¿El fin de la crítica cinematográfica en la Argentina?

¿El fin de la crítica cinematográfica en la Argentina?

por - Críticas
24 Jul, 2013 07:10 | comentarios

«My advice to you. I know you think those guys are your friends. You wanna be a true friend to them? Be honest, and unmerciful.» (Lester Bangs, en CASI FAMOSOS) Unos días antes del estreno de METEGOL confirmé algo que venía sintiendo hacía ya tiempo: que la crítica de cine en la Argentina está pasando […]

AlmostLester«My advice to you. I know you think those guys are your friends. You wanna be a true friend to them? Be honest, and unmerciful.» (Lester Bangs, en CASI FAMOSOS)

Unos días antes del estreno de METEGOL confirmé algo que venía sintiendo hacía ya tiempo: que la crítica de cine en la Argentina está pasando por su peor momento. La sensación no está relacionada, principalmente, con el hecho de que a mucha gente le haya gustado mucho la película –o al menos más que a mí—, sino con una serie de cosas que intentaré analizar en las siguientes líneas.

Esa “confirmación”, esa impresión de estar pasando por un momento en extremo chato de la crítica, la vi claramente graficada en las redes sociales. Años atrás, cineastas y críticos no se cruzaban opiniones ni compartían demasiados espacios comunes, y mucho menos lo hacían entre funciones de prensa y estrenos. Salvo excepciones muy contadas o específicas, uno no le decía a un director que su película le había encantado antes de escribir sobre ella. Idealmente, tampoco se lo decía a la jefa de prensa de la película. Era, en el mejor de los casos, un pacto de caballeros: “yo hago lo mío, vos hacés lo tuyo” y viceversa. Unos y otros se alegrarían o enojarían, pero casi siempre fuera de la esfera pública. Las reglas del juego, que le dicen…


metegol2Tengo la sensación de que, últimamente, buena parte de la crítica de cine en la Argentina ha pasado a convertirse en un Club de Fans con muy poco criterio propio y con cero capacidad crítica. No sé si es por el crecimiento de las redes sociales y la necesidad de agradar a los cineastas y/o a sus distribuidoras, no sé si es para gestionarse avisos publicitarios de esas películas (o, al menos, unos regalitos de los jefes de prensa) o simplemente para conseguir un retweet de alguna celebridad, pero lo cierto es que casi no parecen existir críticas negativas en la Argentina. Y no hablo del cine nacional, hablo del cine en general.

Basta solo ver los promedios de Todas las Críticas (www.todaslascriticas.com.ar): casi no hay películas con promedio negativo. Los únicos que pierden, de vez en cuando, en este terreno, son esas películas argentinas lanzadas casi sin difusión y sin prensa ni muchas salas, que pueden ser masacradas por algunos a partir de la impresión de que a nadie que ellos les importe les va a importar demasiado. Pero ni siquiera eso: la crítica argentina se ha vuelto blanda, inocente, banal, sin fuerza ni garra. Hay muy pocas críticas hechas aquí que dan ganas de leer. Y no hablo necesariamente de la calidad de la escritura (ese es otro tema que no da para analizar ahora), sino de la capacidad de análisis, la posibilidad de ir más allá de comprar lo que se vende.

monsters2En una mesa del BAFICI Mariano Llinás cuestionaba las críticas que se hacían en la Argentina diciendo que, para él, no estaban a la altura del cine que también se hace acá. No estoy de acuerdo con esa afirmación (el 80% de las películas argentinas son tan flojas como el 80% de las críticas y con suerte en ambos lados hay un 20% pasable), pero sí es cierto que las críticas se han vuelto perezosas. Con contadas excepciones, la mayor parte de las cosas que se leen son una serie de citas a las gacetillas y un par de frases hechas, las mismas que buena parte de los críticos de mi generación detestábamos cuando empezamos a escribir, años atrás: un buen entretenimiento para toda la familia, un derroche de simpatía, una bella historia sobre la amistad, excelentes efectos especiales…

Mi sensación es que una buena parte de la nueva generación de críticos se ha ubicado en un lugar poco interesante, tratando de cuidar las formas todo el tiempo en un mundo excesivamente interconectado. Pero la crítica, indefectiblemente, molestará a algunos y ofenderá a otros, es la condición casi necesaria de su existencia. Da la impresión que todas las películas estrenadas en la Argentina son buenas o casi buenas o potencialmente buenas (y ya noto que está pasando lo mismo con las series de televisión). Y si bien algunas lo son, al leer muchas críticas uno tiene la impresión de que nadie se anima a criticar más nada. Y así, lamentablemente, las críticas pasan a ser un objeto chato, hueco, sin vida, casi una «fan letter» a los cineastas o a las compañías que las distribuyen.

