Festival de Mar del Plata: Otras secciones 1ª Parte (16 críticas)

Festival de Mar del Plata: Otras secciones 1ª Parte (16 críticas)

por - Críticas
20 Nov, 2014 12:36 | Sin comentarios

En las siguientes entradas dedicadas al Festival de Mar del Plata verán las reseñas de algunos filmes de las distintas secciones que completan el festival. Para que no se vuelvan demasiado extensos los posts los he dividido en tres partes. Aquí encontrarán las reseñas de las películas que vi de las secciones llamadas Busco Mi […]


listenup2En las siguientes entradas dedicadas al Festival de Mar del Plata verán las reseñas de algunos filmes de las distintas secciones que completan el festival. Para que no se vuelvan demasiado extensos los posts los he dividido en tres partes. Aquí encontrarán las reseñas de las películas que vi de las secciones llamadas Busco Mi Destino, Hora Cero, Las Venas Abiertas, BSO y Sentidos del Humor, sección a la que pertenece la foto de Elisabeth Moss en el filme LISTEN UP PHILIP que abre el post. Se irán agregando los títulos que vaya viendo y se actualizará de ese modo esta entrada. A diferencia de las secciones competitivas no verán aquí toda la lista completa de filmes que hay en cada sección sino simplemente los que fueron vistos hasta ahora. Los demás –que son muchos– se irán sumando. Si quieren conocer todos los títulos que hay en la sección no tienen más que chequear el catálogo, aquí.

BUSCO MI DESTINO

beforeidisappearBEFORE I DISAPPEAR, de Shawn Christensen (Estados Unidos) Para los que se preguntan qué es de la vida de los ganadores de Oscars a cortometrajes (no imagino a muchos haciéndose esa pregunta, pero bueno…), aquí tienen una respuesta: Christensen no tuvo mejor idea que convertir su premiado corto CURFEW en este largo, que extiende el anecdotario y transforma el corto en una suerte de ácida y depresiva versión de DESPUES DE HORA. El corto original se centraba en un hombre deprimido en medio de un intento de suicidio (interpretado por el propio director) que recibe el llamado de su hermana, a la que no ve hace años, para que pase a buscar al colegio a su hija y la cuide unas horas. Esa «molestia» termina siendo la salvación de este hombre. Aquí a la historia se le ha agregado una enorme serie de eventos relacionados –toda una subtrama enrevesada ligada a una mujer muerta por sobredosis y los dueños de bares nocturnos relacionados con ella y en los que nuestro deprimido protagonista trabaja– que hace ecos con las otras historias de peleas, divorcios y separaciones que tienen los hermanos. A la trama algo rebuscada la salva una puesta en escena muchas veces ingeniosa, con una mezcla surrealista de escenas que suceden dentro y fuera de la cabeza del protagonista (nunca es del todo claro cual es cual), una fotografía impresionista que transforma a Nueva York en una suerte de ácido laberinto nocturno y, como en el filme original, la brillante actuación de la niña Fatima Ptacek, cuyo personaje pasa de lo insoportable a lo tierno/simpático de una manera que solo puede ser creíble gracias a, bueno, una gran actuación. La escena –casi idéntica a la del corto– en la que la niña baila en un bowling es, sin duda, lo mejor de esta interesante, aunque no del todo redonda, película.


 

