Lo mejor de 2013: cine (estrenos nacionales)

Lo mejor de 2013: cine (estrenos nacionales)

por - Críticas
12 Dic, 2013 11:14 | comentarios

Otro año raro del cine argentino. Muy dividido, cada vez más, entre un cine comercial que apunta y a veces logra superar los cientos de miles de espectadores y otro que funciona con la crítica, los festivales y apunta al prestigio. En el medio, la gran nada. Bah, en realidad las películas que apuntan al […]

gaumontOtro año raro del cine argentino. Muy dividido, cada vez más, entre un cine comercial que apunta y a veces logra superar los cientos de miles de espectadores y otro que funciona con la crítica, los festivales y apunta al prestigio. En el medio, la gran nada. Bah, en realidad las películas que apuntan al éxito y las que se mueven por el lado del prestigio no son más que unas 25, 30. En el medio, más que «la nada», hay alrededor de cien películas que, año a año, siguen pululando por alguna salita y desapareciendo tal como llegaron.

Es raro el lugar en el que el cine argentino lo pone a uno. Si a lo largo de los últimos años (en mi caso, 20) defendiste a capa y espada la necesidad de un cine nacional, tanto industrial como independiente, artístico, comercial o como lo quieran llamar, no resulta sencillo quejarse públicamente que se hace demasiado cine en la Argentina. Pero la evidencia está ahí: digamos que dos tercios del cine que se estrena en la Argentina no tiene mucha más razón de ser que la de hacer girar una rueda, digamos, laboral.

Si entendemos que una industria es tener a mucha gente trabajando más allá de que el producto no le interese ni importe a casi nadie, entonces podemos decir que tenemos una industria. Pero los que pensamos que es un poco más que eso, los que nos molesta ver cómo se estrenan un montón de películas intrascendentes, hechas sin motivo alguno más que esa circulación económica, nos decepciona el rumbo que tomó el asunto.


bafici pendejos perroneUn problema, creo yo, escapa a los realizadores: creo que se estrenan películas que no deberían estrenarse por motivos, digamos, legales y/o técnicos. Creo que con las nuevas formas que está tomando la distribución cinematográfica en la Argentina y en el mundo, no debería ser una condición ya que las películas deban estrenarse en cine y pasar olímpicamente ignoradas por una o dos salas durante una o dos semanas. En cierto modo, un estreno nacional en -digamos- INCAA TV, o alguna plataforma online, debería ser suficiente para las cuestiones formales de la producción. En las salas, no hacen más que ocupar espacio que podría ser usado por otras películas (argentinas o de cinematografías poco vistas) que sí tienen ambiciones estéticas importantes.

En medio de estas estériles discusiones, se siguen haciendo películas, más y más películas, que nadie ve. Y se hacen porque se puede y porque nadie parece poder evitarlo. Es como una criatura de una película de terror: no hay cómo detenerlo. Y es cierto: es difícil. ¿Cuántas veces los frenos a la producción significaron la pérdida de grandes voces? ¿Cuántas leyes restrictivas impidieron que filmen grandes cineastas? Es entendible el miedo, pero el fracaso del sistema está a la vista. No basta decir que se estrenaron 130 películas, es necesario poder nombrar al menos 20 de memoria.

Hasta los críticos les hemos perdido pisada. Yo, que veo muchas más películas argentinas (por distintos motivos) que el común de los mortales, vi unas 45 de las más de 130 que se estrenaron en 2013. Y calculo que un cinéfilo medio vio menos de diez. Y un espectador común, dos o tres. No hay cabida, no hay espacio y, lamentablemente, no hay interés. Y en tanto se piense que estrenar 500 películas en tres años es un mérito, nada cambiará. Y no es cuestión ya de distribución. Estoy convencido que aún con la mejor ley de cine posible, aún si las cadenas norteamericanas decidieran darles dos salas cada una todo el año al cine argentino, y dejar a cada película cuatro semanas en cartel, nada o casi nada cambiaría.

viola_03Si bien no soy de la idea de que hay que hacer cine «para alguien» (si una gran película lleva 50 espectadores no me importa), sí creo que hay que hacer cine «para algo». No simplemente por hacerlo, porque dos más dos es cuatro y así ganamos todos. No sé cuántas películas al año se deberían hacer, pero estimo que una cifra más cercana a los 60-70 títulos al año es más que suficiente. Y si encima terminamos concluyendo que muchas de las mejores películas se hacen fuera del sistema de subsidios, ya el asunto parece directamente absurdo. Es cuestión de seguir defendiendo al cine argentino, claro, pero también de pensar cuál es la mejor manera de defenderlo. Y, básicamente, saber que una de las cosas que hay que hacer es defenderlo de sí mismo.

Yendo a la elección del Top 20, un par de aclaraciones. No incluyo medios ni cortometrajes (y vi muy buenos como LOS POSIBLES, ROSALINDA, HABITAT, LAS AMIGAS) y hay algunas películas que han sido muy aplaudidas por colegas que tampoco vi (SI’POHI EL LUGAR DEL MANDURE, BOXING BLUB, LA MULTITUD, etc). Y a modo de nota positiva, hay dos películas este año que me parecen tan extraordinarias que no logré decidirme acerca de cuál es la mejor, por lo que salió un Premio Compartido. Ex-aequo conmigo mismo.

