
Series: crítica de «Rooster», de Bill Lawrence y Matt Tarses (HBO Max)
Un escritor y su hija docente conviven en la misma universidad cuando él viaja a visitarla y termina tomando un trabajo como profesor allí. Con Steve Carell, Danielle Deadwyler, Chaly Clive y Phil Dunster. Desde el domingo 8 de marzo por HBO Max.
La carta principal de la renovación del bloque de comedias de HBO –o, al menos, ese era el plan antes de que Warner se vendiera a Paramount, si es que eso termina sucediendo–, Rooster es una clásica comedia universitaria, de esas en las que profesores, alumnos, padres y autoridades se mezclan para lidiar con una serie de problemas. Algunos son personales –todos ellos los tienen– y otros tienen que ver con la tarea en el lugar de estudios, uno que cada vez está más cargado de presiones, confusiones y controversias de todo tipo.
Pero la serie protagonizada por Steve Carell no tiene entre sus objetivos ser un retrato realista de la vida en un college estadounidense y, cuando entran este tipo de situaciones ligadas a la corrección política (denuncias, sospechas, malos entendidos, confusiones), son por lo general jugadas a modo de inocentes gags. El eje de la serie pasa por otro lado: Rooster es una comedia familiar que se ocupa de lo que pasa cuando un padre y su hija comparten la vida cotidiana en una universidad.
No se trata de un padre obsesivo que quiere controlar a su hija alumna ni nada parecido –o, al menos, no es eso lo que parece– sino que ambos están «del otro lado del mostrador» en este asunto. Carell encarna a Greg Russo, un escritor (inspirado en Carl Hiaasen) que va a la ficticia Universidad de Ludlow a dar una charla. Un tipo timorato e inseguro, Russo no es un autor premiado ni valorado por la Academia sino un autor de novelas populares, muchas de ellas protagonizadas por un detective privado llamado «Rooster», que es como una versión de él mismo pero sin sus muchas inseguridades.

En la universidad da clases su hija, Katie (Charly Clive), que se ha separado de su marido, el también profesor Archie (Phil Dunster) tras descubrir que lo engañaba con una alumna llamada Sunny (Lauren Tsai). Katie la está pasando mal y se mete en problemas con su ex, lo cual lleva a que el peculiar jefe del departamento (un muy gracioso John C. McGinley) esté pensando en echarla. Pero el hombre, que es un fan de los libros de Greg, le hace una propuesta que él no podrá rechazar: si él viene a quedarse como profesor invitado un semestre, su hija conservará su puesto.
Es así que ambos convivirán en la universidad, en la que también tienen roles importantes otra profesora llamada Dylan (Danielle Deadwyler), un decano (Alan Ruck, de Succession), la ex de Greg (Connie Britton), una secretaria (Annie Mumolo) y un grupo de alumnos de Greg que terminan conectando con él de una manera que quizás no sea del todo académica. En el medio, problemas, peleas, sexo, equivocaciones, citas y todos los ingredientes de una comedia que nunca se toma muy en serio a sí misma y que pone más fichas en el humor que en tratar de llegar, al menos hasta ahora, a algo más profundo con sus protagonistas.
Es una primera temporada que se presenta como el inicio de una historia que promete ser larga. Co-creada por el autor de Ted Lasso, se trata de uno de esos shows en los que hombres de mediana edad se ven enfrentados a tener que resolver algunos de esos conflictos que patean para adelante mientras el mundo que los rodea no hace más que complicarles la vida. En ambos casos son series por momentos muy graciosas y en todos los casos bastante amables con sus personajes, aún con los más absurdos. En ningún caso proponen alterar un formato ya conocido, pero utilizan de modo experto las reglas de este tipo de sitcom moderno en el que el humor se mezcla con la emoción y con cierto contenido dramático.

Rooster apuesta muy pocas veces a cruzar esa frontera. A diferencia de Ted Lasso o Shrinking –también co-creada por Lawrence–, el humor aquí se sostiene aún en las situaciones que se presentan dramáticas, como serios problemas de pareja, prender fuego a una casa o malos entendidos con alumnos que pueden terminar en un despido o una «cancelación». La filosofía de la serie parece ser la de apostar siempre por el humor, aún arriesgándose a pasarse de rosca con una serie de bromas físicas (caídas, situaciones cringe y golpes de todo tipo) que por momentos pueden llegar a ser un tanto banales.
Pero esa apuesta por la levedad ante todo no molesta. Rooster prefiere ver el mejor lado de cada uno de sus protagonistas y, aún con sus desniveles, presenta un mundo universitario en el que se puede sobrevivir y que no es, necesariamente, un constante campo de batalla político. Es cierto que eso puede transformar a la serie en algo un poco naive y fuera de su época pero, en estos tiempos ásperos y complicados, una media hora de ligereza y amabilidad por semana es más que bienvenida.