bfe2B.F.E., de Shawn Telford (Estados Unidos) La opera prima de Telford –si bien el director aclara que no es autobiográfica– tiene los típicos ingredientes de una historia muy personal, tomando en cuenta que transcurre en el pueblito de Idaho de 7 mil habitantes del que el director es oriundo y del que se fue, evidentemente con bastante desesperación y desidia. El filme cuenta tres historias relacionadas entre sí que suceden en un par de días en ese lugar, y lo hace de una manera excesivamente cargada: de episodios, de música, de «drama» y de forzada intensidad. La mejor –la única buena, en realidad– es la primera, centrada en un adolescente cuyo abuelo, al ver que se acerca el final de sus días y con tendencias suicidas, decide empezar a consumir drogas junto a su nieto, pero sin ponerse límite alguno. Ese segmento le suma cierto humor al drama que cuenta y personajes tolerables como para soportar una puesta en escena del manual del cine independiente americano. La segunda historia es un poco más complicada: se centra en una fiesta de varios amigos que se pasa de rosca y en la que el protagonista es un adolescente que lo único que quiere debutar sexualmente con la madre de su amigo, una clásica MILF un tanto white trash (sí, es moza en un bar) de las tantas que pululan por el cine norteamericano. Pero hay poco y nada de simpatía o encanto en este segmento: el asunto está teñido de una violencia, agresividad y forzada carga dramática que termina siendo molesto. Lo mismo sucede con el tercero, en el que una adolescente tiene que cuidar de su hermana mientras viven con el impresentable novio de su madre, un meth-head que es una suma de clichés al paso. En el medio, además, ella descubre que está embarazada… Las historias se conectarán a partir del objetivo común de esos personajes: escaparse de ahí. Y lo cierto es que Telford logra transmitir eso: los espectadores también querrán escapar de ese horrible lugar, de esa gente espantosa y, ya que estamos, de esa musicalización horrenda, de esas actuaciones mediocres y de ese montaje videclipero. Lástima el abuelo, un viejo simpático con el que uno se tomaría unas cervezas…

 

juana a los 12JUANA A LOS 12, de Martin Shanly (Argentina) Inquietante retrato de una niña de doce años de buena posición económica que va a un colegio bilingüe privado de la zona norte y en el que le va mal: no estudia, no retiene nada, no tiene buena relación con sus compañeras, es totalmente apática, no presta atención y parece tener claros problemas de aprendizaje. ¿O se hace? Bajo la apariencia más o menos convencional de un retrato de una niña, su colegio y su familia somos testigos casi de una disfrazada película de David Lynch: ¿tiene la niña problemas de aprendizaje o está poniendo en juego ahí –“llamando a atención”, dirían padres y maestros– una serie de conflictos familiares y personales? ¿Hace algo la escuela por resolverlo? ¿Y la madre? ¿Se ocupa o pretende ocuparse y en realidad no es otra cosa que la versión adulta de la misma Juana? ¿Y el ausente padre? ¿Qué hay con él? La vida cotidiana de Juana en la escuela, entonces, es lo que cuenta en primer plano esta película. Por debajo, es un retrato bastante cruento de conflictos entre padres e hijos, instituciones bastante inútiles y preadolescentes “zombies” que externalizan sus conflictos mediante una irritante apatía y actitud de todo-me-da-igual que resulta desesperante. JUANA… es una disimulada película de terror, de uno que no se expresa claramente y que por eso mismo asusta mucho más. (BAFICI 2014)

 

recomendedbyenrique«RECOMMENDED BY ENRIQUE», de Rania Attieh y Daniel García (Estados Unidos/Argentina) Una extraña y peculiar película con aroma tex-mex, «RECOMMENDED…» (entre comillas es el título originalmente) cuenta dos historias paralelas que transcurren en la ciudad de Del Río, Texas, en la frontera entre México y los Estados Unidos. Una de ellas se centra en una actriz que llega a la ciudad a actuar en una película de terror de bajo presupuesto a la que fue convocada gracias a un video en YouTube mientras que la otra cuenta la historia de un trabajador mexicano que tiene que encontrarse con alguien que nunca aparece. Actores no profesionales y un estilo en apariencia improvisado le dan al filme una frescura curiosa y una permanente sensación de libertad creativa, aún con sus desniveles. El filme tiene sus trazos casi experimentales, sus momentos ingeniosos y otros más bien todo lo contrario: es como una suerte de película en formación frente a nuestros propios ojos. Lo más intrigante de todo es que la extravagante situación de hacer una película de terror con un misterioso director que nunca aparece y un equipo que parece no tener mucha idea de qué hacer, se basa en una experiencia real de los propios realizadores…