Ahí vamos. Como siempre, si tienen ganas, elijan, discutan, peleen y voten en los comentarios.

wakolda220. WAKOLDA, de Lucía Puenzo. Si el cine comercial de autor argentino apuesta por el camino que sigue aquí Lucía Puenzo seguramente logrará ofrecer al mercado productos bien hechos, correctos y elegantes, con cierta distancia emocional pero igualmente atractivos y complejos desde lo psicológico. Es un tipo de cine que no me apasiona, pero una industria de cine necesita películas como estas, que funcionen bien y que sean dignas. Esta es todas esas cosas.

19. MUJER CONEJO, de Verónica Chen. Me fascina -me parece notable- que algunos realizadores argentinos (como Chen o el propio Adrián Caetano en MALA) se animen a explorar en los márgenes de los géneros, ahí donde la película de acción se mezcla con el drama, el suspenso con la animación japonesa y todo eso con bizarrías varias. No siempre los resultados están a la altura de los desafíos, pero Chen se atreve acá a pensar mundos que nadie piensa y crearlos de manera muy personal. Tremendo mérito el suyo.

18. VINO PARA ROBAR, de Ariel Winograd. El cine nacional apuesta poco por el género y, cuando lo hace, más bien se centra en el nicho de horror/bizarro/violento, un grupo tan limitado en cuanto a público como el cine de autor más cerrado. Winograd apuesta por la comedia de suspenso abierta y accesible, en esa zona que ya experimentó Damián Szifrón. Y si bien el filme no alcanza las alturas de sus referentes, que haya encontrado un público es una muy buena noticia.

17. ANTES, de Daniel Gimelberg. La opera prima de Gimelberg es un intento por transformar una historia personal de desgarro emocional en un drama accesible sobre dos etapas en la vida de una persona. Más allá de algunos excesos de subrayado en la puesta en escena, lo que el director logra es una película que lleva ese dolor a flor de piel y lo transmite al espectador.

la reconstruccin16. LA RECONSTRUCCIÓN, de Juan Taratuto. En cierto sentido, es una película similar a la de Gimelberg, con personajes sufridos y sufrientes que sobreviven con dificultad experiencias de vida dolorosas. Lo que me interesa destacar de este filme es su apuesta por tener como protagonista a un hombre opaco y difícil, evitando casi en todo momento los desbordes emocionales que muchas veces, por lo sensibleros, hacen desbarrancar a este tipo de películas.

15. LEONES, de Jazmín López. En cierto modo, la película de López se parece a muchas de las que se han dado en llamar Nuevo Cine Argentino, pero a la vez se distancia de ellas para analizarlas desde una perspectiva nueva, haciendo que ese combo de veinteañeros poco articulados, contemplación del espacio y escenarios naturales tenga una explicación, si se quiere, metafísica.

14. VILLEGAS, de Gonzalo Tobal. Si los cineastas independientes argentinos buscaran empezar a hacer un tipo de cine de apetito algo más comercial pero tratando de no perder la espontaneidad y naturalidad que han caracterizado a sus películas, podrían observar lo logrado aquí por Tobal, que mezcla road trip, película de amigos y comedia romántica para luego derivar en un drama familiar bello, oscuro y minimalista.

13. GRABA, de Sergio Mazza. Todos los años el cine argentino tiene esos OVNIS un poco inesperados. Esta película rodada por Mazza en Francia es un poco eso: una muy sentida exploración de una chica argentina viviendo fuera del país. Muy distinta de sus anteriores y precisa en su pintura humana. Un filme que mereció (merece) más atención de la que se le dio.

caito112. CAITO, de Guillermo Pfening. Si algo tiene para aportar esta película al cine argentino no es tanto su complicada estructura de ficción, documental y falso documental, si no su decisión de poner el corazón al frente del relato. En un cine como el nuestro que no sabe muy bien cómo lidiar con las emociones (siempre existe el temor a la sensiblería), la película de Pfening se construye desde el amor y la emoción.

11. LOS DIAS, de Ezequiel Yanco.  El documental de observación es una proposición tramposa, que da lugar a muchísimos malos entendidos. Da la impresión que Yanco lo entendió bien y se dedicó, con tiempo y paciencia, a observar el crecimiento de las dos protagonistas del filme. Y lo que logra excede lo narrativo y lo dramático: lo suyo entra en el territorio de lo verdadero.

10. TESIS SOBRE UN HOMICIDIO, de Hernán Goldfrid. Del cine «mainstream» argentino es, por lejos, lo que más me interesó. La película se basa en una trama complicada y ambiciosa, que Goldfrid transita con conocimiento y habilidad, aplicando las dosis necesarias de presión en los momentos indicados y dejando «libre» al espectador en otros. Es una fórmula perfectible, pero solo basta mirar otros ejemplos de «cine comercial» argentino para que quede en evidencia el talento que hay puesto en este filme.

la paz9. LA PAZ, de Santiago Loza. El ya multifacético Loza hace la película que tal vez más se parezca a sus obras de teatro (al menos, a las que yo vi), en tanto exploración del mundo interior de un personaje bastante solitario. El protagonista del filme habla menos, mucho menos, que las criaturas teatrales de Loza, y está ahí lo que me interesa de lo que hoy hace Loza, un cineasta y autor teatral que tiene muy en claro cómo manejarse de maneras distintas en cada terreno.

