
Series: crítica de «Margo tiene problemas de dinero» («Margo’s Got Money Troubles»), de David E. Kelley (Apple TV)
Una estudiante sin dinero queda embarazada y, ya madre soltera, recurre a OnlyFans mientras enfrenta el caos familiar, la supervivencia y afectos inesperados. Con Elle Fanning, Michelle Pfeiffer, Nick Offerman y Nicole Kidman. En Apple TV desde el 15 de abril.
En los papeles, suena como una propuesta arriesgada. Y apenas uno la empieza a ver tiene la sensación de que le será muy difícil a Margo’s Got Money Troubles sostener ese tono curioso, excéntrico y peculiar con el que se presenta de entrada. ¿Será una serie para que su elenco demuestre sus habilidades para transformarse en personajes muy distintos a los que suelen hacer habitualmente? ¿Una de esas historias llenas de personajes un poco absurdos y otro poco raros pero finalmente tiernos con los que uno se encariña? ¿Uno de esos universos que parecen salidos de una película que gana premios en Sundance con su amable extravagancia y su catálogo de caprichos?
Lo raro de la serie es que, aún siendo un poco todo eso, funciona. O al menos a mí logró convencerme gracias a su espíritu amable, sincero y, fundamentalmente, lleno de empatía hacia el mundo que retrata. Tenemos una mujer en sus sesentas –ex camarera de Hooters– que se viste y maquilla como si tuviera veinte años menos, una hija que queda embarazada sorpresivamente y termina con una exitosa cuenta de OnlyFans para poder alimentar a su bebé, una amiga que se dedica con toda la furia al cosplay, un par de ex luchadores profesionales y un hombre religioso que no bebe, no blasfema y, en apariencia, quiere llegar virgen al matrimonio aunque esté más cerca de la tercera edad que de otra cosa. Con ese cóctel de personajes excéntricos, Margo tiene problemas de dinero podría haber sido un literal cambalache. Que no lo sea –no solo eso, sino que logre ser conmovedora– habla muy bien de quienes la sacaron adelante.
Por allí está el veterano Kelley, una leyenda de la TV cuyas series (Ally McBeal, The Practice, Big Little Lies y muchas otras) lo tienen en el podio de la industria desde los ’90; una novela que se adhiere a ese formato entre colorido y simpático y, sobre todo, un elenco impecable que empieza por una muy lanzada Elle Fanning pero, sobre todo, por unos inicialmente irreconocibles Michelle Pfeiffer (esposa de Kelley en la vida real y la primera vez que trabaja con él), Nick Offerman, Gregg Kinnear y, en un rol que ganará peso sobre el final, la atareadísima Nicole Kidman. El combo que arman actores, guiones y directores logra llevar a buen puerto a una serie que tenía todas las posibilidades de perderse en su propio parque de atracciones, en sus circenses excentricidades y en todo aquello que cae simpático de entrada pero a la media hora ya indigesta. No es una serie perfecta ni mucho menos –pisa algunas de las muchas piedras que se pone en el camino–, pero proyecta un cariño por las familias rotas y reensambladas, y por los perdedores que le buscan la vuelta a la vida, que puede convencer hasta el más cínico de los espectadores.

Quizás no a todos convenza, es cierto, porque es seguro que a más de uno la mezcla de excesos que presenta de entrada (de actuación, de vestuario, de circunstancias, de tono) le resultará indigesta. A ellos no hay nada que pueda decirles acá que sirva. De todos modos, los entiendo: yo podría haber sido uno de ustedes. Es que Margo tiene… es la clase de serie que invita a amores y odios, con sus personajes que bordean el «white trash» de los que parece fácil un poco reírse, con sus actuaciones exaltadas y su universo creado como un mash-up de lo más ampuloso de cierta cultura norteamericana. Pero el afecto desplegado a través de sus episodios –el amor que circula entre sus personajes– trasciende todo eso, inclusive buena parte de los clichés del género.