 

tu_dors_nicoleTU DORS NICOLE, de Stéphane Lafleur (Canadá) Pasó bastante inadvertida en Cannes (o al menos me pasó a mí) por lo cual su aparición en Mar del Plata es una suerte de tardío descubrimiento. La tercera película de Lafleur es de esas que te hacen descubrir a un cineasta al punto de querer ver su obra previa y seguir su futuro. Alguien la describió como la anti-MOMMY –por comparar dos películas de Quebec presentadas en Cannes– y está bastante en lo cierto. Ahí donde el más famoso Xavier Dolan apuesta por la intensidad y el histrionismo a todo volumen, Lafleur prefiere adoptar un estilo opuesto: blanco y negro, pocos diálogos y muchos silencios pero, sobre todo, una extraordinaria combinación de humor, melancolía y ternura que se ve muy poco. Los referentes de este universo son claros: el filme está en la línea que une al cine de los ’80 de Jim Jarmusch con el de Aki Kaurismaki o con ese tono de humor tan «uruguayo» que desarrollaron los cineastas del país vecino. Aunque uno podría también compararlo con el cine de realizadores argentinos como Martín Rejtman o Ezequiel Acuña, especialmente en la descripción de jóvenes de clase media cuyas vidas en apariencia tranquilas y anodinas esconden algunos problemitas. Nicole es una chica de 22 años que se quedó sola en la casa familiar cuando sus padres se fueron de vacaciones por un tiempo evidentemente largo. Allí se dedica a perder el tiempo con su amiga Veronique, cuando no está trabajando en una tienda de ropa usada o pasa la noche con algún desconocido al que no volverá a ver. La apatía de Nicole de a poco se va revelando como tristeza, casi depresión (hay un ex novio que se está por casar), que se complica aún más cuando su hermano cae con su banda de rock a la casa con intenciones de grabar allí unos demos y se tensa la relación con su mejor (su única) amiga. Pero todo este tedio suburbano que suena deprimente (y en cierto modo lo es) está contado por Lafleur con un humor seco que se va volviendo, curiosamente, más amable y oscuro a la vez. Nicole saca un pasaje a Islandia con su nueva tarjeta de crédito, le tira onda al baterista de su hermano o tiene que «soportar» los avances de un niño de diez años al que le cambió la voz mucho antes de lo pensado (un gran personaje que es mucho más que un gag y será casi clave en ciertos momentos del filme), pero nada parece poder sacarla de esa especie de piloto automático en el que funciona. Lafleur transmite a la perfección el tiempo y el tono de ese pequeño y caluroso universo a través de los ojos de Nicole, encontrando maravillosos detalles (el candado de la bici que no anda, los ventiladores turbo, los detalles de la grabación de la banda de su hermano) que hacen de la película una gema rara y única. Pero, principalmente, lo que logra es construir un mundo y hacerlo habitar por personajes que uno parece conocer de toda la vida. Es Quebec, sí, pero parece el Gran Buenos Aires…

 

Voley-1-1VOLEY, de Martín Piroyansky. Un grupo de amigos se juntan para ir a pasar las fiestas a la casa de uno de ellos en el Tigre con algunas consecuencias imprevisibles en la segunda película del también actor Piroyansky que apuesta hacia la comedia en un estilo que puede hacer recordar a cierto indie americano. A lo largo de esos días se producirán cruces y choques personales, romances furtivos prontamente abandonados y otros latentes que explotan en el momento menos pensado en un grupo con personajes de personalidades bastante opuestas y que integran el propio Piroyansky, Violeta Urtizberea, Inés Efron, Chino Darín y Vera Spinetta. Está la obsesiva ordenada, el que solo piensa en el sexo, la solitaria con tendencias suicidas y así… La tenue estabilidad del grupo se romperá con la llegada de una amiga de una de ellas que los otros no conocen, muy bonita, que pone a los hombres del grupo más tensos que lo habitual y algo parecido pasa con las mujeres. El filme se centrará en los objetivos diversos y cruzados de los protagonistas a lo largo de esos días, en especial en la relación cambiante entre Piroyansky y Urtizberea. Este tono de comedia «indie» se rompe, a veces, con unas bromas un poco más burdas y un tanto televisivas (o en un estilo de comedia más escatológica) que no terminan de enganchar del todo con el tono de la película y que desvirtúan un poco su costado más auténtico y hasta emocional que logra en algunas escenas. Pero en una cinematografía en la que la comedia generacional recién parece estar dando sus primeros pasos firmes, la película de Piroyansky suma puntos para el ascenso…

 

