
Estrenos online: crítica de «Jane Austen arruinó mi vida» («Jane Austen a gâché ma vie»), de Laura Piani (HBO Max)
Una librera parisina que atraviesa un duelo viaja a una residencia literaria en Inglaterra, donde la inseguridad, el trauma y dos hombres desafían su identidad. En HBO Max.
Sufres síndrome de impostor, es normal», le dice Félix (Pablo Pauly) a Agathe cuando ella tiene que decidir si aceptar o no ir a una residencia literaria en Inglaterra. «No, no, yo soy impostora de verdad», le dice ella. Y si bien la respuesta de Agathe (Camille Rutherford) es la que daría cualquier persona con ese síndrome, en el caso de ella quizás sea cierto. Agathe no ha escrito casi nada en su vida y los dos primeros capítulos de una novela que soñó mientras veía en el fondo de una taza de sake en un restaurante japonés quizás no sean prueba de nada. Sin embargo, esos capítulos viajaron de París a Inglaterra y le permitieron dar ese salto. ¿Lo tomará?
Agathe tiene el trabajo perfecto para una fan de la Literatura francesas que habla bien inglés: atiende en la librería Shakespeare & Company, una de las más reputadas con material en inglés ubicada en el Barrio Latino de París y visitada en decenas de películas. Vive con su hermana y su adorado sobrino, y tiene un amigo muy íntimo, el tal Félix, que trata de sacarla de esa mezcla de miedo y encierro emocional que tiene tras una tragedia familiar automovilística en la que murieron sus padres y la dejaron con pánico a subirse a coches. Anda en bicicleta todo el día, no tiene pareja hace años y es, sí, fanática de Jane Austen.

Esos capítulos enviados a Inglaterra –la residencia en cuestión se llama Jane Austen y la manejan sus herederos– son el desafío que la fuerza a salir de su caparazón, de su agujero interior. Inicialmente, Agathe no quiere saber nada con ir –no solo por sentirse una impostora sino por su dificultad para transportarse en automóviles–, pero Félix casi la fuerza contra su voluntad para «cruzar el charco». Ella lo hace, despidiéndose de él con un beso que los hace pensar si no hay algo más que una amistad entre ellos. En el tono de comedia romántica austeniana que Laura Piani le imprime al film, la llegada de Agathe a Inglaterra será complicada pero a la vez ligera.
Es que el hombre que la viene a buscar para llevarla a la residencia, Oliver (Charlie Anson), es el clásico tipo en apariencia un tanto seco con el que primero se llevará mal y, uno sabe, luego se acercará. Oliver es descendiente de Austen y ayuda a sus ya ancianos padres a organizar la residencia, aunque no está convencido que su tatara-tatara-tía haya sido tan importante como todos creen.
Una vez en el bucólico lugar campestre en el que debe pasar un par de semanas escribiendo, Agathe se topa con una serie de personajes excéntricos, empezando por los organizadores del evento y con los otros escritores, todos más serios, profesionales y en apariencia más cultos que ella. Y allí deberá darse cuenta no solo si hay una escritora adentro suyo sino si puede abrirse a la posibilidad de encontrar algo parecido al amor.

La trama romántico-literaría tendrá similitudes y ecos con la obra de Austen, con personajes que parecen sacados o se sienten cerca de los de Persuasion, Sensatez y sentimientos y, especialmente, Orgullo y prejuicio. Hay un doble interés romántico dando vueltas y una decisión que tiene que ver con priorizar también el desarrollo personal, en una trama que incluye algunos pasos propios de la rom-com –equívocos varios, situaciones ligeramente graciosas, un toque de cringe–, pero que tiene un desarrollo un tanto más calmo y lírico que la mayoría de los films de ese género.
Simpática y efectiva, gracias también a las actuaciones del trío protagónico, Jane Austen arruinó mi vida no logra darle la misma entidad al resto de los personajes que los acompañan ni a algunas de las situaciones que viven en la residencia. Pero cuando se concentra en las tensiones románticas entre Agathe, Oliver y Félix la película logra respirar un vago aire austeniano para darle un cierto cachet prestigioso a lo que, con otro paradigma, bien podría haber sido una comedia romántica de lo más convencional.
Gracias a la cuidadosa dirección de Piani, la película prefiere quedarse a observar esa zona en la que la literatura se mezcla con la vida de una manera intrincada y sutil: no la imita ni la reemplaza sino que está ahí para acompañarnos. El cameo, cerca del final, del cineasta Frederick Wiseman leyendo un poema de Jack Hirschman refuerza esa idea: «Go singing whirling into the glory/of being ecstatically simple/Write the poem«. Jane Austen arruinó mi vida no reinventa la comedia romántica ni logra trascender del todo sus limitaciones. Pero en sus momentos más silenciosos, cuando se detiene en la duda, la vulnerabilidad y en el cruce desordenado entre ficción y realidad, encuentra algo sincero e inesperadamente conmovedor.



