Berlinale 2014: cine argentino

Berlinale 2014: cine argentino

por - Críticas
13 Feb, 2014 12:39 | comentarios

Ya se dijo repetidas veces: 2014 es un año histórico para el cine argentino en la Berlinale. Más allá de los premios –que a esta altura del festival se desconocen–, lo cierto es que la presencia de dos películas argentinas en la competencia oficial es una rareza para una cinematografía como la nuestra, algo que […]

Berlinale_2014Ya se dijo repetidas veces: 2014 es un año histórico para el cine argentino en la Berlinale. Más allá de los premios –que a esta altura del festival se desconocen–, lo cierto es que la presencia de dos películas argentinas en la competencia oficial es una rareza para una cinematografía como la nuestra, algo que nunca se había dado aquí y que solo sucedió una vez con el cine argentino en Cannes con dos películas en competencia –de Pablo Trapero y Lucrecia Martel– en un bloque de nueve filmes nacionales allá por 2008.

Aquí, además de las presencias de LA TERCERA ORILLA, de Celina Murga y de HISTORIA DEL MIEDO, de Benjamin Naishtat, en la citada competición, están ATLANTIDA, de Inés Barrionuevo y CIENCIAS NATURALES, de Matías Luchessi, en Generation. Tres de estas películas son operas primas y también tres están filmadas en el interior del país. La última rareza/coincidencia de esta delegación es temática: las cuatro películas se centran principalmente en el mundo de los adolescentes y los niños, en sus miedos, descubrimientos y frustraciones, en las relaciones con sus padres y con sus pares. Un eje que en algún momento habrá que analizar con mayor profundidad.

Aquí las reseñas de los cuatro filmes nacionales vistos en la Berlinale.


orillaLA TERCERA ORILLA, de Celina Murga (Competencia)

El esperado tercer largo de ficción de Murga confirma lo que muchos ya sabemos: que la directora entrerriana es una de las más sutiles e inteligentes observadoras del universo de los jóvenes y adolescentes así como una realizadora con una asombrosa facilidad para construir personajes verdaderos, ambiguos y contradictorios, que no se definen por un preciso sistema de requerimientos psicológicos de manual de guión. Todo en este filme se mueve en un universo de ambigüedades varias.

El Doctor Reinoso (Daniel Veronese) tiene dos familias, una oficial y una «paralela», pero eso no lo define simplemente como un ser despreciable. Nicolás (Alián Devetac, debutante, excelente) es el hijo mayor de su «otra mujer» (tiene una hermana y un hermano más) y vive esa situación con indudable molestia pero también dejándose llevar por la fuerte influencia de su padre, que lo prefiere como su «sucesor» más que a su hijo «oficial» y lo lleva «de putas», le quiere enseñar el oficio y hasta a manejar la finca que posee. Esa presión paterna hará estragos en Nicolás, cuya fidelidad mayor está ligada a su madre y sus hermanos, hasta su «medio hermano» a quien defiende y protege en el colegio.

Murga no hace claras las fidelidades familiares ni explica las situaciones, banalizándolas. Es el espectador quien debe atar los cabos de lo que va sucediendo, de los silencios que rodean a ese naturalizado pero a la vez secreto juego de lazos familiares. Lo que sí hace y muy bien es construir un universo de relaciones masculinas que no por prototípicas dejan de ser brutales y hasta crueles. Esa mirada a un mundo masculino cargado de violencia –más que cuestiones de estilo, si se quiere–, es la que conecta a su filme con el cine de su productor ejecutivo Martin Scorsese, lo mismo que ese sistema cerrado y endogámico en el que viven y se mueven todos los protagonistas.

La realizadora de UNA SEMANA SOLOS vuelve a probar que es una extraordinaria directora de actores, especialmente por la forma en la que trabaja con chicos sin experiencia previa y logra con ellos algo casi mágico en la forma en la que los personajes que interpretan viven y respiran en la pantalla. Los juegos entre los chicos, las peleas, la intimidad, los diálogos que mantienen están construidos a pura verdad, casi como si la cámara estuviera espiando en sus vidas sin ser vista.

Si bien es más narrativa y tensa que sus anteriores películas, en LA TERCERA ORILLA Murga sigue manteniendo su preferencia por la construcción más bien impresionista del relato, con escenas que apuestan más por el clima que por la propulsión dramática, sacando al espectador todo el tiempo de la «comodidad» del thriller. Si bien eso puede resultar algo frustrante para algunos, es una clara preferencia que se hace presente a lo largo de toda la película: nada es del todo lo que parece, ni las familias ni sus dramas ni las tramas que las contienen. Así como sus personajes no son lo que aparentan ni hacen lo que se espera de ellos, lo que propone Murga en su cine va por el mismo camino.

 

historia miedoHISTORIA DEL MIEDO, de Benjamín Naishtat (Competencia)

Después de dos cortometrajes cuyas búsquedas se conectan con las de esta película, Naishtat lleva sus preocupaciones temáticas e intenciones estéticas a un escenario más grande: los conflictos sociales y de clase en Argentina. Así como su corto que pasó por Cannes EL JUEGO proponía una mirada casi metafísica a un mundo violento dentro de un sistema tipo HUNGER GAMES, su largo procede más por la acumulación de momentos y por la transmisión al espectador de una sensación de incomprensible y casi metafísica violencia.

Es el espectador el que debe, durante buena parte del metraje del filme, ir armando las piezas de esta narración. Lo que Naishtat propone, a la manera de acumulación de momentos, es una serie de situaciones suburbanas en las que los personajes experimentan miedos difíciles de comprender pero que tienen que ver con esa sensación de malestar urbano que nos rodea. Un hombre empieza a actuar raro en un McDonald’s, una alarma suena sin explicación, pilas de basura aparecen tiradas dentro de un country, un hombre corre desnudo en una autopista tirándose arriba de los autos, personas que no vemos lanzan barro a los coches que pasan y la tele siempre transmite algún caso policial terrible. Todo sucede más como en una película de ciencia ficción que como en un policial.