HORA CERO

a_hard_dayA HARD DAY, de Kim Seong-hun (Corea del Sur) Un policía corrupto tiene un accidente camino al funeral de su madre que terminará volviéndose una odisea impredecible en este thriller coreano bastante efectivo, con muy buenas escenas de acción y un tono por momentos humorístico que resulta refrescante. El policía en cuestión no tiene mejor idea que esconder el cadáver en su auto y luego, en el funeral de su madre, aprovecha para sacarlo del baúl y meterlo, bueno, junto a su madre y enterrarlo con ella. Pero ahí recién empiezan los problemas, ya que por un lado su equipo está siendo investigado por Asuntos Internos y, por otro, le dan para investigar un caso que involucra nada menos que encontrar a la persona que acaba de atropellar y enterrar… Cuando el hombre parece poder controlar el caos (las «bromas» sobre la corrupción policial abundan y le dan un tono de crítica política al filme), aparece un testigo del accidente que sabe todo lo que sucedió y empieza a chantajearlo, derivando en situaciones bastante inverosímiles pero muy bien manejadas dramáticamente (y con un par de secuencias de suspenso y acción excelentemente narradas) en este thriller que participó en la sección Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes y que tiene algunos puntos de contacto con OLDBOY, pero que elige ir por una vía más liviana y menos gore.

 

spring-toronto-film-festival-3SPRING, de Benson/Moorhead. Este filme no parece del todo apropiado para esta sección durante casi la mitad de su metraje, pero en algún momento se entenderá porqué sí merece estar acá, aunque tal vez lo más apropiado sea no contarlo para no arruinar sorpresas. Aquí la historia arranca de manera muy naturalista, tipo cine independiente americano, contando la historia de un joven de veintipico que pierde a su madre, luego se mete en una pelea en un bar, lo echan de su trabajo y cuando siente que la policía va a venir a perseguirlo por la golpiza que le propinó al hombre decide agarrar su pasaporte e irse al primer lugar que se le cruza. Esto es: Italia. Allí se junta con otros turistas y termina enamorándose de una chica muy sexy que anda por ahí. Hasta allí, todo normal: una especie de comedia dramática casi bucólica con bellos paisajes. Pero el asunto empieza a cambiar ya que el espectador se va dando cuenta que la chica en cuestión no es tan «normal» como parece y oculta unos cuantos secretos, solo que él durante mucho tiempo no los sabrá. Es allí que entra el costado «genérico» del filme –de vuelta, no diremos cómo para no arruinar sorpresas–, pero de todos modos lo hace de una forma más metafórica, si se quiere, que con la intención de volverlo un filme de terror, como si los modelos fueran más el cine de Cronenberg o, digamos, si Linklater hiciera una película de suspenso que el del terror más convencional. La película es atractiva, curiosa, un poco larga pero bastante original en la manera en la que, como la protagonista, parece ser una cosa y finalmente es otra. O, dicho de otra manera, son dos caras de la misma y complicada moneda.

 

whatwedointheshadowsWHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi, Jemaine Clement (Nueva Zelanda/Estados Unidos) Clement, la mitad de la dupla creativa de la comedia televisiva FLIGHT OF THE CONCHORDS (si no la vieron, háganlo: es brillante) y Waititi, uno de los colaboradores de esa serie (y otro comediante estrella, como muchos de los reunidos en esta película, de Nueva Zelanda) codirigen y coprotagonizan esta excepcional comedia sobre vampiros narrada a la manera de un falso documental. A mitad de camino entre THIS IS SPINAL TAP y LOS LOCOS ADDAMS, la comedia sigue a un grupo de vampiros que comparten un caserón en Wellington y que deben lidiar con ciertas cuestiones cotidianas ligadas a su condición de criaturas de la noche. Las bromas, que son constantes, van desde las tareas «básicas» que no se cumplen (poner diarios abajo del sofá para que no se manche de sangre la alfombra cuando muerden a un humano en el living, digamos) hasta la interacción con el afuera, que se complica cuando uno del grupo (el más veterano, el terrorífico Petyr) convierte a un joven en vampiro y este no se adapta bien a las reglas de los otros tres (el atildado Viago, el perturbado Vladimir y el más relajado Deacon, cada uno con cientos de años de «vida»), complicando la seguridad del grupo. Así, mientras aprenden a usar Skype, sufren por amores y amigos perdidos, se topan con educadísimos hombres lobos (sí, hay chistes sobre CREPUSCULO, inevitables), zombies y otras criaturas, los vampiros van interactuando con los humanos, peleándose entre ellos y contándole a los «documentalistas» (que, obviamente, portan crucifijos durante el rodaje) sus complicadas y muy divertidas historias de vida. Una película de sketches, si se quiere, casi adaptable a una serie televisiva, pero con un nivel de aciertos humorísticos impresionante, especialmente por esa manera tan particular que tiene el humor que Clement (con Bret McKenzie) utilizaba en la serie de HBO y que retoma aquí, una mezcla de picardía e inocencia que resulta irresistible. Sabe cómo ser gracioso y, a la vez, humano, frágil y hasta tierno. Y la combinación es fabulosa.

