El hombre que le disparó a la balanza de la libertad

El hombre que le disparó a la balanza de la libertad

por - Críticas
22 Jul, 2011 03:02 | comentarios

Algunos lectores seguramente vieron y recuerdan una película argentina llamada EL VIENTO SE LLEVO LO QUE, de Alejandro Agresti, que -parece mentira ahora- ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián hace ya más de una década. Esos mismos recordarán, más que cualquier otra cosa, el punto de partida, la idea central de […]

Algunos lectores seguramente vieron y recuerdan una película argentina llamada EL VIENTO SE LLEVO LO QUE, de Alejandro Agresti, que -parece mentira ahora- ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián hace ya más de una década. Esos mismos recordarán, más que cualquier otra cosa, el punto de partida, la idea central de la película: un pueblo alejado en el que las películas se proyectaban con los rollos cambiados generando en sus habitantes una lógica bastante absurda no sólo en su experiencia cinematográfica sino hasta en sus comportamientos.

Recordé esta “broma” el otro día viendo una película subtitulada bajada de internet. Veo cosas bajadas de internet, como cualquiera, aunque en general lo reservo para películas que no se estrenan en la Argentina (o van directo a DVD) o series. Raramente veo estrenos comerciales y me rehúso a ver películas que no tengan, mínimamente, una calidad DVD. Al margen del tema que me convoca ahora, creo que la experiencia cinematográfica puede llegar a tornarse espantosa si la gente se acostumbra a ver cosas filmadas con camcorders sólo para poder ver en casa, por unos pocos pesos, algo en simultáneo con su estreno.

Además de eso (ya de por sí, tremendo) hay algo que me preocupa aún más: el subtitulado. Tengo un manejo del inglés pasable y veo películas sin subtítulos ya hace muchos años por lo cual en general no los bajo, sino que las veo directamente en su idioma. Uno se pierde cosas, claro, y puede comprender mal o costarle seguir a la perfección un argumento, pero el esfuerzo en general rinde sus frutos y el inglés va mejorando con la experiencia y el acostumbramiento. Es por eso que la experiencia del otro día, al bajar un filme ya subtitulado en la imagen, me shockeó. El subtitulado era, literalmente, espantoso: traducían lo que querían, como querían, ponían cosas que no tenían relación alguna con lo que se decía, generando diálogos que no eran los reales y creando una trama casi paralela a la verdadera. Si saben un poco de inglés y hacen el esfuerzo de comparar lo que escuchan con lo que leen, se dan cuenta rapidamente que algo no funciona del todo bien.

Se entiende que el subtitulado es una reducción del texto, aun el hecho profesionalmente a partir de una lista de diálogos. Y, también, se entiende que este tipo de subtitulado lo hace gente con ganas de compartir, democráticamente (algunos lo harán por dinero, otros no), y nadie les toma examen de idiomas. No estoy aquí criticando lo mal que subtitulan: ese es un problema que deberán resolver los que suben películas preocupados por tener la primera copia subtitulada online y no esperar a brindar una mejor. Lo que me resulta curioso y potencialmente problemático es la posibilidad de estar creando una aldea similar, pero global, a la de la película de Agresti, en la cual la gente entienda cualquier cosa de las películas a partir de subtitulados absurdos y caprichosos y, si seguimos el mismo juego que el de aquel filme, generar una sociedad donde la gente actúe con la absurda lógica de esos subtítulos arbitrarios.

No hablo acá necesariamente de que utilizan un Google Translate. Hablo de gente que toma la decisión de suponer qué es lo que la otra persona dice y subtitular en consecuencia. Y de un espectador que da por sentado que ese subtítulo es preciso y traduce lo que allí se está diciendo. Suele molestar una falta ortográfica, pero no muchos se plantean si lo que se subtitula es correcto. La ortografía, créanme, es lo de menos. De hecho, está bueno que existan esos errores, ya que al menos nos recuerdan que es un subtitulado tentativo, amateur, y que podemos dudar de lo que allí leemos.

Me imagino que en las corridas por tener la primera copia subtitulada de una serie a la madrugada siguiente a su emisión (conozco muchos fans que desesperan a la 1am cuando no aparece el torrent o el link a la descarga directa del S03 E12 de alguna serie que terminó de emitirse dos, tres horas antes), los que subtitulan lo hacen a velocidad crucero, sin preocuparse demasiado en detalles como, bueno, poner en los textos algo más o menos similar a lo que dicen los actores. Ese acto competitivo, de ser los primeros, termina siendo el mas cruel, el que peores resultados genera. No veo Cuevana pero imagino que allí pasa algo parecido.

Pensaba que las películas que ya tenían un tiempo dando vueltas no sufrían tanto estos problemas, pero me pasó lo mismo con la que vi, que de novedad no tenía nada. Mientras se hagan “de oído” y por gente de un inglés, digamos, apenas discreto, esos problemas persistirán. Este texto no va por el lado de una defensa de la industria contra la piratería, ni nada por el estilo (ese será tema de otro post, llegado el caso). Pero me preocupa que las películas, al menos, se vean más o menos bien y se comprenda el sentido de lo que se dice en ellas. Digo, aunque un significado cambiado en la traducción pueda ser una experiencia si se quiere surrealista o cómica, no es del todo recomendable de manera constante si uno no quiere terminar viviendo en un pueblo como el de Ulises Dumont en esa película bastante indigesta.

¿Soluciones? Difíciles de encontrar. En principio, estudiar inglés (en el caso de otros idiomas, no sé bien que pasa porque yo suelo bajar subtítulos en inglés y también me pueden estar engañando a mí así, por lo que imagino que la experiencia será parecida). Si no alcanza con el inglés para escuchar sin tener que leer, recomendaría bajar subtítulos en inglés y ahí sí hacer un chequeo, ayudarse con el texto. Tercera opción: leer en castellano tratando de prestar atención a si tiene lógica y sentido lo que se esta diciendo. Y la última: o chequear quien o quienes son los subtituladores (ya hay “marcas” al respecto, todos lo saben) o resignarse y entregarse a que sea lo que sea. Es parte de “la magia” del cine.

Pregunta a los lectores: ¿Cuál es su experiencia con el subtitulado online? ¿Cómo lo llevan? ¿Alguna anécdota para compartir?

PS. Para los que se preguntan el porque del titulo, es una mala traducción (ni siquiera literal) de THE MAN WHO SHOT LIBERTY VALANCE, de John Ford.