Estrenos online: crítica de «Downhill», de Nat Faxon y Jim Rash

Estrenos online: crítica de «Downhill», de Nat Faxon y Jim Rash

por - cine, Críticas, Estrenos
04 Abr, 2020 10:40 | 1 comentario

Will Ferrell y Julia Louis-Dreyfuss son los protagonistas de esta curiosa e innecesaria remake del premiado film de Ruben Östlund «Force Majeure», centrado en una familia que empieza a desintegrarse tras un egoísta acto del padre. A mitad de camino entre el drama y la comedia, la película nunca parece encontrar su tono adecuado.

Si bien las remakes estadounidenses de exitosas películas extranjeras (europeas, latinoamericanas, asiáticas, lo que sea) es una práctica muy común en Hollywood, hay pocos casos como el de DOWNHILL. ¿Qué es lo que tiene de particular esta película? Se trata de una versión del exitoso film sueco FORCE MAJEURE, de Ruben Östlund. Y su particularidad es que se escapa del serio drama del film original (ver crítica aquí) para convertirse en algo que, al menos en principio, se parece más a una comedia.

Y esa impresión se acrecienta en función de los protagonistas: Will Ferrell y Julia Louis-Dreyfuss, dos actores especialistas en el género. Si a eso se le agrega que los directores y co-guionistas vienen de trabajar en comedias (son los guionistas de LOS DESCENDIENTES, de Alexander Payne, y los directores de UN CAMINO HACIA MI, dos películas con componentes dramáticos, pero comedias al fin) da toda la impresión que estamos ante un proyecto por lo menos curioso.

Y eso es lo que parece DOWNHILL de entrada, y también en muchos otros momentos sueltos a lo largo de su curiosamente breve metraje. Estamos –o parecemos estar– ante Ferrell y Dreyfuss haciendo una suerte de paródica versión de aquel potente drama sueco en el cual una familia empieza a desintegrarse cuando, en medio de una peligrosa avalancha de nieve que tiene lugar en la mirador del restaurante de un hotel alpino en el que pasan sus vacaciones, el padre decide salir corriendo y abandonar ahí a su mujer y a sus dos hijos varones.


Aquí la situación es similar solo que exagerando el costado cómico del norteamericano metido en un lugar con costumbres diferentes (en este caso, el ski resort al que van es en Austria). Hay personajes claramente puestos como refuerzos humorísticos –una mujer de fuerte acento alemán y rara dicción que es muy liberal sexualmente (Miranda Otto), además de un instructor de ski italiano seductor– y un tono que durante un buen rato parece apostar a tratar todo ese asunto como una farsa.

Es raro, entonces, cuando después del episodio de la avalancha, DOWNHILL gira bruscamente al drama. Por lo general, en la comedia dramática al estilo clásico norteamericano, el humor va dando paso al drama progresivamente y hasta la más graciosa de las películas puede concluir en un asunto lacrimógeno. Pero aquí el quiebre sucede, digamos, al final del primer acto, lo cual no solo fractura el modelo sino que le traslada problemas de tono al resto de la película.

Es que de ahí en adelante, todos los intentos cómicos se sentirán falsos, fuera de lugar, chistes que caen en seco en medio de una situación que ya está planteada de manera muy clara: madre e hijos ya no confían en el padre y él no puede (o no quiere) asumir que se fugó del problema, prefiriendo negar lo que pasó o dar una versión distinta. Esta crisis explotará en un encuentro con un amigo de él (Zach Woods, de SILICON VALLEY) que llega allí con su joven y cool pareja, en una situación que remitirá a la película original pero con algunas diferencias.

La versión de Faxon y Rash (con colaboración en el guión de Jesse Armstrong, el creador de SUCCESSION) tendrá que lidiar con ese choque de tonos casi hasta el final de la película, en la que el drama ya se adueña de todo y los propios actores entran del todo en sintonía con lo que se cuenta. Al que le cuesta más es a Ferrell (acaso porque el propio personaje niega el drama de pareja que están viviendo), ya que Dreyfuss entiende más rápidamente lo que la película pide de ella y abandona enseguida las morisquetas.


El incómodo cambio de tonos es solo uno de los problemas de DOWNHILL. El otro tiene que ver con cierta simplificación psicológica de los conflictos de pareja que se presentan. Sea por los traumas del pasado de él o por la necesidad de otorgarle a la película una vuelta de tuerca, si se quiere, feminista (en la versión sueca los roles genéricos no parecían cuestionarse demasiado), la remake se vuelve un tanto más reduccionista y clara en sus cuestionamientos. El es egoísta y no termina de comprometerse con su mujer y sus hijos, pero el rol de ella es diferente aquí al de la película original, algo que seguramente tiene que ver con un guión que intentó repensar los modelos de maternidad.

Hacia el final, Faxon y Rash ofrecen algunos interesantes giros y modificaciones respecto al film original que son efectivos e inteligentes a la hora de pensar qué es lo que implica volver funcional a una familia contemporánea, pero que no logran rescatar del todo al film del curioso pantano en el que se ha metido. Como la original, DOWNHILL pone en juego elementos inquietantes a la hora de pensar la relación entre el individuo y la familia, el egoísmo y el sacrificio, los límites de la solidaridad y, si se quiere, la devoción. Y si la película sueca por momentos se pasaba de introspectiva y de bergmanianamente desgarradora, esta opta por alivianar la carga y hacerla más accesible y llevadera. Aquí, no hay dudas, el «envase» es más accesible y tranquilizador. Pero al final, la inquietud sigue ahí.