8. ESCUELA NORMAL, de Celina Murga. Los «chicos de Celina» van a la escuela, se politizan y compiten, pero en el fondo siguen siendo esos chicos curiosos que observan el mundo y tratan de entender cómo pueden (o no) insertarse en él. Pese a las diferencias formales y dramáticas de este filme con los anteriores suyos, finalmente lo que permanece son las similitudes.

7. SAMURAI, de Gaspar Scheuer. Un segundo OVNI cinematográfico de 2013 llegó gracias a Scheuer, un director que ya había demostrado en su anterior película un universo y unos intereses muy lejanos a los de sus pares. Esta película de samurais en la Argentina lo deja muy en claro: Scheuer mirá la historia del cine, del cine que le gusta, y nos ofrece su miradas, sus versiones personales.

6. MARTIN BLASZKO III, de Ignacio Masllorens. La cámara funciona como un espía de las desventuras cotidianas de Blaszko, un artista y personaje muy peculiar que, desde la simpatía y amabilidad que le da sus aspecto de viejito sabio e inocente, pone en discusión la circulación de las obras artísticas en el mercado con una simple disputa sobre la ubicación de unas esculturas en una terraza.

14 BAFICI_Dromomanos 15. DROMOMANOS, de Luis Ortega. El tercer OVNI del año es una nueva exploración de «Orteguita» por los bajos fondos, los submundos y sus particulares personajes. Nadie hace películas como Luis, que parece siempre tener en la mira referencial a Favio y a Pasolini, pero que termina invocando demonios que son absolutamente propios y ya a esta altura, muy reconocibles.

4. EL LORO Y EL CISNE, de Alejo Moguillansky. Cine de abismos, de derivaciones, de tangentes: las películas de Moguillansky tienen a su favor que transmiten la sensación de estar hechas desde la búsqueda permanente y la felicidad que esa búsqueda produce. Sus películas transmiten la idea de que hacer cine es ir encontrándose con desafíos e ir resolviéndolos, como quien salta vallas en una carrera de media distancia siempre con una sonrisa enorme por el placer que le genera la aventura.

3. LA CHICA DEL SUR, de José Luis García. Uno tarda un poco en descubrir que su propio pasado, que para uno es muy reciente, puede ya ser parte de la historia. Y saber observarlo, y observarse, puede dar lugar a pequeñas maravillas, como la que atrapó García al hacer este filme sobre una experiencia de sus «años mozos». Al volver ese pasado al presente, eso ya es otra historia y las consecuencias humanas pueden ser imprevisibles. Las cinematográficas, por suerte, son extraordinarias.

Viola11. VIOLA, de Matías Piñeiro. La película que termina por confirmar y a la vez abrir hacia afuera el universo de Piñeiro, que logra por primera vez que todos los extraordinarios elementos que pululaban en su cine confluyan de una manera natural. Los misteriosos personajes, las complejas tramas, la elegante puesta en escena: todo se combina para una pequeña gran historia de amor/es. «Así, mientras la cámara de Fernando Lockett (brillante, otra vez) escudriña a los personajes en largos planos en los que los ritmos y cadencias de las actrices parecen marcar los tiempos y la respiración de cada escena, VIOLA va disparando sus flechas amorosas a cada uno de los personajes que atraviesa el relato. Pero además de eso, el filme es otra exploración de Piñeiro en el tema de la apariencia, la representación, los secretos y las mentiras. “Todos mienten” podría también llamarse este filme y no estaría mal, yendo desde la más clara “mentira” de la representación teatral (con su doble/triple juego de sexos cambiados) hasta las constantes e intencionadas trampas que los personajes se reparten, como en un juego de engaños que podría crecer exponencialmente hasta incluir a todos…» Link

pendejos

1. P3ND3J05, de Raúl Perrone. Si Piñeiro se asienta como creador, en la otra mejor película del año, Perrone se reinventa a sí mismo. Después de decenas de películas, cuando la mayor parte de los realizadores prefiere contentarse siguiendo las marcas que ellos mismos ya establecieron, «El Perro» sacude la coctelera de todas sus película y hace con ellas algo que parece imposible: una opera de la calle, un ballet del barrio, el mejor musical de la historia del cine argentino… «El otro elemento clave que lo diferencia no está necesariamente en su duración (si bien 157 minutos es casi el doble de lo normal en su cine), sino en la forma de intervenir el material desde el montaje y la música. Perrone estira y repite sus imágenes, se detiene en rostros, sobreimprime materiales y arma secuencias en cámara lenta, como un VJ que manipula pistas. Y a ese universo conceptual lo completa un persistente e hipnóticosoundtrack de cumbia electrónica (más algunos aportes de Händel y Puccini), creando algo parecido a una sinfonía trágica en tres actos…» Link