Series: reseña de «Dear Killer Nannies: Criado por sicarios», de Sebastián Ortega (Disney+)

Series: reseña de «Dear Killer Nannies: Criado por sicarios», de Sebastián Ortega (Disney+)

La serie narra la niñez y adolescencia de Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo Escobar. Inspirada en sus propios relatos, muestra cómo fue crecer en un entorno marcado por el crimen, los lujos y la violencia.

El mundo del narcotráfico pasa por el costado pero se inmiscuye, poco a poco, en la vida de Juan Pablo Escobar, el hijo mayor de Pablo Escobar y el protagonista principal de esta historia que se ocupa de su infancia y adolescencia, la primera durante la época de poder y «reinado» de su padre, y la segunda ya en su decadencia y tras su muerte. La serie –con un alto componente argentino ya que su showrunner es Sebastián Ortega y el experimentado cineasta Pablo Fendrik dirige los dos primeros episodios– va pasando de apuntes más o menos cómicos ligados a las situaciones que experimenta Juan Pablo junto a quienes supuestamente cuidan de él a otros más serios y graves que aparecen cuando el mundo que rodea a su padre entra en la vida un tanto más protegida del pequeño.

Pese a que su título da la impresión de ser el de una película de terror, en realidad Dear Killer Nannies se acerca a lo terrorífico desde lo real. En síntesis, se podría decir que es un retrato autobiográfico de Juan Pablo que se apoya en la relación que el pequeño tenía con un grupo de una media docena de personajes que su padre puso para cuidarlos. Pero estas «niñeras» eran en realidad violentos sicarios que funcionaban, al menos formalmente, a las órdenes de este pequeño niño que operaba como su patrón. Durante las escenas que transcurren en su infancia, Juan Pablo (encarnado por Miguel Tamayo y Miguel Ángel García de niño, y por Janer Villareal en su adolescencia) quizás no termine de entenderlo bien, pero es claro para cualquier espectador que los hombres y la mujer que lo protegen son, a la vez, unos tipos violentos y despiadados aunque muy cuidadosos del «hijo del patrón» y solícitos a sus reclamos.

Las anécdotas de la infancia se van intercalando con escenas que transcurren ya en los ’90, cuando Juan Pablo es adolescente y la situación de la familia es más complicada ya que su padre empieza entrar en una espiral de violencia que lo va llevando hacia su final. Aquí el pequeño tiene un rol más protagónico en los asuntos familiares ya que, junto a su madre y hermana, tiene que lidiar con la caída de ese imperio narco y la posibilidad de un escape de Colombia ante las amenazas, las deudas y los peligros. En el medio siempre está la potencial traición y los enemigos inesperados. Y también hay lugar para el humor, las salidas o las situaciones adultas –escenas de sexo, de drogas, de crímenes– que el muy pequeño niño tiene que vivenciar sin entenderlas del todo bien.

John Leguizamo encarna a Pablo Escobar, pero el narco es un personaje relativamente secundario en Dear Killer Nannies, que transcurre por lo general en su finca pero en la que pocas veces el hombre aparece, al menos en el universo en el que están y se mueven sus hijos y hasta su mujer. Otro elemento externo a la serie es la voz en off, interpretada por el verdadero Juan Pablo Escobar, que va contextualizando los hechos y explicando su subjetivo punto de vista ante cada situación. Los guionistas toman el riesgo de mezclar constantemente escenas de la infancia y de la adolescencia del pequeño, yendo más seguido de lo recomendable de los ’80 a los ’90 y creando un timeline que si bien no llega a ser confuso hace que por momentos la trama pierda su empuje y su ritmo.

Lo que Ortega y equipo consiguen es darle a la serie mucha frescura, naturalidad y un tono realista y cotidiano que pocas series latinoamericanas sobre el mundo narco tienen. Hay algo de la serie que la acerca al mundo de Martin Scorsese que, en sus films sobre gangsters, muchas veces se ocupa de los estratos más bajos, de las minucias, la cotidianeidad y, sobre todo, la camaradería –no exenta de inconvenientes– de estos curiosos nannies encargados de cuidar del heredero del entonces más poderoso narcotraficante del mundo.

Cualquiera que conozca algo del lore del mundo narco sabe que una de las violentas tradiciones de ese universo implica que, por lo general, los rivales de los capos ponen siempre en la mira a sus hijos (especialmente al hijo mayor y varón) con la intención de cortar de cuajo cadenas de venganzas y represalias que pueden volverse infinitas. Y ese ciclo, que aparece también aquí –y que se agiganta a partir de algunos desafortunados comentarios del propio Juan Pablo en su adolescencia– es el que los herederos de Escobar intentaron cortar. Y acá, en esta curiosa y entretenida serie, logran contarlo en primera persona.

Dear Killer Nannies incluye varias escenas más cercanas a una serie clásica sobre narcos ya que la vida profesional de su padre no tarda en cruzarse con la de su hijo, sea por situaciones casuales y específicas o por momentos en los que sus rivales van directamente por la cabeza de Pablo y hasta la de los miembros de su familia. Pero el punto de vista nunca deja de ser la del niño y adolescente, lo que lleva a que la serie ofrezca una mirada ligeramente distinta a lo convencional. En medio de todo eso, sí, hay una trama con engaños, traidores, muertes violentas, pero una teñida de la sensación, la necesidad y el deseo de los sobrevivientes de poder cortar con esa larga cadena de muertes.