucho para decir acerca de la cultura del espectáculo y su relación con el mundo real a través de las peripecias de un actor. Lamentablemente, a lo largo de sus cinco episodios siguientes la serie va perdiendo fuerza, originalidad y gracia. Y si bien mantiene los ejes temáticos antes planteados y no pierde del todo su interés, ya no tiene el impacto, la potencia ni el humor de su muy potente arranque.
Creada y protagonizada por el actor Riz Ahmed, Bait lo tiene a él mismo interpretando el personaje principal, un actor inglés de origen pakistaní llamado Shah Latif que no ha tenido mucha suerte en su carrera. Cuando la serie empieza todo está a punto de cambiar, ya que Shah es uno de los candidatos para encarnar la nueva versión de James Bond y está haciendo una escena en la sesión de casting. Con el traje, la mirada y el tono seductor de 007, parece ideal para el papel hasta que se traba y se olvida una línea de diálogo clave. No se trata de un fracaso absoluto pero sí queda en suspenso, a la espera de un nuevo llamado.

El conflicto en realidad comienza cuando el propio Shah decide, aún cuando querían sacarlo del estudio por la puerta de atrás, salir por la puerta principal y enfrentar a un fotógrafo que lo captura saliendo de allí. Pronto sucede lo previsible: la foto está publicada en medios y redes como un posible nuevo Bond. Y él, por más que la posibilidad sea lejana, empieza a vivir ese sueño. El problema es que en esta época de redes sociales y opiniones online, su elección como el nuevo Bond prueba ser controversial. Especialmente porque hay mucho racista dando vueltas que no acepta que el agente no sea blanco. Y ese racismo es algo que ha perseguido a Shah a lo largo de toda su vida.
Este disparador llevará a Shah a vivir una serie de aventuras y problemas personales y familiares ligados a su ambición por llegar a ser Bond y a las dificultades con las que se topa con su familia, amigos y su ex pareja. El problema principal pasa por que Shah parece entender que para ser aceptado tiene que «disimular» su etnicidad y tratar de ser aceptado como un ciudadano más tradicional. Y eso lo llevará a incontables peleas en una situación que va pasando de lo cómico a lo dramático, de lo ligero a lo serio y de los comentarios sobre el mundo del espectáculo (muchos se lo confunden con Dev Patel) a algo parecido a una serie de acción con muchos elementos oníricos en juego.
Es, más que cualquier otra cosa, un retrato de un hombre en conflicto consigo mismo, con su historia, su etnicidad, su religión, su mundo y su colorida familia musulmana –padre, madre, hermana, parientes e incontables tradiciones– que, siente él, lo limita y ahoga. La serie presenta sus temas muy de entrada y ya para el tercer episodio empieza a girar en falso, agregando juegos con los géneros (del cine de Bollywood a la película de acción, del relato de terror a la comedia), situaciones cada vez más pasadas de rosca y una extravagante relación que Shah tiene con la cabeza de un chancho que le tiran en su casa y que él imagina como una consejera… con la voz de Patrick Stewart.

Bait no pierde el eje nunca y se ofrece como una mirada crítica sobre este tipo de tentaciones que funcionan como carnadas o señuelos y que hacen perder a la gente muchas veces el rumbo, el «norte» y su conexión con las comunidades a las que pertenecen. Shah era un tipo querido y respetado por su familia y amigos –más allá de las bromas–, pero su obsesión por ser Bond lo lleva, básicamente, a tirar por la borda todo ese respeto ya que cree que solo alejándose de los suyos podrá lograrlo.
Tomando en cuenta que es una serie de Amazon/MGM –que son los dueños de los derechos de Bond– era obvio que no iba a ser una show muy crítico de esa franquicia. De hecho, la conexión con 007 funciona como disparador narrativo y no mucho más, ya que es limitado su peso a lo largo de los seis episodios en los que se extiende. Hay, a lo sumo, una mirada irónica sobre la seguridad y la confianza en sí mismo que desprende ese personaje y la forma más temerosa, insegura y narcisista con la que funciona Shah. Entender esas diferencias y potenciales similitudes es parte del viaje del protagonista.
Entretenida –sus seis episodios de 20/25 minutos duran lo mismo que una película más o menos larga–, por momentos muy graciosa y con una gran actuación de Ahmed, su primo Zulfi (Guz Khan), sus padres, su hermana, su agente y su ex novia (Ritu Arya), El señuelo tiene a favor la manera palpable y naturalista con la que se acerca a la Londres contemporánea. Finalizando el simpático cuarto episodio, sin embargo, empieza a perder esa conexión con la realidad, a enrollarse en una cadena de eventos desafortunados para llegar al final de un modo un tanto previsible. ¿Quién sabe? Aún, pese a todo lo que se muestra acá, Ahmed bien podría terminar haciendo de Bond. ¿O era Dev Patel?



