Estrenos online: crítica de «Mis amigos indeseables: Parte 1 – Ultimo aire en Moscú» («My Undesirable Friends: Part 1 – Last Air in Moscow») de Julia Loktev (MUBI)

Estrenos online: crítica de «Mis amigos indeseables: Parte 1 – Ultimo aire en Moscú» («My Undesirable Friends: Part 1 – Last Air in Moscow») de Julia Loktev (MUBI)

Un grupo de periodistas rusas declaradas agentes extranjeros enfrenta creciente represión antes y después de la invasión a Ucrania y se ven obligadas a elegir entre el silencio, la resistencia o el exilio. Estreno de MUBI el 3 de abril.

En la Alemania nazi la gente también se sentó y esperó a que las cosas estuvieran bien«, le dice una veterana experta, ya fuera de Rusia, a una joven que le cuenta su angustia y desesperación por no saber qué hacer ante el inicio de la guerra en Ucrania y a las fuertes restricciones de todo tipo que atraviesan los que siguen viviendo allí y dudan acerca de su futuro. La frase se ha dicho muchas veces y, hasta cierto punto, suena a lugar común. Pero tras ver Mis amigos indeseables uno puede sentir su peso, la verdad que ese comentario expresa. Filmada entre 2021 y 2022, antes y durante la invasión a Ucrania, este documental de cinco horas y media de Julia Loktev cuenta en tiempo presente lo que ser testigo y parte de un proceso que se parece mucho a una disolución nacional.

La realizadora de la intensa Day Night Day Night, nacida en Rusia pero radicada desde niña en los Estados Unidos, regresó en 2021 a su país natal con la intención de filmar allí un documental acerca de un grupo de periodistas independientes, todas ellas mujeres, que habían sido designadas «agentes extranjeros» por parte del gobierno de Vladimir Putin, incluyendo a su vieja amiga Anna Nemzer –conductora de un talk show de TV Rain, uno de los pocos canales no oficiales que existían–, las dos conductoras de un podcast llamado Hello, I’m a Foreign Agent (Sonya Groysman y Olga Churakova), y las periodistas Ksenia Mironova, Irina Dolinina y Alesya Marokhovskaya, entre otras. Ninguna de ellas imaginaba que lo que hasta entonces era un lento pero consistente «apriete» a los medios independientes se transformaría, al año siguiente, en una persecución hecha y derecha.

My Undesirable Friends – Part 1 se compone de cinco episodios divididos en dos bloques, los que podrían dividirse entre antes y después de la invasión a Ucrania. El primero de esos bloques (de tres episodios y poco más de tres horas) se ocupa de ir conociendo a las protagonistas, ver dónde y cómo trabajan, las limitaciones que tienen por ser consideradas «agentes foráneos» (tienen que abrir cada nota periodística aclarando que han sido declaradas así, incluyendo sus posteos en redes sociales) y las complicaciones que eso les trae en sus vidas cotidianas, familiares, de pareja y, obviamente, profesionales. Nemzer es la figura más visible: una glamorosa conductora de un canal de TV independiente y de aspecto joven y moderno que se opone a las políticas de Putin pese a las amenazas y limitaciones que su trabajo le provoca.

Esa primera parte sirve además para seguir, vía la cámara móvil e inquieta de Loktev, la vida en una Moscú contemporánea, de apariencia moderna y hasta hipster –la imagen de TV Rain/Dozhd parece combinar CNN con MTV– pero rodeada, en la oscuridad, por incontables trabas y limitaciones. Entre todas las anécdotas, los análisis y las experiencias que las protagonistas comentan, una de las más inquietantes habla justo sobre eso: cómo los regímenes totalitarios no son siempre fácilmente visibles y reconocibles por todo el mundo y en la calle, ya que afectan más a determinadas personas y se conducen muchas veces por lo bajo. A tal punto es así que, dicen las protagonistas, la mayoría de los rusos no las sienten en carne propia. O los medios oficiales los convencieron que viven en una aparente normalidad.

Para la segunda parte, que empieza con la noticia de la invasión de Rusia a Ucrania, esa «normalidad» empieza a resquebrajarse. No para todo el mundo –los medios oficiales tienen un fuerte control narrativo y hablan de «batalla contra los neonazis» ucranianos y aseguran que su invasión es apoyada desde allí–, pero sí para los que se oponen políticamente y, más aún, los que son visibles en los pocos medios que consiguen colar otras miradas sobre la guerra. Muy rápidamente las protagonistas empezarán a ver más y más cercenados sus derechos –con detenciones y amenazas de todo tipo– y caerán en la cuenta de que quizás no quede otra opción que irse de allí, mal que les pese. Es que, si siguen, censuradas, allí tampoco tendrán medios ni formas para comunicar sus ideas.

«Yo solía tener un país, ya no lo tengo«, dirá una de ellas, con dolor y frustración, como tratando de convencerse a sí misma de que no hay más opción que abandonar Rusia al menos hasta que los vientos políticos cambien. Aún en medio del sufrimiento y hasta la desesperación –les congelan cuentas bancarias, no les dan visas, les cierran salidas al exterior–, las chicas encuentran espacio para el humor y la camaradería, con disquisiciones sobre Harry Potter o un contacto permanente –un tanto excesivo, en mi opinión– con las redes sociales y las modas de Instagram o TikTok. Loktev no esconde ese costado entre naive y muy occidentalizado de algunas de sus protagonistas (una de ellas está preocupada por saber si se casa Taylor Swift, otra por alguna serie de TV), poniendo en perspectiva que, además de ser periodistas que meten las narices donde no deben, son «chicas comunes» con sentido del humor («Nike no existe más –dirá una–. Ahora se llama Nikolai«), gustos y problemas identificables.

Si bien sus más de cinco horas pueden dar lugar a ciertas reiteraciones y a un exceso de verborragia, la película tiene una potencia acumulativa que se logra gracias a ese día a día, a la sensación que uno tiene de ir viendo, junto a las protagonistas, cómo la situación se oscurece y se pone más y más complicada con el paso de los días. Después de la invasión a Ucrania, no pasarán más que unas semanas y las chicas –y los medios para los que trabajan– irán siendo víctimas de la represión y las limitaciones a la libertad de prensa, con el gobierno amparándose en este concepto de que todos ellos son agentes que trabajan para intereses foráneos y así censurarlas.

Sin casi saberlo, Loktev se topó con que su documental era mucho más trascedente que su plan inicial y es por eso que Mis amigos indeseables se ha convertido en un proyecto ambicioso y de larga data. A estos cinco episodios de cinco horas y media de la primera parte, pronto le seguirá una Parte II, que retomará a los personajes luego de los sucesos narrados aquí. A juzgar por los constantes cambios políticos en el mundo –y no solo en Rusia–, es evidente que las cosas seguirán complicándose para sus protagonistas. Y para el resto de nosotros, estemos donde estemos, también. En ese sentido, el film de Loktev es un fiel reflejo de esta hiperconectada y a la vez controlada, desde el poder político o económico, era. El final de esta historia, todavía, sigue abierto.