Estrenos: «El lugar del hijo», «Hamdan», Invasión»

Estrenos: «El lugar del hijo», «Hamdan», Invasión»

por - Críticas
12 Mar, 2015 10:13 | Sin comentarios

Aquí van las reseñas de tres películas que se estrenaron la semana pasada en el Malba (Figueroa Alcorta al 3400, Buenos Aires) y que permanecerán, en principio, a lo largo de todo este mes y posiblemente más. Se trata de EL LUGAR DEL HIJO, HAMDAN e INVASION. El primero, filme del uruguayo Manolo Nieto, se ve […]

El_lugar_del_hijo-517639493-largeAquí van las reseñas de tres películas que se estrenaron la semana pasada en el Malba (Figueroa Alcorta al 3400, Buenos Aires) y que permanecerán, en principio, a lo largo de todo este mes y posiblemente más. Se trata de EL LUGAR DEL HIJO, HAMDAN e INVASION. El primero, filme del uruguayo Manolo Nieto, se ve los domingos a las 18; el segundo, del argentino Martín Solá va los viernes a las 20 (y también se exhibe en el Espacio INCAA -Gaumont) mientras que el tercero, del panameño Abner Benaim va los sábados a las 20 (y también se da en el citado Gaumont). Son dos documentales y un filme de ficción y si bien ninguno transcurre en el país, las tres son coproducciones argentinas más que atendibles.

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EL LUGAR DEL HIJO, de Manuel Nieto


bafici el lugar del hijoFuerte y extraña película del director uruguayo de LA PERRERA, se centra en un joven militante de una agrupación política universitaria en Montevideo que se entera de la muerte de su padre y va a ocuparse de los asuntos familiares al pueblo en el que él vivía, involucrándose allí también con la (muy diferente) militancia política del lugar y con la idea de rearmar los retazos de su vida familiar, bastante complicada, que había armado (o, más bien, desarmado) su padre.

Los interesantes choques de clase, la diferencia entre el discurso militante y la realidad social (el protagonista tiene que lidiar con los trabajadores de su padre y allí no hay discurso que valga) son narrados en un tono oscuro e intrigante por parte de Nieto, que pone todo el tiempo en primer plano esas diferencias entre ambos universos.

La elección del protagonista seguramente dividirá aguas, ya que su forma de actuar y de hablar es bastante particular, algo sobre lo que el filme no habla directamente pero que hace que cada escena tenga un condimento especial, una extrañeza que transforma a la película en algo aún más sugerente que sus ideas temáticas y su forma narrativa.

 

HAMDAN, de Martín Sola

hamdanHAMDAN narra la historia de un atentado hecho por militantes palestinos en Israel en los años ’70 y las consecuencias que tuvo para las personas que tenían, aparentemente, poco y nada que ver con él. El personaje es un militante palestino de la época que quedó enredado en el atentado cometido por otro –entrenado por él— pero en una decisión que no fue ni planeada ni organizada ni por Hamdan ni por su grupo. Este atentado, que provocó la muerte del joven y de varias personas más (uno imagina, ya que el filme no lo menciona), se convirtió en una pesadilla para Hamdan y sus familiares, ya que el hombre pasó buena parte del resto de su vida viviendo en cárceles en condiciones infrahumanas y siendo reiteradamente torturado.

La película no intenta hacer un análisis político ni general de la situación más allá de algunas expresiones y hechos conocidos. En realidad, a lo que apunta Martín Solá, su director argentino, es a que escuchemos la historia en boca del protagonista y de algunos de sus familiares, mientras algunas imágenes nos van describiendo las cárceles de la época -–por un lado— y la situación de algunos asentamientos palestinos ahora, además de las entrevistas a cámara, de las cuales se destacan las de dos de sus familiares.

El filme es fuerte y potente pero a la vez excesivamente solemne y hasta pomposo, con el tono lento de voz de Hamdan llevando oralmente a los espectadores a escuchar una situación que no por cruenta y terrible deja de ser conocida: interrogatorios crueles, torturas, cárceles agobiantes, castigos, etc. Hay algo en ese tono cansino que intenta reflejar el estado mental en el que ha quedado el protagonista, cuyo rostro parece ir de la tristeza al enojo en todo momento. Y lo mejor de HAMDAN, la película, parece sintetizarse en ese rostro suyo que Solá mantiene en primer plano y en silencio en varias escenas: más que la historia o las escenas ya conocidas o imaginables, la cara del hombre expresa todo lo que no hace falta explicar: la bronca, la furia, la frustración, el miedo, el cansancio y se abre, por sí sola, a potenciales explicaciones o análisis de esta terrible historia que se vive ya hace demasiadas décadas en esa zona y que no parece terminar jamás.

 

INVASION, de Abner Benaim

invasion-560x310Abner Benaim encontró un formato original para contar una historia que fue impactante en su época pero que, llamativamente, parece hoy haber sido bastante olvidada. No solo en el mundo, sino en el propio Panamá. El filme que representó al país en el Oscar intenta ser una película sobre la memoria, más que los acontecimientos en sí, que tuvieron lugar a fines de 1989 cuando Estados Unidos invadió Panamá con el objetivo, aparente, de sacar del país a su presidente, Manuel Noriega.

Benaim no muestra ni fotos ni entrevistas ni imágenes de la época. Lo que hace –apareciendo él en cámara junto a su equipo técnico, algunos de ellos argentinos ya que la película es una coproducción—es entrevistar a decenas y decenas de personas para que le cuenten sus personales recuerdos de aquellos cruentos y salvajes días en los que, queda claro, la invasión en cuestión fue mucho más cruenta que la simple extracción de un dictador y consistió en asesinatos a mansalva por las calles (eso que los americanos llaman “daños colaterales”) y, también, en una serie de descontroles y saqueos por parte de una población muy dividida en cuanto a lo que estaba sucediendo, ya que muchos de ellos deseaban el fin de la presidencia de Noriega y otros los defendían.

Entrevistas a cámara –algunas en estudio, otras en las calles, algunas de ellas muy dramáticas—se mezclan con una suerte de reconstrucciones de situaciones que tienen más que ver con la forma de encarar ese formato que usó Joshua Oppenheimer en THE ACT OF KILLING que en los típicos “reenacments” (o reconstrucciones) de los documentales. Si bien la zona en la que trabaja Benaim aquí sigue siendo éticamente un tanto cuestionable (hacer a personas “actuar” de muertos en la calle o ser subidos en bolsas a un camión, por ejemplo), el contexto en el que lo hace lo vuelve más atendible, ya que lo vemos al director y a las personas conversando sobre cómo fueron esos hechos y, casi como jugando a la ficción (de ahí la comparación con el filme de Oppenheimer), mostrando el detrás de escena de esas reconstrucciones.

Se da a entender que la invasión en cuestión tuvo otros motivos también –algo que el filme reserva para el final, su parte más estrictamente política—y mientras figuras conocidas (Roberto “Mano de Piedra” Durán y Rubén Blades, entre otros) dan sus opiniones y recuerdos acerca de lo que sucedió en esos días se va formando un rompecabezas de la memoria que intenta devolver al pueblo panameño recuerdos que parecen irse borrando, ya que –según comentan algunos chicos que nacieron después del hecho, si  bien el muestreo no es muy amplio que digamos—nadie recuerda ni sabe bien qué pasó en esos días allí. Películas como ésta sirven para que estas historias vuelvan a salir a la luz y no vuelvan a repetirse…