Naishtat hace algo que pocos intentan en la Argentina: cuenta cinematográficamente. La película no apuesta ni al desarrollo psicológico ni a un entramado narrativo que levante tensión en el espectador. No. Naishtat cuenta como si fuera una película de terror, con la cámara, el sonido, el silencio y las miradas como las conductoras de los nervios de los espectadores. El director habló de la influencia de John Carpenter en su cine y eso es obvio: su película es más un filme político disfrazado de thriller que un drama sobre el miedo de las clases pudientes.

La película recuerda un poco también a cierto cine austríaco (Seidl, Haneke) en su estilo algo gélido y hasta agresivo con el espectador. La actuación de Jonathan De Rosa, lo más parecido a un protagonista que tiene esta película coral, va por el mismo lado. Es poco lo que dice y menos lo que sabemos de él, pero su mirada penetrante y hasta su estructura ósea parece ser suficiente para transmitir al espectador confusas sensaciones: no sabemos qué le pasa, no sabemos qué es capaz de hacer.

Es cierto que algunos espectadores podrían llegar a preferir mayor claridad dramática, pero no es el mejor camino para el filme. De hecho, sobre el final, cuando casi todos los personajes se juntan en un mismo lugar y aparece una mesa familiar (mesa similar a la que había en EL JUEGO), esas relaciones se clarifican pero también muchos miedos se ponen en palabras y el misterio se vuelve algo más convencional. Durante su primera hora, sin embargo, con cortes de luz y calores insoportables, con noticieros que transmiten cualquier cosa y con situaciones cotidianas que nos asombran y que no comprendemos nunca del todo bien, HISTORIA DEL MIEDO transforma nuestra realidad en una película de ciencia ficción. Acaso no sea nada descabellado…

 

atlantidaATLANTIDA, de Inés María Barrionuevo (Generations)

Con elementos muy similares al cine de Celina Murga, la opera prima de la cordobesa Barrionuevo se centra en la vida de dos hermanas a lo largo de una jornada veraniega en un pueblo cordobés. Cada una, por su lado, vivirán experiencias que en cierto modo cambiarán sus vidas. Por un lado está la aparentemente más agresiva Elena, con su pie quebrado y su tono un poco irritante, quien se involucra en un curioso viaje hacia una emergencia junto a un médico local que le gusta. Por otro, la más tímida y apocada Lucía, que también se embarca en un viaje personal, junto a una amiga. Esos dos caminos (dos «mini road movies» en paralelo) dejarán en claro que más allá de sus diferencias –y su tensa relación– las hermanas buscan algo parecido en sus vidas, un cambio que las sacuda.

Como también sucede en el cine de Murga, aquí no figuran los padres y las chicas toman decisiones por sí solas. El secreto del filme está en el poder de observación de Barrionuevo respecto a esos comportamientos y contradicciones, siguiendo los deseos de las chicas mientras se enfrentan a situaciones que van de lo casual a lo más complicado, de lo cotidiano y banal a experiencias que pueden marcar un antes y un después en sus vidas aunque aún no lo sepan.

ATLANTIDA es un «coming of age», un filme sobre la pérdida de la inocencia, el comienzo de la adultez, el salto de una etapa a otra. Y a excepción de una mínima y algo forzada subtrama relacionada con las abejas, todo parece estar en su lugar preciso: el calor del verano, el pueblo chico, la música en la radio del auto, la pileta del club, las charlas y peleas cotidianas entre adolescentes. Barrionuevo construye un mundo y hace que sus personajes vivan adentro de él, naturalmente. Su poder de observación es tan fino que casi no notamos lo preciso que es. Nos lleva adentro y atravesamos el filme como si se nos cruzaran fotografías de nuestra adolescencia mientras lo vemos. Una opera prima notable.

 

A018_C011_0101ATCIENCIAS NATURALES, de Matías Luchessi (Generations)

Otra película en Córdoba, otra película protagonizada por niños en busca de su identidad y pasando de una etapa a otra en sus vidas. En este caso la niña es más chica y, como el protagonista de LA TERCERA ORILLA, tiene una historia familiar complicada, ya que nunca conoció a su padre y está obsesionada por saber quién es. Su madre no la ayuda en nada y se nota que la chica no la está pasando bien en el colegio: nerviosa, agresiva, solitaria, tratando de fugarse todo el tiempo. Finalmente, con la ayuda de una maestra, emprende un viaje con un mínimo dato que cree que le servirá para encontrar al padre. Y la película seguirá esa pesquisa para transformarse en el relato de una serie de personajes a los que la vida fue llevando por caminos inesperados.

Un buen elenco (la niña Paula Hertzog, Paola Barrientos, Sergio Boris, Arturo Goetz, entre otros) y una trama sólidamente construida hacen de la opera prima de Luchessi una película muy apta para la sección en la que está aquí, ya que funciona por momentos como una fábula de tono realista para un público juvenil, gracias a la utilización de la música y algunos recursos del entramado narrativo. A diferencia de ATLANTIDA, que apuesta a un espectador casi de mayor edad que la de las protagonistas (el propio recuerdo de la directora, tal vez), en este filme el punto de vista más inocente, si se quiere, parece pertenecer más a la protagonista que al director, que presenta sus desventuras de forma cercana a un cuento para toda la familia.

Como su título y algunas metáforas usadas en el relato, eso es, finalmente, CIENCIAS NATURALES, una fábula infantil sobre la identidad y la reconstrucción.