Ang Lee, un cineasta de otra época

Ang Lee, un cineasta de otra época

por - Críticas
12 Ene, 2013 10:02 | 1 comentario

En sus 20 años de carrera cinematográfica, Ang Lee ha demostrado una poco común capacidad para descolocar a los espectadores y a los críticos. En una época en la que los directores necesitan dejar claras sus marcas de estilo para transformarse a sí mismos en productos de consumo cultural, el director nacido en Taiwan parece […]

Ang_LeeEn sus 20 años de carrera cinematográfica, Ang Lee ha demostrado una poco común capacidad para descolocar a los espectadores y a los críticos. En una época en la que los directores necesitan dejar claras sus marcas de estilo para transformarse a sí mismos en productos de consumo cultural, el director nacido en Taiwan parece correr por el camino opuesto y esconderse, cada vez más, detrás de sus propias películas. Transformarse en una mano oculta, disimulada, que deja que las películas hablen por sí mismas, como se solía hacer en el primer medio siglo de historia del cine.

Es que en el camino de transformarse en autores no sólo van los cineastas con marcas más obvias (uno puede nombrar aquí a Quentin Tarantino, Tim Burton, Wes Anderson, Pedro Almodóvar y mil otros) sino muchísimos otros que, aún cambiando de géneros y de estilos, se manejan dentro de universos propios y bastante continuos que son parte de una obra, de una carrera. Casos más obvios, Steven Spielberg o Martin Scorsese.

ang lee brokebackEl caso de Lee es bastante paradójico. Si bien hay rasgos temáticos bastante coherentes a lo largo de su obra, sus películas no se parecen casi nada entre sí. Se puede decir que su tema central podría ir de la mano con el título de una de sus películas, SENSATEZ Y SENTIMIENTOS, ya que muchos de sus filmes ponen en juego esa “batalla” (y casi siempre la elección correrá por el lado de la segunda opción, aún en su acepción más “asiática” y medida), pero en lo que respecta a formas cinematográficas, poco y nada conecta a HULK con SECRETO EN LA MONTAÑA, a EL TIGRE Y EL DRAGON con LA TORMENTA DE HIELO, a COMER, BEBER AMAR con UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA y a ninguna de ellas con TAKING WOODSTOCK.

ang-lee-hulkMás allá de que muy pocos lo tengan en su lista de directores favoritos -acaso por este mismo giro constante de su obra-, soy de los que creen que Lee ha hecho grandes películas y que puede ser un gran cineasta. Sus filmes taiwaneses (EL BANQUETE DE BODAS y COMER, BEBER, AMAR, son ambos muy buenos, especialmente el primero) y de sus películas posteriores tengo mayor afecto por las que no funcionaron del todo bien comercialmente (LA TORMENTA DE HIELO, CABALGANDO CON EL DIABLO y HULK) que por SENSATEZ Y SENTIMIENTOS y SECRETO EN LA MONTAÑA, que no son malas películas, para nada, pero son extremadamente medidas y tímidas, una característica que no tienen, para nada, las más operísticas y grandilocuentes HULK y EL TIGRE Y EL DRAGON, de su época más “desbordada” de fines de los ’90 y principios de la década pasada.

ang lee Life-of-PiCon las once nominaciones al Oscar, el nombre de Lee (que ganó como mejor director por SECRETO EN LA MONTAÑA, en 2005) vuelve a estar al frente de la discusión cinéfila por un filme que no mucha gente -fuera de los ámbitos más conservadores de la Academia- parece creer que sea uno de los grandes títulos de 2012. Coincido: tengo la impresión de que UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA es una película menor, liviana, intrascendente más allá de los logros tecnológicos de hacer casi interactuar a un hombre con un tigre.

Una fábula para niños/adolescentes a la antigua, narrada con la pericia y “encanto” habituales por un director que cuenta sus cuentos de manera pausada y tradicional, tiene unos primeros 40 minutos en exceso pintoresquistas y banales, se topa luego con la parte “aventurera” del relato y la mejor (el naufragio y la supervivencia del protagonista en el océano en una balsa que comparte con un “crouching tiger”) para luego llegar a una coda que es más interesante desde lo que plantea (no “spoilers” aquí) que en la manera en que lo hace. UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA es un filme “para toda la familia” de los que ya no se hace, una especie de relato propio de los libros amarillos de la colección Robin Hood, con sus virtudes y defectos.

ang lee life-of-pi2Lo que consagra al filme y lo pone cerca del Oscar es su carácter “old fashioned” para mostrar sus innovaciones tecnológicas. A los votantes de la Academia, cuya edad promedio es casi la de Lee (58 años), les debe fascinar que se intente hacer un relato de aventuras en 3D sin apelar al estilo furioso y veloz de la mayoría de los tanques de Hollywood que ellos suelen ignorar. Y si bien es cierto que eso es lo que intenta -y lo que, en cierta medida, logra-, uno tiene la sensación de que el filme no pasa de eso.

En un punto, UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA recuerda un poco a HUGO, de Martin Scorsese: por su tono, su estilo, por lo raro de su propuesta especialmente viniendo de quien viene. Pero tengo la sensación de que el filme de Scorsese era más vital, ágil y entretenido. Como película, LA VIDA DE PI es un poco como la paradójica traducción de su título en la Argentina. Se trata, sí, de “una aventura extraordinaria”, pero hay algo en ella que es tan previsible, obvio y poco “extraordinario” como su genérico título.

Las películas de Lee han sido nominadas a 38 premios de la Academia y ganaron 8 (SENSATEZ… tuvo 7 nominaciones y ganó 1, EL TIGRE… 10 y ganó 4, SECRETO… 8 y ganó 3, además de las 11 nominaciones de UNA AVENTURA… y las dos a mejor película extranjera de sus películas taiwanesas). El mismo Lee fue nominado tres veces como director y lo ganó una vez. Se trata de un nombre que pesa y que funciona para los miembros de la Academia que parecen tener menos interés por la experimentación o por las marcas autorales más claras. Director amable y de perfil bajo, poco afecto a las controversias o a las declaraciones altisonantes, Ang Lee es el cineasta perfecto para estos tiempos globales: un ciudadano del mundo, educado y correcto, que es capaz de convivir con peligrosos tigres y manejarlos con astucia y sensatez. Y con sentimientos también, pero sin nunca perder del todo las formas.