man-of-steel-henry-cavillNo digo que no haya buenos críticos ni personas que escriban bien en las nuevas generaciones. Lo que siento es que la mayoría de ellos no se ocupa del cine mainstream (en el cine de autor, considerando lo poco que se estrena aquí, es sencillo ser celebratorio), y ese territorio queda para los «aplaudidores» de turno. A ellos, entonces, la pregunta: «¿en serio les parece buenísimo todo-todo-todo lo que se estrena en la Argentina?» «¿Qué creen que puede pasarles si escriben que una película no les gustó? ¿No serán invitados a una función de prensa? ¿No les sonreirán los conocidos involucrados en esas películas? ¿Serán atropellados por un misterioso batimóvil en la calle?»

Si no están dispuestos a que alguna de esas cosas sucedan -lo del batimóvil espero que no-, deberían haberse dedicado a otra cosa. El trabajo de crítico de cine y el de fan (o socio comercial) es muy distinto. Digo: son trabajos diferentes. Nadie niega que en este pequeño y cruzado mundo de intereses hay cosas que se mezclan, pero la crítica debería ser el último de los bastiones de la independencia. No hay nada que negociar ahí. Uno ve algo, le gusta más o menos, y escribe sobre eso de la manera más honesta y sincera que le es posible.

Sí, seguramente los involucrados preferirán un tweet celebratorio que una larga parrafada crítica (muchos cineastas suelen preferir una palmadita en la espalda de avant premiere que una crítica larga por mejor «argumentada» que esté), pero el trabajo del crítico no es ése. Es como la frase que Philip Seymour Hoffman decía en CASI FAMOSOS, la que cito al principio de esta nota: la mejor manera de ser «amigo» es ser honesto e impiadoso.

WORLD WAR ZPensaba todas estas cosas en la semana que pasó entre la función de prensa y el estreno de METEGOL, semana en la que me preguntaba si debería o no escribir sobre la película. Como esto es un blog en el que hago críticas de algunos estrenos (no de todos) podía tranquilamente haber evitado escribir sobre una película que me había gustado solo parcialmente. Es que, en medio de las alabanzas cruzadas en las redes sociales y las casi amenazas solapadas que se leían por ahí, daba la impresión que escribir una crítica no del todo celebratoria (ni siquiera digo «mala», digo «con dudas») de la película, era transformarse en Enemigo Público. No ya de los responsables diversos de la película, sino hasta de los colegas y fans varios.

Finalmente me decidí a escribirla para no ser parte de esta especie de perverso sistema de «palmadas en la espalda» en la que, siento, se ha convertido la crítica de cine, algo que habitualmente la diferenciaba de las generalmente más acomodaticias críticas de música, teatro y televisión, por ejemplo. Por suerte para mi fe en la crítica, ese mismo jueves aparecieron críticas más juiciosas y jugosas sobre la película que me hicieron recuperar cierta fe en la tarea. El hecho de que hayan sido escritas por Luciano Monteagudo y Fernando López (en Página/12 y La Nación), dos veteranos de la profesión, no me tranquilizó respecto a las nuevas generaciones, pero sí me hizo notar que los que piensan que la crítica cinematográfica es otra cosa continúan vigentes. Luego leí algo escrito por Javier Porta Fouz en Hipercrítico, texto con el que coincido 100 por ciento, y me quedó en claro que el espacio para una crítica real, honesta y dura (si tiene que serlo) seguía estando allí, entre la gente (un poco) más joven. Y fue gracias a ellos que le agregué los signos de pregunta al título de esta nota.

Lo que debería preguntarse cada crítico antes de sentarse a escribir es «¿para quién estoy escribiendo?» No digo esto en el sentido de acomodar la complejidad de los textos en función de un lector imaginario, sino para pensar que la crítica no se escribe para que la lea el director, el productor, el actor, la distribuidora, la jefa de prensa o los colegas. Las críticas se escriben para que las lean las personas que van al cine. Y es a ese lector al que se le debe lealtad. Es la persona que lee esas líneas la que espera honestidad, la que se acerca a la crítica para que le ayude a analizar un filme, a dialogar con él y, llegado el caso, a decidir si va a verlo o no. Si no se escribe para ellos (o para uno mismo, llegado el caso, a manera de Diario Personal), no se escribe para nadie. Sin tener eso en claro, la crítica pasa a ser un elemento más del marketing cinematográfico, una categoría más de la promoción.