 

LAS VENAS ABIERTAS…

la_parte_ausenteLA PARTE AUSENTE, de Galel Maidana (Argentina) En un futuro distópico en el que Buenos Aires se ha convertido en un post-apocalíptico basural, un cazarecompensas (Alberto Ajaka) recibe la tarea de encontrar un hombre al que debe matar. Como sucede en gran parte del cine negro (y aquí, via BLADE RUNNER, las referencias son del más puro noir-noir), el hombre se enamora de la mujer que le encarga el asuntito, una misteriosa y bella criatura encarnada por Celeste Cid. Lo de «criatura» no es del todo gratuito ya que la mujer, digamos, no es del todo humana y tiene algunas necesidades que son un poco fuera de lo esperado, lo cual complica no solo la tarea sino la propia vida de nuestro antihéroe. Visualmente impactante y con un inicio muy prometedor, el filme se enreda un tanto luego narrativamente, pero cualquier agujero dramático parece pasible de ser salvado por Celeste Cid, cuyo rostro sostiene cualquier plano y casi cualquier trama, por más imposible que parezca. La opera primera de Maidana, más allá de sus desajustes, logra presentar un universo reconocible (y temido) de una ciudad entre abandonada y poblada por extrañas criaturas que poco y nada tienen que ver con lo «humano». Cualquier parecido con la realidad, pura coincidencia.

 

BSO

edenEDEN, de Mia Hansen Love (Francia) En las películas de Mia Hansen-Love se habla bajito y se dramatiza poco. Su “sistema” parece ser el de husmear la realidad y presentarla con pocos filtros obvios. Uno podría llamar al suyo “realismo asordinado” y es por eso que resulta un poco rara la elección temática de EDEN, su más reciente película. Es que el filme se centra en la movida de la música disco electrónica (house, garage y sus combinaciones) que tuvo lugar en Francia en la segunda mitad de los ’90 y nos dejó varios éxitos bailables, algunos artistas de fama relativamente fugaz o de culto (Cassius, Etienne de Crecy, Justice) y un par de muy diferentes superstars como Daft Punk y David Guetta. Y no es una movida que, en principio, pareciera caracterizarse ni por el volumen bajo ni por el realismo a ultranza. Más bien, todo lo contrario. Hay, decíamos, muchos artistas de la música electrónica francesa famosos, pero hay uno que casi nadie conoció: el hermano de la directora, Sven. En su historia como parte de la movida “house-garage” francesa se centra la película, si bien Mía se ha tomado bastantes libertades dramáticas. Y es por elegir ese personaje y esa mirada de alguien que está adentro que la directora logra mantenerse fiel a su estilo: la música puede ser muy bailable y enérgica, pero para los que viven de ella es en cierto sentido un trabajo como cualquier otro. (Crítica completa, Roma 2014, aquí)

 

