Estrenos: crítica de «El hombre invisible», de Leigh Whannell

Estrenos: crítica de «El hombre invisible», de Leigh Whannell

por - cine, Críticas, Estrenos, Streaming
07 Abr, 2020 10:59 | 1 comentario

Esta sorprendente película, que retoma un personaje clásico del cine de terror pero lo reinventa por completo para esta era del #MeToo, se centra en una mujer que trata de escapar de un marido posesivo y violento. Una excelente Elisabeth Moss protagoniza este film de reciente y breve paso por los cines y ya disponible online.

Casi todos los grandes estudios han tratado, a lo largo de su historia, de rehacer o reformular sus grandes títulos. De superhéroes a películas de terror, de monstruos a films animados, no hay «IP» (sigla en inglés de Propiedad Intelectual) que no haya sido exprimida hasta el hartazgo. Raramente se ha hecho de manera más o menos original y exitosa. De hecho, uno de los estudios que hasta el momento se había mostrado menos capacitado para reconvertir sus clásicos del siglo XX en franquicias del siglo XXI era Universal con sus Clásicos Monstruos. El primer intento (la versión de LA MOMIA, con Tom Cruise) fue un fracaso tan estrepitoso que decidieron levantar el programa de cuajo, cancelando ya encaminadas versiones de varias películas, incluyendo EL HOMBRE INVISIBLE.

Es por eso que esta versión –que surge como producción de Universal pero desde otro esquema creativo– es una sorpresa doble y mayúscula. No solo porque reinventa un personaje clásico del terror hollywoodense (y de la literatura, ya que antes de ser una película de James Whale fue una novela de H.G. Wells) sino porque lo hace de una manera completamente distinta a la original y, a la vez, preservando cierta idea de canon. A eso hay que sumarle un elemento que la vuelve, sino esencial, al menos importante: es una película de suspenso que toma como tema central la violencia de género de una manera lógica y natural. Es decir, no «aprovecha» uno de los temas clave de la época sino que lo integra de un modo completamente coherente con su premisa. Y tiene a una actriz como Elisabeth Moss como protagonista, lo cual le da un plus enorme a toda la propuesta.

Durante su primera mitad, EL HOMBRE INVISIBLE podría casi catalogarse como un drama psicológico acerca de una mujer que escapa de las garras de un marido posesivo, dominador y violento. Tras una larga, silenciosa y extraordinaria secuencia inicial en la que Cecilia Kass (Moss, sufrida y resiliente, como es casi su modus operandi últimamente) logra escapar con lo justo, y gracias a la ayuda de su hermana Alice, de la lujosa y tecnológica mansión de su millonario marido, la mujer se muda a lo de James, un amigo de la infancia (Aldis Hodge) que vive con su hija adolescente.


Pero como sabe cualquier superviviente de violencia doméstica, no es fácil atravesar sin miedo el día, ni las semanas, ni los meses posteriores. Acaso nunca se va del todo el trauma de haber atravesado experiencias horrendas de ese tipo. Y eso es lo que le pasa a Cecilia, que no se atreve a salir a la calle, que duerme con un ojo entreabierto y que vive nerviosa todo el tiempo. Hasta que un día se entera que Adrian, su dominante ex, se ha suicidado. Es ahí que empieza a relajarse, a ir volviendo de a poco a la vida. La situación parece mejorar aún más cuando se entera –vía el timorato hermano de su ex marido– que el hombre le ha dejado una gran suma de dinero a ser pagada en cuotas mensuales.

El film del guionista de SAW e INSIDIOUS (sí, cuesta creer que alguien que pobló sus películas de momentos de violencia directos y obvios ahora se pase del lado de la sutileza del miedo al espacio vacío y a los sonidos casi inaudibles) empieza a pegar un giro cuando, haciendo honor al título de la película, Cecilia empieza a sentir ruidos y movimientos extraños alrededor suyo. Aparecen y desaparecen cosas, ella se descompone en público y más situaciones así.

Cuando Ceciliar intenta explicarle a los demás sus sospechas de que su marido puede no haber muerto y estar stalkeándola de alguna manera tecnológicamente avanzada (de entrada queda en claro que Andrew es un empresario e inventor en el mundo del hi-tech) es obvio que nadie le cree y que ponen todo del lado de su desorden post-traumático. Seguramente la película sería mucho más interesante si sostuviera esa inquietud a lo largo de todo su metraje, pero no sería un thriller comercial llamado EL HOMBRE INVISIBLE sino un drama de autor sobre las consecuencias de la violencia doméstica. De este modo, consigue ser las dos cosas.


Su segunda mitad puede no ser tan inquietante como la primera, pero de todos modos funciona muy bien. Whannell encuentra maneras muy ingeniosas de armar escenas de suspenso a partir del uso del espacio, con movimientos de cámara que descolocan, haciendo un uso particular del llamado «espacio negativo» del plano, recorriendo lugares vacíos lentamente como esperando que el espectador descubra allí esa presencia espectral que puede estar o no. La película tendrá, de allí en adelante, más un carácter de thriller, pero nunca perderá el eje de lo que está narrando ni el cómo. Quizás una remanida doble vuelta de tuerca sobre el final esté un tanto mal manejada, pero no le quita prácticamente nada a la potente experiencia que es la película en sí.

Es que no es sencillo, en estos tiempos de franquicias enfocadas puramente en abrumar a la audiencia con escenas de acción, armar un relato a partir de elementos mínimos: espacios, (des) apariciones, juegos de suspenso con lo que no está. En algún sentido, si se le saca su elemento más «tecnológico», EL HOMBRE INVISIBLE está más cerca de esos thrillers de los ’80 o ’90 (pensemos en ATRACCION FATAL o DURMIENDO CON EL ENEMIGO) que con los tanques actuales. Y, en paralelo, esa idea de pelear contra «un enemigo invisible» que acecha donde uno no lo espera ni imagina, creando miedos e inquietudes de todo tipo (explicables o no, racionales o no), conecta casualmente con la época de encierro que nos toca vivir.

Detrás de este bienvenido invento está Jason Blum, el productor que hoy está probando al mundo con películas como HUYE! o THE PURGE que se pueden crear muy buenos relatos de suspenso y terror, con un presupuesto módico, mucho ingenio y con la mirada puesta en la realidad circundante. Es, un poco, el Val Lewton de esta época. Así como el mítico productor se especializó en pequeños grandes films de Clase B en los años ’40 y ’50 (películas hoy clásicas como LA MARCA DE LA PANTERA o LA SEPTIMA VICTIMA), Blum heredó esa inteligencia y, cada vez más, se atreve a llevarla sus ideas a películas más grandes.

Por último hay que destacar el trabajo de la incansable Moss, el único nombre famoso de un elenco de actores poco conocidos. En una película armada con precisión de relojería durante gran parte de su metraje (pese a su algo enredado final), la actriz de MAD MEN y EL CUENTO DE LA CRIADA transmite como pocas pueden hacerlo el dolor, el pánico y, finalmente, la voluntad de salir adelante pese a todo que tienen las víctimas de todo tipo de violencia de género. Puede parecer excesivo hablar de eso en el marco de una película sobre un hombre invisible que persigue y acecha a la mujer que lo dejó, pero en un universo de monstruos que son, esencialmente, clásicas metáforas, esta es una que funciona a la perfección.