Algunos apuntes sobre Roger Waters: The Wall Live

Algunos apuntes sobre Roger Waters: The Wall Live

por - Críticas
18 Mar, 2012 09:08 | comentarios

Intenté varias veces escribir un texto sobre el show de THE WALL, de Roger Waters. No pude. No logro, parece, construir una idea que me conforme del todo acerca de lo que experimenté el jueves, en el sexto show del ex Pink Floyd en River. Las apreciaciones se contradicen entre sí, no consigo armar un […]

Intenté varias veces escribir un texto sobre el show de THE WALL, de Roger Waters. No pude. No logro, parece, construir una idea que me conforme del todo acerca de lo que experimenté el jueves, en el sexto show del ex Pink Floyd en River. Las apreciaciones se contradicen entre sí, no consigo armar un eje, una hipótesis que me cierre. Lo que se me ocurrió entonces, como opción/variante, es publicar las distintas sensaciones, comentarios, pensamientos, de forma suelta, casi como un boceto, un sketch, algo inconcluso y a medio hacer, apto para ser modificado o cambiado por mí o por los lectores. No está en estricto orden cronológico del show. No tomé notas. Son ideas que tuve y que van volviendo, o apareciendo, mientras las escribo. Veamos que sale:

-El sonido es impecable, cuadrafónico o cómo se llame. Tanta es la claridad que realmente dudás si no hay mucho grabado (imagino que algunas cosas habrá, además de las que son evidentes, como las conversaciones, llamados, etc.) y llama la atención especialmente los gritos y sonidos que se escuchan de atrás. No se si la ubicación (Campo, bastante cerca) favorece o no el sonido. ¿Escucharán igual de bien los de la popular o la platea alta?

-Waters no es una estrella o el público que está acá vino porque lo invitó la empresa. La primera vez que veo un recital tan masivo en el que el big rock star sale al escenario y hay unos tímidos aplausos. Nadie se para. Nada. Insisto: Waters no es una estrella. Pink Floyd fue, post Barrett, «a faceless band». No me importa lo que Roger hace en el hotel. Creo que a muy pocos sí.


-Llegamos a ANOTHER BRICK IN THE WALL – PART 2 y la gente sigue sin pararse. Ni uno. Y casi nadie parece saber, no la letra, sino el bendito estribillo que debería saber hasta el último tipo que vino acá. Entiendo cada vez menos donde estoy.

-Ese avión, por Dios, ese avión. ¿Estamos en Epcot Center?

-Las imágenes en video con textura cinematográfica son impresionantes. Te dan ganas de ver eso antes que el escenario, pero no por el tamaño sino por su calidad fílmica. Waters y los músicos se ven feos al lado de cómo se ven en el video. Me gustan las tomas de atrás del escenario, con el público. Funcionan circularmente, como eco, deberían completar la experiencia. El problema es que no parece haber experiencia alguna: es un espectáculo implacable que exige rendición incondicional del espectador, no participación.

-Bueno, pero, después de todo, ¿no es eso de lo que trata THE WALL?

MOTHER, con el video de Waters en la gira de los ’80 atrás, sale bien. «Stripped down» funciona. Va a pasar algo parecido con CONFORTABLY NUMB, pero ahí se extraña a David Gilmour. Esa voz y ese solo siempre fueron suyos.

-El extremo formato «cinemascope» que genera «la pared» es buenísimo. Su utilización por momentos es excesiva, distrae de la posibilidad de reaccionar físicamente a la música, a las canciones. ¿O soy yo?

-El frío de la gente me sigue sorprendiendo. Entiendo que THE WALL trabaja, conceptualmente, la idea de la separación artista y público en un gran estadio (ese fue el punto de partida del disco, sin ir más lejos), pero la música de Floyd en este disco no es fría, ni distante, ni representa esa situación (tal vez la letra, pero no la música). Intenta ser penetrante, desgarradora, poderosa. Pero no parece conmover.

-La gente filma videos y saca fotos. Entendido: es el Cirque du Soleil.
-¿Será que los fans de verdad vinieron a los primeros dos, tres conciertos y los que están ahora acá se sumaron sólo al efecto rebote, al «evento que no te podés perder» según tu banco amigo o tu compañía telefónica? ¿O es el show el que no los invita a movilizarse?

-Todo sigue siendo prolijo, profesional, ensayado al milímetro. Un super musical de Broadway. Me doy cuenta que las imágenes en fílmico no están siendo tomadas en el momento, son grabadas. Tengo que mirar varias veces: todo es tan exacto que sólo te das cuenta si Waters baja o sube un brazo un segundo antes en el show que en la pantalla. ¿Hace falta? ¿Hay vida en un show que imita a un video que imita a otro show?