god-help-the-girlGOD HELP THE GIRL, de Stuart Murdoch (Reino Unido) Este simpático, naive y, finalmente, un tanto indiegesto musical creado, compuesto y dirigido por Stuart Murdoch, el líder de la banda Belle and Sebastian, tiene algunos de los elementos que hacen al grupo pop escocés tan elegante como amable musicalmente, pero aquí –aún más que en su labor en el grupo– están un tanto exacerbados los que lo vuelven un tanto irritante para muchos: esa especie de atildado mecanismo sensible más apto para bares de moda que capaz de tocar fibras emotivas reales. El musical –que empezó como un proyecto musical paralelo de Murdoch y que incluye un disco, shows en vivo con vocalistas femeninas y, este año, la película– se centra en la vida de Eve, una joven que se escapa de un hospital psiquiátrico en el que está internada por anoréxica y se va a Glasgow, con sueños de convertirse en cantante. Allá conoce a James, un chico tímido y guitarrista, y a través de él a Cassie, con los que –luego de una serie de desencuentros y malentendidos– terminan formando la banda cuyo nombre da título al filme, a la vez que lidiando con una potencial historia romántica entre ambos. La historia, en cierto sentido, es el marco en el que las canciones de Murdoch, en la voz de Eve (la actriz Emily Browning), se dan a conocer. A diferencia de lo que hace con Belle and Sebastian, en las canciones y en el tono de GOD HELP THE GIRL Murdoch intenta apostar por un sonido más cercano al pop de voces femeninas de los ’60, especialmente el ligado a cierto toque francés (los fantasmas de Francoise Hardy y Jane Birkin parecen recorrer la película, lo mismo que el de los musicales de Jacques Demy), aunque no logra despegarse demasiado del sonido que lo caracteriza. Más allá del encanto ligado al modelo cinematográfico/musical elegido, el filme se pasa de «preciosista», convirtiéndose por momentos casi en un objeto para poner en un Museo del Indie como recordatorio de que, por momentos, la parafernalia del chico sensible puede llegar a volverse excesivamente cute

 

Elliott Smith In LondonHEAVEN ADORES YOU, de Nickolas Rossi (Estados Unidos) La breve y misteriosa vida –y obra– de Elliott Smith intenta ser analizada en este documental que, a través de entrevistas a algunas de las personas que lo conocieron (músicos que trabajaron con él, familiares, amigos, ex parejas, etc) e imágenes de archivo (muchas inéditas), se mete de lleno en la bastante torturada existencia del músico radicado en Portland. El filme no se escapa demasiado de las convenciones del rockumental y Elliott no era una persona fácilmente categorizable (un cantautor sensible pero a la vez particularmente perturbado que tuvo también un grupo punk), pero de todos modos Rossi intenta explorar su música y su vida con resultados que, digamos, alcanzan al menos para tornar a la película en un must para los fans del músico y un objeto de relativo interés para los que apenas lo conocieron. Con una vida familiar algo complicada que se deja entrever más de lo que realmente se revela, Smith se convierte en una figura de la música indie de Portland (primero con un banda, luego como cantautor solista) para después saltar demasiado súbitamente a la fama mundial al componer «Miss Misery», una canción que se usó en la película GOOD WILL HUNTING y que fue nominada al Oscar. Con ese momento como pivot, el filme cuenta su historia personal y musical, que se entremezclan todo el tiempo (problemas de pareja, consumo excesivo de drogas y alcohol, severas depresiones) hasta llegar a su escalofriante suicidio, a los 34 años. Como sucede con su imagen, Smith es una figura difícil de desentrañar en su mezcla rara de dureza y sensibilidad a flor de piel, alguien que parecía sentirse incómodo con el mundo y que solo parecía poder expresarse a través de algunas extraordinarias canciones. Esa «magia» es imposible de descifrar y el filme, previsiblemente, se queda corto en el intento. De todos modos, en el esfuerzo por ahondar en la vida de Elliott Smith consigue algunas perlas e historias que todo fan agradecerá. Para todo lo demás, siguen estando las canciones..

 

