Series: reseña de «Banksters», de Bernd Lange (HBO Max)

Series: reseña de «Banksters», de Bernd Lange (HBO Max)

Berlín, 2004. Yusuf es arrestado durante un partido de fútbol, acusado de varios robos a bancos. Callar implica ir a prisión; hablar, traicionar. Pero ¿quién lo traicionó primero y por qué?

Con la expansión de HBO Max hacia Europa van apareciendo nuevas series originales hechas en ese continente para la plataforma. No es casual que tanto Banksters, en Alemania, o Portobello, en Italia, se hayan estrenado casi en consonancia con el debut oficial de la plataforma en esos países. Y si bien es imposible saber cómo seguirá funcionando el estudio tras su aparente adquisición por Paramount, es una muestra del carácter cada vez más internacional del formato. A diferencia de Portobello, cuya localía e italianidad se siente en cada plano, Banksters es una serie mucho más «universal». Esto es: podría transcurrir en decenas de países occidentales tan solo con algunas diferencias.

Creada por Bernd Lange (4 Blocks: Zero), la serie parte de una premisa interesante basada en un hecho real, pero muy pronto cae víctima de las fórmulas más convencionales del formato: una edición acelerada en formato clipero, diálogos funcionales que repiten la acción, personajes trazados con muy poca profundidad (salvo el protagonista) y un tipo de narración entre anodina y funcional, cuyo único interés parece pasar por evitar cualquier mínima distracción o potencial aburrimiento del espectador. Entretenida, al menos por un rato, es. Pero llega un punto que ni con eso alcanza.

El primer episodio, pese a los clichés formales, es promisorio, más que nada por el mundo en el que se inserta. Narrada en dos tiempos, Banksters transcurre entre 2002 y 2004, y tiene como principal protagonista a Yusuf Arslan (Eren M. Güvercin), un joven alemán de 18 años de ascendencia turca que es detenido mientras juega un partido de fútbol con su equipo. Como ya vimos antes –todas estas series arrancan con una serie de clips a modo de adelanto de la trama como para que el espectador no tenga que ver de entrada, horror, una escena entera–, Yusuf se dedica con un grupo de gente a robar bancos. Y al chico lo detienen por eso.

De ahí en adelante la serie se dividirá en el tiempo presente (2004) en el que Yusuf, estando detenido, tiene que encontrar la forma para evitar ser condenado pese a tener un sabueso policial algo racista obsesionado con detenerlo. A la par, su hermana mayor hará sus movidas para lograr que sus socios en los robos se presenten en la comisaria, asuman su parte en el asunto y devuelvan lo robado –si es que conservan el dinero– de los seis bancos que asaltaron. Hay un misterio que rodea la detención: la policía recibió una carta anónima diciendo que Yusuf era el culpable pero nadie sabe quién la envió. Y él no quiere delatar a ninguno de ellos.

Más interesante es lo que pasa en el pasado, que se va contando a modo de flashbacks. Pronto nos queda claro que el chico, un alumno modelo de altísimas notas, fue viendo cómo su padre –un trabajador de la construcción, interpretado por Numan Acar– se endeudaba y no conseguía dinero para cubrir sus gastos en bancos que le cobraban intereses de usura, lo cual le traía problemas con su esposa (Britta Hammelstein). Y Yusuf tomará como algo personal ayudarlo. Para eso conseguirá trabajo en un banco importante de Berlín y empezará a conectarse con empleados de otras sucursales con los que cometerá pequeñas estafas con tarjetas de crédito o falsificando documentos. De a poco –y gracias a conocer los manejos internos de la institución– terminarán robando al propio banco en el que todos trabajan.

La historia de Yusuf, su inicial contacto con el grupo y los problemas familiares generados por las deudas son lo mejor y más interesante de la serie, poniendo a la trama en el contexto de la crueldad de un sistema bancario con los ciudadanos de a pie y de bajos ingresos. «Es con ellos que hacemos más dinero», le dirá a Yusuf un gerente del banco dándole a entender que su trabajo consiste más que nada en atraer a inmigrantes para que abran cuentas, de alguna manera justificando en la cabeza del chico los atracos que irá a cometer.

La serie empieza a perder interés cuando se ocupa de las historias de los otros miembros del grupo, que son entre caprichosas e irrelevantes. Está el nerd Steven (Michelangelo Fortuzzi) que vive con su madre, deprimida tras la muerte de su marido; el pedante Malte (Merlin von Garnier), cuyo padre es un millonario que trabajo también en bancos; y la muy organizada Melanie (Maria Dragus), también una chica de vida acomodada y casada pero que necesita algo de excitement en su día a día. Ninguno de ellos le agrega mucho a la historia. De hecho, tanto la hermana de Yusuf (Anna Bardavelidze) como su pequeño hermano (Momo Ramadan) son más interesantes que la anodina banda de socios del chico.

El drama social que involucra, además, el racismo policial de a poco va perdiendo peso y Banksters se entrega a la fórmula y a la repetición de hechos cada vez más absurdos y poco creíbles, de esos que hacen pensar que hay muchas diferencias entre lo que se cuenta acá y la historia real en la que supuestamente se basa. Por fuera de la problemática de Yusuf –que siempre parece estar un paso adelante y ser más inteligente que el resto–, todo lo demás es muy básico. Y la puesta en escena desprovista de personalidad no ayuda demasiado. La serie es medianamente entretenida y pasa bastante rápido, pero se olvida a los cinco minutos.