Fanning encarna a la Margo del título, una estudiante del Fullerton College, en los suburbios de Los Angeles, que no tiene mejor idea que entablar una relación con Mark (Michael Angarano), su profesor de Literatura que la llena de elogios y la conquista. Pfeiffer interpreta a su madre, Shyanne, ex camarera de Hooters que se sigue vistiendo como si trabajara en ese local aunque ahora es vendedora en Bloomingdale’s. Intensa y llamativa, adora a su hija pero también tiene fuertes peleas con ella, en especial cuando Margo queda embarazada y decide tener al bebé. Shyanne sabe lo que eso significará para su futuro: ella pasó por lo mismo. El padre, al que apodan Jinx (Offerman), es un ex luchador y adicto a los opiáceos que no está muy presente en la vida de su hija. Y al combo se le suma Kenny (Kinnear), un tipo religioso y muy «cuadrado» que, de algún modo, enamoró a Shyanne, con la que planea casarse.
La llegada del bebé Bodhi trastoca las vidas de todos, empezando por Margo, que vive con tres roommates, dos de las cuales no se llevan muy bien con el constante ajetreo y caos que genera el recién nacido y se van. Le queda Susie (Thaddea Graham), su amiga cosplayer, su padre que regresa tras salir de una larga rehabilitación y su madre, que sigue sin enganchar del todo con el niño y con la decisión de su hijo de tenerlo. Sin dinero para pagar sus crecientes gastos, Margo descubre que puede ganar bastante abriendo una página en OnlyFans, creando un personaje fantástico (#TheHungryGhost) y mostrándose en poses eróticas «pero artísticas» por unas propinas. Margo, que es escritora, lo tomará además como un espacio creativo, pero no todos estarán de acuerdo con su elección. Y las cosas se complicarán un poco a partir de ahí.

La serie, basada en la novela de Rufi Thorpe, utiliza estos personajes «coloridos» sin guardarse nada. Hay que ver, sino, el maquillaje y los atuendos que calza Pfeiffer, o los disfraces sci-fi que Susie hace para Margo. Offerman puede hablar poco y mostrarse un tanto opaco, pero su barba y su mirada hablan por sí mismas. Y lo mismo sucederá cuando aparezca Kidman, otra ex luchadora ahora convertida en abogada. O un par de rimbombantes estrellas de OnlyFans (la rapera Rico Nasty y Lindsey Normington) que se conectan con Margo y tratan de ayudarla con sus problemas. De todos modos, por debajo de ese circo, la serie late, tiene vida, hace reír, emociona y encuentra la manera de no perder de vista el costado humano y conectado con el mundo real de sus personajes. En ese y otros sentidos hace recordar al cine de Sean Baker, tanto The Florida Project y Anora como los universos de sus películas anteriores.
No hay patetismo ni mucho menos burla en Margo’s Got Money Troubles. Más bien lo contrario: hasta las actitudes más crueles o problemáticas de sus personajes son vistas con cariño y comprensión, entendiendo que sus vidas y personalidades son demasiado complejas como para poder hacer siempre «lo correcto». Tanto Margo como sus padres no paran de cometer errores o tener actitudes «reprobables», pero queda claro siempre el lugar amoroso desde el que parten. Lamentablemente, Kelley y equipo no le otorgan ese mismo derecho a los antagonistas, que serán presentados de un modo un tanto más unidimensional y al borde del estereotipo. Pese a ese inconveniente –y a una acumulación excesiva de problemas que caen todos juntos en el mismo e intenso episodio en el que los guionistas recordaron poner todos los conflictos en fila–, la serie igualmente logra salir adelante a fuerza de cariño y ternura.
La serie presenta además una mirada positiva de la pornografía o como sea que se define lo que Margo y sus colegas hacen en sus páginas de OnlyFans. Si bien casi todos se le vendrán en contra cuando sepan que una madre hace «esas cosas» delante de su bebé, Margo y la serie llevarán esa elección con dignidad. Al principio, por necesidad, ya que nadie le da trabajo a una madre soltera. Y más adelante, encontrando en ese personaje online un espacio para la creatividad que la chica tenía contenida, o al menos muy limitada, a partir de las decisiones de vida que tomó. La novela y la serie no juzgan y mucho menos condenan. Al contrario. Lo que hacen es celebrar la resiliencia de una mujer que solo puede apoyarse en sí misma y en esa extravagante familia ensamblada que, pese a todos los inconvenientes, jamás le soltará la mano.



