Series: crítica de “Succession“ (Temporada 2)

Series: crítica de “Succession“ (Temporada 2)

por - Críticas, Estrenos, Series, Streaming
24 Oct, 2019 07:50 | comentarios

Más allá de las obvias y evidentes diferencias que este grupo de multimillonarios pueda tener con el resto de los seres humanos, los principales problemas que los conmueven son comunes a todos: las complicadas relaciones familiares. Una fascinante historia de poder que mezcla drama y comedia en una síntesis casi perfecta.

“No real persons involved“, dice el mantra usado por el departamento de cruceros y entretenimientos varios de Waystar Royco, la mega-corporación familiar de los Roy, encabezada por el patriarca Logan (Brian Cox). La frase tiene una connotación técnica específica y bastante despreciable (los que no vieron la serie ya descubrirán cuál es) pero puede aplicarse también al universo entero de SUCCESSION, probablemente incluyendo a la familia protagónica. En el mundo creado dentro y alrededor de los Roy no parecen haber “personas reales“: hay necesidades, objetivos, metas, deudas y cuentas pendientes, cálculos, negociaciones. Es un mundo sin sentimientos ni aparentes valores. Una suerte de sálvese quién pueda de multimillonarios para los que quedarse con apenas cinco millones de dólares cuenta como un fracaso. “Sos la persona rica más pobre de los Estados Unidos“, sentencia uno por ahí.

Acaso sea cierto. En ese universo en el que los aviones y helicópteros son usados como transporte público y en el que uno aparece en un yate en medio del Mediterráneo como si se hubiera tomado un Uber para llegar, el dinero que se maneja es tan demencial que deja de ser importante. Es todo cuestión de posicionamiento, reconocimiento, orgullo. En la segunda temporada –aún más que en la primera–, los Roy atraviesan serias amenazas externas que pueden poner en peligro hasta su propia existencia. Ya no todo tiene que ver con el término shakespeareano que le da título a la serie. Más que elegir al sucesor de Logan, los Roy deben empezar a pelear por su subsistencia como familia poderosa.

SPOILERS de acá en más para los que no vieron nada de la serie.


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Ya hace rato que la empresa, que maneja un importante imperio multimediático muy de derecha (no es muy difícil asociarlos a los Murdoch de Fox) atraviesa vendavales internos y externos, pero lo que parecía más o menos resuelto al fin de la temporada anterior, a partir del desafortunado “accidente“ de Kendall, vuelve a presentarse con toda la furia. El intento de comprar la compañía de manera hostil persiste, pero esta vez Waystar tiene un flanco débil que cualquiera que haya seguido con atención la temporada anterior pudo ver venir: los sucios escándalos sexuales y criminales que tuvieron lugar décadas atrás en los cruceros de la compañía y que Tom y Greg se ocuparon, malamente, de ocultar. La vieja alarma sonó y, por más que no haya “personas reales“ involucradas, en estos tiempos no se puede zafar de ese tipo de acusaciones sin poner en peligro a las empresas y sin hacer rodar algunas cabezas en el camino.

Si no quieren SPOILERS definitivos –me refiero a los últimos y contundentes diez minutos del último episodio– debería detenerme acá e invitarlos a compartirlos en los comments. Lo que puedo decir es que ese juego de los Roy de, por un lado, ver cómo el veterano Logan elige a un sucesor (la primera en ser anunciada en Shiv, pero todos sabemos que no es tan claro que pueda hacerse cargo del puesto) y, por otro, cómo combaten esas amenazas externas de distintos modos posibles (intentando sin suerte comprar un periódico respetable, incorporando gente a la compañía, mandando al díscolo Roman a aprender el ABC del asunto) es fascinante de observar del modo en el que uno observa una complicada saga familiar clásica. Pueden ser reyes, aristócratas o nuevos ricos. Lo cierto es que la lógica es la misma. Los hermanos se tienen cariño pero pueden mandar en cualquier momento al otro a los leones. Lo mismo sucede con los asesores y gerentes. Y el patriarca, bueno, acaso él sea el verdadero monstruo de esta historia. Bah, nada de acaso. Lo es.

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SUCCESSION es también, resumiendo, una historia de padres e hijos y más específicamente de un padre todopoderoso y de un hijo (Kendall, encarnado con maravillosa opacidad por Jeremy Strong) que no logra ni ser como él ni reemplazarlo. Su fatal error al fin de la primera temporada lo convirtió en un tipo servil y modoso, pero acaso todo estaba planeado por él de un modo más ajedrecístico. No sabemos qué sucederá luego de las revelaciones del final –temo que el crimen de Kendall volverá para complicarle la vida luego de la brutal decisión tomada a último momento–, pero lo cierto es que cierra la temporada de una manera redonda en términos de guion. Un círculo perfecto que se retroalimenta de maneras impensadas pero perfectas.

Si algo tiene la serie creada por Jesse Armstrong, además de un gran elenco, es un guion sólido como un edificio de 200 pisos. No solo en relación a los diálogos (cuya graciosa virulencia es épica y fuerza a pensar en un meme tras otro) sino en cuanto a su estructura central. Si bien es una serie que no se caracteriza por su originalidad visual, tampoco hay necesidad de dar vuelta la cuerda de más. En estos momentos en los que, por otros motivos, se discute mucho qué es cine y qué no es (vean el debate Scorsese vs. Marvel) me atrevo a decir que SUCCESSION es, orgullosamente, televisión.

Por momentos, de hecho, casi se acerca al teatro. Si hay una crítica que podría hacerle a esta prácticamente perfecta temporada es la necesidad, episodio tras episodio, de montar grandes eventos (reuniones empresariales, retiros familiares, festejos, congresos, eventos, etc.) para juntar en un mismo escenario a todos los personajes centrales y a los que los circundan. Da la sensación que la serie ganaría con relatos e historias en paralelo ya que por momentos es evitable el drama de backstage en donde todo tiene que ser resuelto en vivo y en público. Cuando la serie logra escapar a ese compromiso con el suspenso inmediato crece en complejidad, se separa de la necesidad imperiosa de generar permanente fricción.

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Pero, es cierto, los Roy la serie viven de esa fricción. Qué sería de Roman sin una audiencia a la que sacudir con sus comentarios? O de Greg, para hacer precisamente lo contrario (bah, lo mismo pero con resultados casi opuestos). Así, mientras estos personajes que en manos de otros, más torpes guionistas, serían insoportables, gracias a ese daño familiar de origen (los momentos en los que los hermanos están sin el padre presente se puede claramente sentir que podrían haber sido mucho mejores personas) los podemos entender y hasta justificar. Pueden ser crueles, dañinos y brutales, pero también son frágiles, dolidos, dañados. Actúan como salvajes en un intento de sobrevivir no tanto como millonarios exitosos sino como personas.

Lo que nos une a los Roy (acaso no a Logan, aunque hasta él tiene un pasado que lo humaniza… un poco) es que, más allá de las evidentes diferencias de clase, son todos hijos, hermanos y, en un caso, hasta (bastante malos) padres. Y cualquiera que haya pasado por conflictos familiares –acaso más en un asado de domingo que en un yate en las afueras de Grecia– puede reconocerse en muchos de ellos. Serán, como dicen en los Estados Unidos, parte del uno por ciento. Pero en todo lo demás, son iguales al otro noventa y nueve. Personas reales.