SENTIDOS DEL HUMOR

biginjapanBIG IN JAPAN, de John Jeffcoat (Estados Unidos/Japón) El «mito» (no tan mito) de que muchas bandas pueden triunfar en Japón siendo desconocidos en sus propios países es la excusa para esta comedia basada en las desventuras reales de un grupo musical de power pop de Seattle en la que los actores/músicos interpretan una versión exagerada y algo ficcionalizada de sí mismos. Luego de años de esfuerzos por conseguir algo de éxito y de público en sus conciertos, los miembros de Tennis Pro están a punto de «tirar la toalla» y seguir con sus vidas cotidianas un tanto rutinarias (uno trabaja en un casino, otro es peluquero y el protagonista está sin trabajo), pero en un concierto conocen a un productor que les «vende» la idea de ir a Japón, país en el que dice tener contactos y en el que por su tipo de música, les asegura, podrían triunfar. Obvio que los gastos corren por cuenta de la banda e igualmente previsible es que, al llegar a Tokyo, casi ninguna de las promesas se les cumplirán. Así, entre confusiones, borracheras, desventuras por la capital japonesa y otras secuencias humorísticas que no terminan de funcionar del todo bien (los músicos/actores son particularmente flojos), la película empieza a girar a una zona un tanto más sensible y, si se quiere, ligada a PERDIDOS EN TOKIO. Con o sin éxito, los miembros de la banda comienzan a sentirse en casa en Tokyo y cuando la tragedia del tsunami de 2011 aparece, la conexión se vuelve aún más fuerte. Pese a que en muchos momentos la película parece estar al borde de la intrascendencia absoluta, en otros parece descubrir algo parecido a un corazón que late. Debe ser uno de los pocos casos de películas de este tipo en el que el drama funciona mejor que la comedia, acaso porque cuando los Tennis Pro intentan ser graciosos se vuelven casi insoportables. Cuando tocan, en cambio, son pasables…

 

Bugarach_1BUGARACH, de Salvador Sunyer, Ventura Durall y Sergi Cameron (España/Alemania) El pequeño y semidormido pueblo francés de Bugarach tuvo una breve fama durante el supuesto fin del mundo anunciado por los mayas a fines de 2012, ya que –se empezó a rumorear– ese sería el único lugar en el que la humanidad podría sobrevivir debido a los poderes energéticos de una montaña muy similar a nuestro Cerro Uritorco, que vivió entonces un fenómeno parecido. Los documentalistas, bastante avispados, parecen haberse dado cuenta del asunto aún antes que tomara estado público y ya estaban allí siete meses antes para ir filmando la transformación de este pueblo de abuelitos, niños excéntricos, un alcalde medio irresponsable y un pequeño diario para menos de 200 lectores (esa es la población normal de Bugarach) en un supuesto caos. Y lo que van describiendo tiene más que ver con los miedos de los pobladores ligados a la llegada de «un montón de gente rara» que al hecho en sí, poniendo allí el principal eje del relato como si fuera lo mismo un evento así que uno de esos recitales que el Indio Solari suele dar en pueblos chicos. La por momentos simpática e intrigante descripción de los típicos personajes de pueblito francés se ve un tanto arruinada por una puesta en escena demasiado armada que deja dudas todo el tiempo si se trata realmente de un documental o hay mucho de «ficción» en esto. Eso no termina de ser nunca claro, pero la impresión que da es que el material fue muy trabajado en posproducción para generar algo que no terminó de pasar en Bugarach. Al final del filme conocimos a algunos de sus habitantes y a la prensa que llenó la zona. Pero más allá de un par de excéntricos, las misteriosas miles de personas que iban a venir a vivenciar el falso fin del mundo, bien gracias…

 

listenupLISTEN UP PHILIP, de Alex Ross Perry (Estados Unidos) Acaso la película sobre el personaje más narcisista de la historia del cine, LISTEN UP PHILIP es también una de las creaciones más originales del cine independiente norteamericano de los últimos años. Admitiendo no haber sido un fan de su anterior película, THE COLOR WHEEL, y ni siquiera caerme del todo simpáticas las películas misantrópicas sobre tipos insoportables, el tercer filme de Alex Ross Perry es una comedia tan negrísima como extraordinaria, cuyo nivel está a la altura (acaso un escaloncito más abajo pero no mucho) de joyas como RUSHMORE, de Wes Anderson, HISTORIAS DE FAMILIA, de Noah Baumbach, o de buena parte del gran cine norteamericano de los ’70. La comparación con RUSHMORE no es casual. Ambas tienen como protagonistas a Jason Schwartzman como una persona tan desubicada como talentosa en relación con una “figura paterna” de dudosa empatía con el mundo (Bill Murray allá, Jonathan Pryce, aquí). Imaginen ese universo pero bajo el prisma judío-neoyorquino de Woody Allen en su mejor momento y tal vez les de algo parecido a LISTEN UP PHILIP. En realidad, lo mejor que pueden hacer para embeberse del mundo de este filme de Perry es leer cualquiera de las novelas –las de antes y las de ahora– de Philip Roth, cuya obra y persona esta gran película convoca inmediatamente… (Crítica completa, Viennale 2014, aquí)