-Grupos de gente, varios, se van cada tanto, en medio de alguna canción. ¿Quiénes son? ¿Llenadores de asientos como en los Oscars?

-Los muñecos no me funcionan. Es tan HD todo que parecen reliquias de un show que fue y ya no es.

-La película está muy presente, en todas las imágenes. No sé hasta qué punto está bueno que un disco tenga referencias visuales únicas y encasilladas de por vida. Más allá de lo que pienses de la animación del filme de Alan Parker, yo prefiero elegir las imágenes que me produce la música que escucho.

-Me encantaría que todos los shows se escucharan así.

-Waters tiene menos carisma que Gustavo Sylvestre.

-Pienso: es el anti AC/DC. Uno de los shows que más disfruté en River fue el de AC/DC. Más allá de algunas imágenes, era un show de acción y reacción, la música y el espectador se unían en un círculo virtuoso, físicamente. Acá todo pasa por arriba de nuestras cabezas. ¿O será que por la naturaleza de las canciones el disfrute es individual?

-No, no es. Pasa YOUNG LUST y quedamos todos sentados viendo minas en bolas en HD. Ni uno se para, pocos cantan. No es que extrañe el bardo típico del público argentino. Para nada: el entusiasmo «somos el mejor público del mundo» me excede. Pero esperaba, digamos, algo más cercano a lo que pasó en el show de  Paul McCartney: gente grande (como yo, bah!) conmovida, parada, cantando. No, acá es zombielandia. ¿La procesión irá por dentro?

-INTERMISSION. Lo sabía, pero cuando apareció me sentí más en un musical de Broadway que nunca. Es eso y punto. No le busques otra cosa, miralo así. No es rock. Dejó de ser rock hace mucho tiempo. Es una pantomima excesiva de un recital de rock. Pero no es glam, ni camp, ni retro, ni nada de eso. Es una gigantografía de un recital de rock.

-Los «light shows» de Pink Floyd en los ’60 eran revolucionarios, modernos, originales. Hoy los juegos de luces e imágenes en la pantalla se me hacen banales, obvios, predecibles. De vuelta, temo que la película fijó las cosas. Esto es más un show de la película que un show del disco. Que cante Alan Parker y a otra cosa.

-Me gusta ONE OF MY TURNS, me gusta DON’T LEAVE ME NOW, me gusta HEY YOU, me gusta NOBODY HOME. Decidí dejar de ver «qué pasa» con el show. Por momentos cierro los ojos, escucho las canciones y listo, como si volviera a estar en mi cuarto en Adrogué, 30 años atrás. No quiero analizarlo más, no quiero saber qué pasa. No puedo. Puedo. No puedo.

-El chancho que vuela. Get over it!

-Los apuntes políticos que aparecen en la pantalla son obvios, banales y muy festejados. En especial el de los símbolos. Previsible, igual que el chancho…

-¿Fue RUN LIKE HELL un éxito tan grande o la gente se para porque Waters le pide que se pare? Apuesto por lo segundo.

-Los últimos 15 minutos del disco son un plomo. Waters lo sabe. ¿Cómo cerrás un show con todo cuando la música no ayuda? Apostando a los videos, obvio, y tirando la pared por los aires. No sé si funciona. Es un show con tan poca ida y vuelta que no tengo idea si la están pasando bien a un metro mío o se quieren ir a sus casas. Habitualmente te podés dar cuenta.

-Me pierdo en ver cuestiones técnicas, efectos visuales con los ladrillos, formaciones de los planos con la estructura de la pared, las diferencias de un lado al otro de la pantalla. Hay algo que no está bien si hago eso, ¿no? ¿O sí? ¿O no hay otra cosa que hacer?

-Terminó. Gente que espera bises. Yo que espero una salida no caótica y lo consigo. Venía con expectativas tan bajas, temía que podía ser algo tan desagradable, que me voy más o menos satisfecho con el show, sabiendo que lo que vi no tiene nada que ver con un recital de rock. Me obsesiona el sonido y la imagen en los conciertos de estadio, siempre siento que se hacen las cosas mal, hasta U2. Esta vez no lo sentí: para el tecnófilo perfeccionista que hay en mí es un elemento importante.

-La gente. No sé qué le pasa a la gente. No sé quién es la gente. Me cansé de hacer sociología de un montón de personas que no conozco y que, calculo, no me importa demasiado conocer.

-Espero que los espectadores lo hayan disfrutado. Si lo hicieron, no se notó. Igual, calculo, ellos tampo se habrán dado cuenta si yo lo disfruté.

-¿Quedará algún lugar abierto en el Barrio Chino para comer? Mierda, me parece que ya deben estar cerrando…