Pavement en Buenos Aires: “A Movie Adaptation to the Sequel of Your Life”

Pavement en Buenos Aires: “A Movie Adaptation to the Sequel of Your Life”

por - Música
23 Nov, 2010 03:46 | comentarios

Uno nunca sabe hasta que punto es cierto, o si lo que se dice hoy cambiará mañana, pero lo cierto es que saber que el show de una banda que estás por ver es EL ULTIMO que darán en su carrera causa de por sí una impresión fuerte. Pasó con New Order, cuando tocaron hace […]

Uno nunca sabe hasta que punto es cierto, o si lo que se dice hoy cambiará mañana, pero lo cierto es que saber que el show de una banda que estás por ver es EL ULTIMO que darán en su carrera causa de por sí una impresión fuerte. Pasó con New Order, cuando tocaron hace unos años, pero en ese entonces, si mal no recuerdo, su separación era un rumor no del todo confirmado.

Lo de Pavement ya de por sí era una reunión. Uno podría decir que la banda dejó de ser tal en 1999 y lo único que han hecho este año es una gira mundial, una cantidad de presentaciones entre marzo y, supuestamente, el lunes 22, en la que –leo por ahí- no se llevaron demasiado bien y no hay planes de seguir adelante.

Ayer, sin embargo, acaso por ser esa despedida, se los veía relativamente relajados, distendidos, comunicados entre sí. Tocaron 100 minutos en lugar de los 80 que, me comentaron, habían tocado el domingo para un público que no alcanzaba a llenar la mitad de la sala ¿200, 300 personas? Una cantidad ínfima, ridícula, para una banda tan relevante, a los que hay que sumarle unas 500 el día anterior. Es cierto, la cantidad de shows de estos últimos meses mata cualquier bolsillo y el precio de las entradas no era nada barato, pero era raro estar presenciando un show histórico con tan poca gente alrededor.



De cualquier manera, no voy a decir que no aproveché el “vacío” para terminar viendo el show a cinco metros del escenario, haciendo pogo en algunas ocasiones, algo que ya no estoy ni en edad ni en condiciones físicas de hacer. Pero el sonido potente, mucho más distorsionado que en los discos (más cerca de la suciedad de los primeros que del sonido más limpio de los últimos), algunos temas que me disparaban memorias claves de mis veintipico (“Gold Soundz”, “Stereo”, “Cut Your Hair”, “Range Life”, “Grounded”, “Spit on a Stranger”, “Shady Lane”, etc.) y la sensación de estar presenciando un momento “histórico” ayudó para que el show se sintiera glorioso.

¿Lo fue, no lo fue? Casi no podría decirlo. Sin dudas hubo desajustes, imprecisiones, problemas de sonido (la voz de Malkmus, como siempre, se pierde en la mezcla, Pavement siempre suena “sloppy”, descuidado), pero las canciones lo invadieron todo y ese grupete de adelante vivió (vivimos, bueno) el asunto casi desde adentro, de una manera que yo no recordaba vivir un show en años.

Nunca sabré por qué Pavement aquí no tiene el peso y la repercusión de otras bandas que yo considero peores y menos importantes. Tienen canciones accesibles, llegado el caso, y si bien su “delivery” siempre es entre sucio y desganado, creo que eso es lo que, finalmente, le da su particularidad, a mitad de camino entre influencias como Replacements, Sonic Youth, los mismos Yo la Tengo, y con ese magnetismo por el gancho pop que los asemeja a Guided By Voices y a Sebadoh, entre otros. “College rock”, como le decíamos entonces.

Recuerdo claramente haber comprado “Crooked Rain, Crooked Rain” en Washington, en 1994, cuando estaba de viaje por trabajo y escucharlo permanentemente todos esos días, al punto de comprarme un disco de rarezas (“Westing”), que en ese momento me pareció algo excesivamente lo-fi. Y comprar los demás fue casi una rutina, aunque hayan sido sólo tres y listo. Para 1999, Pavement eran historia.

Once años después, esta secuela de Pavement termina prometiendo que no va a haber más capítulos. No sé cómo cerró el domingo, pero el lunes daba la impresión de que, con los crew members tocando en escena con ellos y un descontrol de instrumentos y lugares en el escenario, el asunto parecía liquidado y no había forma de volverlos a salir una vez más, aunque sea para hacer una versión melancólica de “Here” que nos hubiera hecho volver a casa probablemente entre lágrimas.

Pero como Pavement jamás traficó en esas emociones, se fueron casi como vinieron. Con Malkmus casi sin hablar y, como siempre, con Bob Nastanovich como el que maneja los hilos de la comunicación y el contacto con el público, actuando como MC de hip-hop por momentos, y hasta con Steve West terminando como cantante en un final apoteósico.

Con la curiosidad de cerrar un festival que abrió Smashing Pumpkins, una banda diez veces menos relevante y mucho más popular con la que se llevan mal hace años (en “Range Life”, Malkmus los bardea), Pavement cerró a la vez una de las carreras más memorables del rock de los ’90.

Haber estado charlando antes y después del show con Hal Hartley, que estaba acá y con el que habíamos tenido una larga entrevista tres días atrás en Mar del Plata, y que me contó algunas anécdotas de la banda de Stockton, le agregó un plus noventoso, la década de mis “veintitantos” que, pensándolo hora, con Hartley (cineasta que quedó pegado a esa década como pocos) y Malkmus como abanderados, bien uno podría cerrarle ya la puerta y tirar la llave. Digo, y así no terminar siendo un extra en la adaptación al cine de la secuela de tu propia vida…