¿Doblada o subtitulada? Un problema más complejo de lo que parece

¿Doblada o subtitulada? Un problema más complejo de lo que parece

por - Críticas
07 Ene, 2012 06:16 | comentarios

Hace rato que se está hablando de un fenómeno que a muchos de mi generación nos resulta lamentable: la preferencia de chicos y, especialmente, adolescentes, por ver películas dobladas en lugar de subtituladas. Se entiende que suceda con los chicos. De hecho, siempre se doblaron las películas infantiles. Pero aquellos filmes para un público más […]

Hace rato que se está hablando de un fenómeno que a muchos de mi generación nos resulta lamentable: la preferencia de chicos y, especialmente, adolescentes, por ver películas dobladas en lugar de subtituladas. Se entiende que suceda con los chicos. De hecho, siempre se doblaron las películas infantiles. Pero aquellos filmes para un público más adulto solían venir solamente subtitulados. Existe, claro, una zona intermedia entre el “cine para niños” y “el cine para adultos”. Ese es el público al que apunta especialmente Hollywood, el que va de los 11 a los 20, digamos (años más, años menos), con sagas como HARRY POTTER, TRANSFORMERS, EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, PIRATAS DEL CARIBE, etc, etc. Esos filmes, en los últimos años, suelen venir mayoritariamente en copias dobladas. Y son esas las que, aseguran, más recaudan, quedando las otras para las funciones nocturnas en las zonas urbanas, una especie de segmentación de edad y, digamos, “de nivel educativo”. Para la mayoría de los cinéfilos, y me incluyo, el tema es casi doloroso y nos da por añorar la época en la que eso no existía. Lo que no consigo del todo entender es la razón del cambio.

La tesis más usada parece ser la siguiente: los chicos ya no quieren leer, o no leen rápido, y prefieren el doblaje y no les importa no escuchar el original. Suponen que nada se pierden y que, de hecho, si se sabe que no se lee suficientemente rápido casi es conveniente no perder tanto tiempo mirando la zona baja de la pantalla. Esto se suma a otra serie de consideraciones: los chicos ya no leen libros, no tienen educación, miran tele todo el día y una serie de cosas que suenan, para mí, a aquello de “todo tiempo pasado fue mejor” o algo por el estilo.

Sin embargo, a mí, esa ecuación “chicos no leen” no me cierra del todo. Es cierto que puede haber una baja en el nivel educativo (no lo sé, no soy especialista en el tema, no tengo los números), pero a la vez hay una cantidad de medios en donde los chicos pueden y deben leer que nosotros no teníamos a esa edad. Me refiero, claro, a internet y a los celulares. A mis diez, doce años, tendría a lo sumo pocas opciones televisivas y radiales y podía ir por la vida sin leer mucho y no tener demasiados problemas. Teníamos los libros o las historietas, claro, pero no eran tan omnipresentes en la vida cotidiana como hoy es internet.

Es casi imposible transitar por la red sin leer. Informaciones, textos, youtube, taringa, dónde apretar para bajar algo, para abrir algo, para linkear algo. Es más, es casi imposible no aprender algo de inglés usando internet de manera cotidiana. Además de eso, la velocidad a la que se suele hacerlo obliga también a velocidad de lectura. Las páginas pasan, las pestañas del browser, los links, etc, etc. Y esto sin hablar de chats o Twitter o mensajes de texto. Veo a adolescentes hacer alguna de estas cosas y me sorprende la velocidad a la que leen y con la que escriben. No hablemos de ortografía -eso es un terreno inmanejable-, pero sí de la posibilidad de escribir y leer textos que, mal que mal, se entiendan.

¿Entonces porqué esos mismos adolescentes que textean y leen y twittean por la red no quieren leer subtítulos en el cine? Una opción que se me ocurre es que la cantidad de información que dan las películas (en términos de trama), y a la velocidad que se da en función de los nuevos modos “velocidad Michael Bay” de montaje, si uno ocupa buena parte del tiempo leyendo, o bien se pierde algo de la lectura o bien desde lo visual. De cualquiera de los dos modos, es información. Al no leer, la concentración pasa por el mismo lado: se mira y se entiende a la vez. ¿El costo? Tom Cruise y Johnny Depp te hablan en latino neutro. ¿Vale la pena? ¿No?

Odio el doblaje, quiero que quede claro. Pongo la tele y me cruzo con una película y por más ganas que tenga de verla (o reverla, o repasar un rato), apenas noto que está doblada cambio automáticamente, como si me fuera a infectar un virus letal del que luego no podré zafar. Pero estoy tratando de entender lo que sucede. El otro día, un tweet de Adrián Caetano me dejó pensando. Creo que era un intercambio que mantenía con el colega crítico cordobés Miguel Peirotti acerca de este tema. Y Adrián se manifestaba a favor del doblaje. ¿Su explicación? La cantidad de información visual que se pierde al leer. Es cierto, por más rápido que uno lea, el ojo sólo consigue sumar la lectura y el “centro” visual del plano. Si leemos seguramente nos perdemos cosas que pasan por el costado, sutilezas de la mirada, pequeños gestos con las manos o detalles específicos. Ahora bien, para poder acceder a esa información visual, el costo es escuchar en castellano. O, como decía Peirotti, aprender a hablar inglés y listo.

