
Series: reseña de «Scarpetta: Médico Forense» («Scarpetta»), de Liz Sarnoff (Prime Video)
Nicole Kidman interpreta a la forense Kay Scarpetta en una extraña serie policial donde asesinatos, caos familiar y giros tonales insólitos conviven entre sí. En Prime Video.
La carrera de Nicole Kidman es bastante curiosa, por no decir extraña. A lo largo de muchos años, la actrz se ganó un lugar como una suerte de diva entre elegante y gélida del cine, una intérprete que se especializó en films premiados, prestigiosos y que precisaban de una figura del glamour y el supuesto refinamiento que la australiana podría darles. Así, películas como Retrato de una dama (1996), Ojos bien cerrados (1999), Moulin Rouge! (2001), Las horas (2002), Dogville (2003), Birth (2004) y muchísimas otras se beneficiaron con la presencia de una actriz que podía combinar emoción con distancia, empatía con frialdad y belleza mezclada con un aire misterioso.
En un momento de su carrera Kidman decidió –algo bastante lógico en función del mercado actual y el tipo de roles que existen en uno y otro formato– dedicarse más que nada a las series de televisión y/o streaming. Pero allí, en lugar de mantener el mismo tono que en el cine y ocuparse del segmento más prestigioso y premiable de las plataformas, optó más que nada por productos más comerciales, tradicionales, historias policiales un tanto pulp de las que había hecho pocas en cine. Así, se la vio en series como Big Little Lies, Nine Perfect Strangers y Lioness, entre otras, series que –salvo la primera, por la que ganó un Emmy y que fue popular aunque lejos está de ser considerada un clásico– no han sido particularmente memorables. Es como si en las plataformas pudiera dar rienda suelta a un costado más, si se quiere, accesible y popular.
Scarpetta sigue por ese mismo camino. Adaptada de la saga de –hasta hoy, 29– novelas de Patricia Cornwell centradas en el personaje de la jefa de medicina forense Kay Scarpetta, la serie se presenta como el puntapié inicial al que podría ser un personaje que la actriz encarnará por muchos años. Creada por Liz Sarnoff y con David Gordon Green como director de varios de sus episodios, la temporada apuesta a un formato similar al antes mencionado, más cercano a la TV abierta de décadas pasadas que al formato más «prestigioso» que creció en las últimas décadas. Su presencia, en ese sentido, es engañosa, lo mismo que la del resto del elenco (Jamie Lee Curtis, Bobby Cannavale, Ariana DeBose, Simon Baker), ya que la serie está más en conexión con el costado «lectura de playa» de las novelas que con cualquier otra cosa.

De todos modos, Scarpetta es una serie rara, un tanto inusual. En todo lo ligado a los casos que la médica investiga con la ayuda, entre otros, del ex detective de policía Pete Marino (Cannavale), la serie funciona de un modo relativamente tradicional, mostrando cómo la doctora se va involucrando en descubrir las conexiones entre el asesino de una mujer que aparece mutilada y un caso por el que Kay se hizo famosa y que tuvo lugar 28 años atrás. Esta conexión entre tiempos le permite a Sarnoff plantar la mitad de la serie a fines de los años ’90, mostrando a Scarpetta (interpretada en esa parte por Rosy McEwen) y al resto de los personajes mucho más jóvenes. De ese modo logra hacer funcionar a esa conexión como «historia del origen» de todos ellos de un modo que es integral a la trama policial.
La serie se enrarece en todo lo relacionado a su historia personal y familiar, que se conecta con lo laboral tanto por la presencia de Marino –que es su cuñado– como de su marido Benton Wesley (Baker), un agente del FBI que lidia a veces con sus casos. El hilo conector más fuerte con este mundo es Dorothy (Curtis), su hermana mayor, una mujer intensa y algo desaforada con la que tiene una larga historia de tensiones y malos entendidos. Dorothy tiene una hija, Lucy (DeBose), que quedó viuda y es una experta en computadoras que ayuda a su tía Kay en su trabajo. Cada escena familiar de los «Scarpetta» parece salida de una comedia italo-americana en la que la pobre Kay no sabe bien cómo lidiar con esos familiares gritones y demandantes que la rodean.
Una aclaración importante: los Scarpetta son de origen italiano, se la pasan cocinando pastas, bebiendo espresso y hablando a voz en cuello por cualquier cosa. Pero, a diferencia de los libros, Kay parece estar bastante afuera de ese mundo. No solo por ser más metódica y calma sino que, en la piel de Kidman, parece cualquier cosa menos italiana. Entiendo que a los de Prime les pueda hacer falta una actriz de su fama para financiar la serie, pero el casting es por lo menos un tanto arriesgado. Uno ve allí a Marisa Tomei, Anabella Sciorra o Edie Falco, pero difícil visualizar a la Scarpetta de los libros en la piel casi traslúcida de Kidman.

No es el único cambio de la serie con los libros –son muchísimos en realidad–, pero ese no es el principal problema de Scarpetta ya que, convengamos, no estamos hablando de una obra maestra de la literatura que no puede ser modificada. Lo que llama la atención es su tono un tanto irregular y su inconsistencia dramática en una búsqueda que no queda claro cuál es. ¿Quiere ser una serie de prestigio y no se da cuenta que no lo es? ¿O apuesta más por una mezcla entre giallo y commedia alla italiana, una combinación inusual para una serie de Amazon? ¿Pretenden que nos la tomemos en serio o que la veamos a sabiendas de que es un tanto ridícula?
Todo se vuelve más evidente cuando uno ve la composición de personaje que hace Jamie Lee Curtis, quien en los últimos años viene tomando sus roles como excusas para sobreactuar de un modo desaforado. Su forma de vestir, de pintarse, de hablar y de tratar a los demás tensa tanto los límites de la credibilidad del relato que se vuelve, a la vez, lo más fallido y fascinante de la serie. Se ve que nadie le dice a Curtis que baje un cambio y uno la ve en sus escenas temiendo siempre que algo explote a su paso. La más calma Kidman, sin ir más lejos, parece harta a la vez del personaje y de la actriz. Pero de una rara manera, funciona. Dorothy es casi tan insoportable como lo está siendo Curtis, últimamente, frente a las cámaras.
A esa mecánica hay que sumarles otras «extrañezas»: el personaje de DeBose habla online todo el tiempo con la versión IA de su esposa muerta a quien vemos interpretada por una actriz real, Kidman tiene una forma un tanto violenta de lidiar con los cadáveres de sus casos y el hijo de Cannavale (Jacob Lumet Cannavale) encarna a su padre joven aunque no se parecen demasiado entre sí más allá de un vago acento italiano, entre otras cosas. Y ese mondo bizarro existe a la par del trabajo de la usualmente sesuda Kay tratando de descubrir si el asesino es o no es el mismo del caso con el que lidió en los años 90. Lo cierto es que, promediando la temporada, a nadie le importará mucho el whodunit. Estarán esperando, más que nada, ver que nueva situación bizarra se produce en la sitcom paralela –una especie de Everybody Hates Dorothy— que el elenco juega en el medio de cadáveres putrefactos que revelan sin querer sus secretos. Dario Argento estaría orgulloso…



