Series: crítica de “The Americans” (Temporada 5)

Series: crítica de “The Americans” (Temporada 5)

por - Críticas, Series
13 Jul, 2017 05:44 | Sin comentarios

Luego del éxito de la temporada anterior, llamativamente este 2017 una de las mejores series en el mercado tuvo un año flojo, desorganizado en lo narrativo y sin ejes dramáticos demasiado muy claros. Pese a eso, esta creación de Joe Weisberg sobre dos espías soviéticos en los Estados Unidos en la década del ’80 sigue siendo uno de los mejores productos de la última gran era de las series televisivas: la de principios de esta década.

Fue un poco raro lo que sucedió en este año con THE AMERICANS. Casi irónico, se podría decir. Después de una notable cuarta temporada tras la que, finalmente, empezó a atraer muchas miradas, incluyendo las hasta entonces esquivas nominaciones a los premios Emmy, la serie presentó la más floja de todas sus temporadas. Mala no es, porque el nivel de la serie es tan alto generalmente que, como máximo se puede considerar un tropezón, una temporada confusa narrativamente y sin ejes claros. De todos modos, los pilares básicos que la catapultaron a ser una de las mejores series de los últimos años siguen estando ahí.

THE AMERICANS es una serie rara en el sentido que, al menos para muchos de sus fans, los “casos” en los que la pareja de espías rusos, Phillip y Elizabeth Jennings (Matthew Rhys y Keri Russell), trabaja año a año suelen ser secundarios o menos interesantes que la evolución de su historia familiar. Durante varias temporadas, lo central fue la inestabilidad matrimonial. Luego, el descubrimiento de su hija Paige de que ellos eran espías rusos. ¿Y ahora? La serie no parece tenerlo muy claro: las tensiones familiares y los problemas con Paige ya no son tan complicados y los nuevos inconvenientes con el hijo menor –un personaje al que nunca se le ha dado mucho desarrollo– no logran imponerse. El creador Joe Weisberg ha pensado que el “tema familiar” a resolver sea la idea de irse o quedarse, si seguir haciendo un trabajo que cada vez los está golpeando más en lo emocional o volverse a la Unión Soviética.

El tema es potencialmente fuerte pero fue tratado más como algo lanzado hacia futuras temporadas que como un asunto a resolver en ésta. Sin ese eje claro, la serie podría apoyarse en los específicos casos a resolver, pero este año entraron y salieron desordenadamente y, salvo uno (el de la familia rusa que defecciona a EEUU), muy poco queda de los demás, entran y salen de la trama (el hijo ruso de Philip, los cultivadores de vegetales, etc, etc) dejando pocas consecuencias. De hecho, curiosamente, resultan más interesantes –aunque alejados de la trama central– los problemas en los que se mete en Moscú el regresado agente Oleg Burov (Costa Ronin). Y ni siquiera un nuevo personaje ligado al Agente Beeman (Noah Emmerich) –una pareja que puede o no también ser una espía soviética– crece lo suficiente como para volverse central, aunque al menos nos deja con la sensación que habrá revelaciones el año que viene.

Pero hay otra cosa que me preocupa más. Uno de los giros más interesantes de THE AMERICANS con el correr de las temporadas 2 a 4 fue el creciente descontento, dudas y desgaste psicológico que los Jennings (especialmente Philip) sentían respecto a sus por momentos duras decisiones y sangrientos operativos. Era un inteligente recurso el de apreciar en profundidad los efectos psicológicos que puede tener para alguien que trabaja como espía hacer durante muchos años un trabajo que incluye, entre muchas otras cosas, matar o arruinarle la vida a muchas personas que no son necesariamente villanos clásicos. El problema es que ahora todo lo que hacen parece torturarlos, al punto que uno se pregunta cómo lograron sostenerse como espías tanto tiempo si se ven tan afectados por cada decisión más o menos controvertida.

La humanización de dos personajes usualmente vistos como villanos es, claramente, uno de los ejes que hizo fuerte a la serie. Pero ya en esta temporada todo les resulta tan tortuoso que a uno le cuesta creer que esas personas hayan podido hacer ese duro trabajo tanto tiempo. Es cierto que los quiebres emocionales pueden ser progresivos (y ambos vivieron momentos muy duros en las temporadas 3 y 4), pero hay momentos en estos episodios que más que una serie lo que parecen necesitar son horas y horas de terapia. Personal, de pareja y de grupo familiar. ¿Quién sabe? Tal vez en la URSS de los ’80 consigan uno pagado por el Estado…

De todos modos, más allá de su caída en relación a temporadas previas, sigue siendo de las mejores series en el mercado. Audaz, inteligente, política, sutil, con un quinteto de grandes protagonistas y un grupo de notables secundarios, todos ellos con un ángulo diferente a la hora de enfrentarse a las situaciones que viven. Pero un poco más de suspenso y tensión (mejor organizadas y narradas) y un tanto menos de confesiones atormentadas no estaría mal para la siguiente temporada.