ARGO versus HOMELAND: un choque de estilos

ARGO versus HOMELAND: un choque de estilos

por - Críticas
18 Oct, 2012 07:48 | 1 comentario

Vi con muy pocos días de diferencia ARGO, la tercera película de Ben Affleck, y el segundo episodio de la segunda temporada de la serie de televisión HOMELAND. Y fue como haber tenido una suerte de epifanía. Bah, epifanía es una palabra demasiado grande para esto. ¿Revelación? No, tampoco. Digamos, entonces, que verlas casi juntas me […]

Vi con muy pocos días de diferencia ARGO, la tercera película de Ben Affleck, y el segundo episodio de la segunda temporada de la serie de televisión HOMELAND. Y fue como haber tenido una suerte de epifanía. Bah, epifanía es una palabra demasiado grande para esto. ¿Revelación? No, tampoco. Digamos, entonces, que verlas casi juntas me hizo pensar un poco más sobre la narración audiovisual, y sobre las diferencias en ese sentido entre el cine y la televisión, algo que vengo pensando desde hace tiempo, especialmente desde que las series parecen haber empezado a ocupar el lugar que cierto cine (cierto cine como ARGO, digamos) ocupaba hasta hace un tiempo. No hay “spoilers” por acá, así que no teman…

Las similitudes aparecen a primera vista. ARGO se centra en un hombre que debe organizar un rescate de un grupo de rehenes en Teherán, en 1980. Su objetivo es sacarlos de Irán haciéndolos (y haciéndose) pasar por un equipo de rodaje de un filme de ciencia ficción hollywoodense. El filme se basa en un caso real, aunque según ya varios reportes está bastante “alterado dramáticamente”. Por su parte, en esta etapa de HOMELAND, la protagonista tiene que colaborar con el asesinato de un líder de Al Qaeda en Beirut y, a la vez, ayudar a sacar de ahí a la persona que le pasó el dato.

Affleck, de una manera bastante inusual para el cine actual, se toma su tiempo en llegar a la parte “tensa y explosiva” de los acontecimientos. Acaso lo hace de esa manera porque la resolución de la historia es conocida o, tal vez, porque confía en usar recursos narrativos clásicos y probados que concitan el interés del espectador sin necesidad de estar lanzándole llamados de atención a la cara todo el tiempo. Comparativamente, ARGO es una película “old fashioned”, clásica, con un arranque intenso (la toma de la Embajada de los Estados Unidos), un largo periodo de desarrollo de historia y personajes -con un fuerte costado humorístico también, por el lado de los productores de Hollywood- y una resolución intensa y muy cinematográfica, que funciona muy bien más allá de los trucos y coincidencias, y pese a que uno sabe cómo va a terminar.

En ese sentido, HOMELAND tiene un problema que, para mí, es inherente a las series de televisión, a la lógica de su funcionamiento comercial: necesitan captar la atención del espectador permanentemente, por lo que son más proclives -muchas de ellas- a lo que podríamos llamar el “falso plot point”, a la necesidad de llevar/distraer la atención del espectador permanentemente, con escenas de acción, pequeños e impostados suspensos, intensidades finalmente neutras (en este sentido, ver especialmente el Episodio 3) que sirven para que el buen hombre que mira la TV no decida, en el corte, cambiar de canal.

Affleck no necesita nada de eso. Sabe que la gente entró al cine y, a excepción de un público de una soberana impaciencia, la mayoría se quedará con él hasta el final. Ese crecimiento lento, exponencial, hace que el final del relato sea realmente fuerte en lo emocional. Es una acumulación de pequeños sucesos que nos lleva a un cierre épico. Y nos gana genuinamente, con recursos nobles y sin demasiadas trampas. Bueno, digamos que ARGO tiene sus trampas y trucos narrativos (especialmente en el final), pero al ser una película sobre la relación entre “la realidad” y “Hollywood”, me parece hasta logrado y original el hecho de que, al resolverse los acontecimientos, sea la narración hollywoodense la que tome por completo el control del filme. Es como si la falsa película que van a filmar se transformara en realidad: ese final es, esencialmente, cinematográfico y hollywoodense, con toda la lógica si se quiere absurda que eso implica.

HOMELAND, por su parte, se plantea con un grado de realismo superior a la media de las series de televisión, pero en lo que respecta a la forma que organiza sus acontecimientos, parece estar ahora respetando más el modelo narrativo hollywoodense actual, de mucha más complicación que complejidad, más pirotecnia que profundidad. En lo que HOMELAND gana -en lo que estas series ganan cuando son buenas- es en la capacidad de generar personajes mucho más ricos, con los que el espectador pasa mucho más tiempo y desarrolla una relación más personal y cercana.

Así, si bien tengo la sensación de que, hoy, ARGO respeta y refleja un tipo de narración clásica cinematográfica que ya casi no existe en el cine, lo que HOMELAND tiene a su favor son sus personajes. Ni Affleck ni ninguno de los rehenes, ni los simpáticos productores de Hollywood, despertarán en el espectador las emociones que le despiertan los personajes de Carrie y Brody en la serie. Si toda la arquitectura narrativa atada con alambres de esta segunda temporada de HOMELAND se sostiene es por la historia de los personajes, por su complejidad emocional y por lo que los espectadores tenemos depositados en ellos. Tomen el Episodio 2 de la Temporada 2 solo, suelto, sin saber la historia previa entre los personajes, y se cae a pedazos.

Hoy, el cine parecería estar perdiendo esa batalla. Más allá de la excelencia de ARGO en casi todos sus aspectos, “el camino del héroe” en el filme es simple, llano y directo. Apreciable, claro, en su espíritu clásico, pero imposible de poner a la altura de un personaje como Carrie en HOMELAND. Ahora bien, lo que Affleck deja en claro es que, sin la necesidad de sacudir la modorra del espectador a los sopapos cada cinco minutos, se puede contar extraordinariamente bien una historia extraordinaria. Que  más allá de la “compleja psicología” de HOMELAND y de sus personajes, el saber narrar con recursos genuinos y nobles, con paciencia y con manejo de los tiempos, es algo que requiere otra serie de recursos. No de guión, no de actuación. De dirección, de puesta en escena.

No digo que sea imposible hacer algo similar a ARGO en televisión, pero usualmente esas series son fracasos comerciales y sólo son recuperadas cuando la gente las ve, luego, en DVD, con la lógica y paciencia de una historia ya cerrada y no de una “in progress”. Tal es el caso de THE WIRE, por ejemplo, o tantas otras series que confiaron en ir desarrollando su historia, intriga y personajes de a poco (MAD MEN podría ser una excepción: funcionó de entrada aunque con un público “de culto”). Y, seamos sinceros, hasta que no empezaron a hacer explotar cosas y a matar gente de maneras bizarras, tampoco BREAKING BAD era un fenómeno de público. En sus primeras temporadas, lo era de crítica más que nada…

En ese sentido, y para cerrar, no es casual que “los nombres” detrás de las series sean las de los creadores/guionistas/show runners (y de los actores) y casi nunca de los directores. Uno diría que el episodio de HOMELAND podía haber cambiado su director en cualquier  momento y casi nadie notaría la diferencia. La “voz”, ahí, es la voz del guionista. En ARGO, no es la voz, sino la “mirada”. Y esa mirada es la del cineasta. Y esa no es tan fácil de cambiar.