Estrenos: «Cuestión de tiempo», de Richard Curtis

Estrenos: «Cuestión de tiempo», de Richard Curtis

por - Críticas
06 Nov, 2013 01:30 | Sin comentarios

En la variante sensible del subgénero «películas con viaje en el tiempo» cuya obra cumbre, sin dudas, es HECHIZO DEL TIEMPO, la nueva película de Richard Curtis opta por utilizar el recurso para hacer una suerte de reflexión sobre la vida del protagonista y, en cierto modo, intentar lo mismo con el espectador. Es así […]


About-Time-PosterEn la variante sensible del subgénero «películas con viaje en el tiempo» cuya obra cumbre, sin dudas, es HECHIZO DEL TIEMPO, la nueva película de Richard Curtis opta por utilizar el recurso para hacer una suerte de reflexión sobre la vida del protagonista y, en cierto modo, intentar lo mismo con el espectador. Es así que, a diferencia de películas que ponen en primer plano la cuestión técnica del traslado en sí (o explican hasta el hartazgo las variables y posibles repercusiones de cada cambio), CUESTION DE TIEMPO hace del suceso una excusa para adentrarse en otra cosa. Se nos dice de entrada: no pidamos muchas explicaciones. No es más que un pase de magia.

La cuestión es así: los miembros masculinos (!!!) de una familia inglesa tienen la posibilidad de viajar en el tiempo y deben guardar el secreto. El «dato» se pasa, de generación en generación, cuando los hijos llegan a los 21 años. Y esa es la edad que acaba de cumplir Tim (el pelirrojo Domhnall Gleeson), por lo que su padre (Bill Nighy, lo mejor de la película) le da el notición: con sólo encerrarse en un armario y apretar los puños podrá ir al momento de su vida que prefiera. No puede, le dice, «matar a Hitler ni nada de eso». Sólo puede repasar eventos de su propia vida. Y no se explica mucho más. Tampoco Tim pregunta demasiado. De hecho, ni siquiera aprovecha la posibilidad para hacerse millonario a costa de apostar ni nada parecido. Es un mecanismo, digamos, reflexivo, que permite que el protagonista (el autor) tenga una excusa para tratar con su propia historia. Un «mecanismo» lleno de errores y agujeros, pero supongamos que no importa demasiado en función de lo que se quiere contar.

Domhnall Gleeson and Bill Nighy in About TimeLos eventos de su vida serán relativamente convencionales y el buenazo de Tim usará el truquito más que nada para tratar de encontrar su gran amor. Que lo encuentra cuando conoce a Mary (Rachel McAdams), pero después se le pierde, o se le complica y ese tipo de cosas. Habrá unos amigos un poco impresentables a los que ayudar, una ex candidata (la bellísima Margot Robbie, que filmará en breve en Buenos Aires FOCUS, con Will Smith) con la que lidiar y su ya citada familia (que incluye a un simpático «tío excéntrico»), pero además de su vida en pareja el principal tema de la vida de Tim será sostener a su frágil hermana que, sabemos a los dos minutos de verla, tiene todo el aspecto de que va a llevar una vida complicada.


La película es, respetando ese esquema, episódica en extremo, yendo a través de distintos momentos de la vida de Tim y rebobinando algunos de ellos, en la medida de sus necesidades. El mecanismo se usa para situaciones cómicas (repetir una primera noche de sexo hasta que salga bien o no meter la pata en una fiesta) y también dramáticas, que conviene no «espoilear». En ese sentido, es muy similar a la idea de HECHIZO DEL TIEMPO, pero nunca llega a tener ni el poder emocional (real, no impostado por música, por accidentes o por bebés) de aquel filme. Se trata de una versión aplacada y amable de ese subgénero de comedias británicas que Curtis bien supo escribir (CUATRO BODAS Y UN FUNERAL, UN AMOR LLAMADO NOTTING HILL, EL DIARIO DE BRIDGET JONES) o dirigir (REALMENTE AMOR ): un poco de humor ácido (el amigo perdedor es un clásico suyo), una cierta sensibilidad pop (Top 40 británico «adult oriented»), algunas que otras bodas y funerales, y un romance central que debe ser puesto a prueba a través de una serie de adversidades.

About Time trailer - videoLo mejor del filme, sin duda, está en la relación de Tim y el padre: una serie de encuentros, charlas, juegos y paseos que dan al filme un tono distintivo que lo aleja del prototipo. Con humor y emoción, Gleeson y Nighy construyen una relación creíble de cariño y comprensión mutua que sostiene al relato. La película, es cierto, sólo parece ahondar en el alma masculina y es raro que sólo los hombres puedan viajar en el tiempo (las mujeres, parece, no necesitan mirar atrás). Lo mismo se puede decir de su machacada serie de discursos sobre la aceptación de las vicisitudes y complicaciones de la vida: su filosofía de «apreciar los momentos», como está planteada, se acerca mucho a algún comercial de Kodak. Pero, a la vez, es innegable que la película hará emocionar aquí y allá (un momento con música de Nick Cave, especialmente), a la manera de esas novelitas británicas que tan funcionales son en micros, aviones y aeropuertos…