Los que tenemos un inglés pasable a veces hacemos estos ejercicios de ver películas un rato leyendo y otro rato sin leer, o leyendo sólo en caso de dudas. Y es, claramente, diferente la experiencia. El nivel de recorrido visual que se puede hacer en un plano si no se lee es impresionante, en relación al que se hace leyendo. Y, volviendo a las películas para adolescentes, esto se hace más notorio cuando los planos son cortos, la organización de los mismos tirando a caótica, y las tramas tienden a ser particular e innecesariamente rebuscadas.

A mí me pasó recién mirando MISION IMPOSIBLE 4. Cortes veloces, mucha información, leer y mirar todo lo que pasa en el cuadro puede llegar a transformarse en un ejercicio mentalmente agotador. Para los que tenemos ya miles de estas películas vistas -y estamos un poco agotados del rollo por el rollo mismo- en un punto abandonamos la idea de tratar de entenderlo todo (si tal engañó a tal, y tal otro no es quien decía ser, y si aquel traicionó al héroe pero después resulta que no, pero después que sí, etc.) y nos dejamos llevar por el espectáculo visual. Esto, hace años, habría sido visto como una traición, una manera banal de ver el cine. Yo creo, y hoy más que nunca, que el cine es y debe ser información visual. Eso que Hitchcock decía es más cierto hoy que nunca en este tipo de películas (los diálogos sólo deben aparecer cuando no hay forma de transmitir cierta información visualmente) ya que combinar esa superabundancia de efectos visuales con excesivo diálogo torna la comprensión de los filmes en algo dificultoso.

Creo que este exceso de información puede llevar a algunos adolescentes no especialmente “talibánicos” con el subtitulado a preferir el doblaje. No sé si podrían explicar porqué, pero entra dentro de la idea de no querer perderse nada de lo que está pasando en la pantalla. Otra opción que se me ocurre es que, a diferencia de las generaciones anteriores, ellos nacieron con la opción del cine doblado en las salas y en internet, además de la televisión y de muchos canales de cable. Ergo, no hay una diferenciación clara como la que teníamos nosotros: doblada en la tele, subtitulada en el cine, y punto.

Igual, hay elementos que me sorprenden de este favoritismo por el doblaje. Siento que, casi, el proceso debía haber sido inverso. Hace 50-40 años, nuestros países casi incomunicados con el resto podrían haber extendido el doblaje y nadie se hubiera quejado demasiado. Nadie escuchaba inglés por todos lados: en la red, en la tele, en la calle, en donde sea. Hoy, el idioma inglés es omnipresente hasta en los carteles publicitarios, y en la vida cotidiana de los chicos, por lo cual su deseo por cerrarse al doblaje suena casi como una paradoja.

Claro, también podrán decir que el nivel educativo promedio de décadas atrás era muy superior al actual. Pero también uno podría decir que las películas de esa época no tenían el beat narrativo tan feroz del cine de hoy. Esto es: podría haber más texto (de hecho, nadie habla ni al día de hoy con la rapidez que se hablaba en las screwball comedies de los ’30), pero los planos eran más largos, se sostenían las mismas imágenes durante más tiempo.

Ahora bien, y para terminar, voy a la pregunta más irritante de todas: ¿nunca se dieron cuenta lo banalmente resumidos y lo reduccionistas que son los subtitulados? ¿No les molesta? Si uno sabe algo de inglés y escucha y lee a la vez, se da cuenta de que los que sólo están leyendo se están perdiendo no sólo sutilezas sino directamente información. Es más, hay veces que el subtitulado es erróneo, equivocado o al menos confuso. Y hablo del cine/cine. Las cosas subtituladas por internet “a mano” directamente te pueden hacer entender una película totalmente distinta a la que estás viendo… ¿Cuántas décadas los argentinos convivimos con subtitulados en los que una larga y rica expresión es resumida a los caracteres que permite el cuadro? ¿A nadie se le ocurrió pensar que el doblaje, en realidad, sólo por mantener el ritmo del movimiento de labios del que habla, da una información mucho más completa y abarcadora? El problema, claro, es evidente: es doblado, es en castellano, no es la voz del actor original. Lo sabemos, es terrible. Pero nadie parece quejarse mucho cuando leen libros traducidos al castellano. ¿O me equivoco?

La opción, como le contestaba Peirotti a Caetano, tendría que ser que todos aprendamos a hablar inglés y que, como sucede en Oslo, Berlín, Viena o lugares así, las películas se den en inglés sin subtítulos de ningún tipo (al menos en los festivales pasa eso, se requeriría otro post para hablar del tema “críticos-que-no-saben-casi-inglés-y-viajan-a-festivales-y-después-escriben-críticas-de-películas-que-entendieron-en-un-25%”) y todo el mundo entienda. Pero es imposible, lo sabemos. Por ahora, será cuestión de entender el fenómeno y tratar de ver cómo evoluciona.

La molestia por el doblaje parece dejar en claro que nuestro punto de entrada al cine sigue siendo, en origen, literario o teatral. Nos jode perdernos las voces y los textos originales, pero no nos molesta perdernos un 50% de información visual de lo que pasa en la pantalla. Si fuéramos al cine pensando puramente como espectadores de cine, el doblaje tendría que ser -en un punto- un problema menor. Sí, es terrible, las voces las escuchamos en otro idioma, pero vemos más y los textos son más cercanos a los originales. ¿No es igualmente terrible perderse gestos, detalles, cosas que suceden fuera del centro focal del cuadro?

Más complicado de lo que parece, ¿no?

PD. ¿Y el subtitulado en 3D? ¿Qué hacemos con eso? Allí hay otro problema que resolver ya que el asunto “campo visual” -el subtitulado está aún más lejos del centro de la imagen- se complica aún más…