FICUNAM: «The Wind Rises», de Hayao Miyazaki

FICUNAM: «The Wind Rises», de Hayao Miyazaki

por - Críticas
04 Mar, 2014 04:17 | comentarios

Tras solo un poco más de un día en el FICUNAM, el extraordinario festival dirigido por Eva Sangiorgi y programado por un equipo que integran Roger Koza y Maximiliano Cruz, entre otros, acá en Ciudad de México, me queda clara una cosa: que si se tiene una idea concreta de lo que se quiere hacer […]

ficunam posterTras solo un poco más de un día en el FICUNAM, el extraordinario festival dirigido por Eva Sangiorgi y programado por un equipo que integran Roger Koza y Maximiliano Cruz, entre otros, acá en Ciudad de México, me queda clara una cosa: que si se tiene una idea concreta de lo que se quiere hacer en un festival y se la busca con decisión y convicción, ese festival sale, existe, se consigue. Este evento organizado bajo el paraguas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es concentrado y específico en lo que busca y quiere. Y el público responde. Y los críticos. Y los cineastas. Y las películas casi nunca decepcionan.

Desconozco detalles organizativos y presupuestarios, pero da la impresión que planteándose límites precisos el FICUNAM logra lo que el añorado FICCO no había logrado: un puente claro entre los organizadores y los espectadores. Aquel festival era extraordinariamente ambicioso y esa ambición por momentos superaba la capacidad de movilización del público en esta literalmente inmanejable ciudad. Este mantiene gran parte de esas búsquedas pero lo hace en el espacio más o menos contenido –y geográficamente hasta distante del centro– de una enorme universidad. Y la ecuación rinde. O eso parece…

El FICUNAM tiene invitados que muy pocos festivales latinoamericanos consiguen traer últimamente. Solo en estas 24 horas me crucé con Alain Guiraudie, Albert Serra, Dennis Coté, Lois Patiño, «nuestros» Edgardo Cozarinsky y Gustavo Fontán y, si bien no lo ví, se que está Otar Ioselliani, entre otros. Y entre las 150 películas que se dan hay varias joyitas, muchas de ellas ya reseñadas en distintas entradas previas de este blog, como EL ULTIMO DE LOS INJUSTOS, de Claude Lanzmann; PAIS BARBARO, de Gianikian/Ricci Lucchi; ¿Y AHORA? RECUERDAME, de Joaquin Pinto; HISTORIA DE MI MUERTE, de Albert Serra; NOBODY’S DAUGHTER HAEWON y OUR SUNHI, de Hong Sang-soo; COSTA DA MORTE, de Lois Patiño; NORTE, EL FIN DE LA HISTORIA, de Lav Díaz; CELOS, de Philippe Garrel; FRAGMENTOS DE LA VIDA DE UN HOMBRE FELIZ, de Jonas Mekas; P3ND3J05, de Raúl Perrone; NEPAL FOREVER, de Aliona Polunina y muchas otras, además de retrospectivas de los citados Guiraudie, Iosseliani y Fontán. Una lista que incluye muchas de las mejores películas de 2013.


wind-risesPero en esta entrada quería hablar de la primera deuda del 2013 que saldo acá (me quedan varias todavía) y que es nada menos que THE WIND RISES, la más reciente y aseguran que última de veras de la carrera del realizador japonés Hayao Miyazaki. El filme, recientemente nominado al Oscar a mejor película de animación, se dio como apertura y se volvió a presentar ayer llenando en una sala muy grande una función que solo estaba anunciada como «Film Sorpresa».

THE WIND RISES narra la vida de Jiro Horikoshi, un ingeniero aeronáutico encargado de crear los aviones de guerra tecnológicamente más avanzados que el país usó en la Segunda Guerra Mundial. Su historia –real– es bastante curiosa. De niño siempre soñó con aviones, pero un problema de la vista le impidió siquiera intentar ser piloto por lo que sus esfuerzos y talentos los puso al servicio de la construcción de aviones. El filme narra sus avances laborales y su vida personal en medio de décadas que fueron bastante tremendas: terremotos, epidemias, crisis económicas y con la conciencia clara en el espectador que los aviones construidos por Jiro no tendrán un final demasiado feliz en la Segunda Guerra.

wind-rises-post6Pero sobre todo es un filme sobre los curiosos límites morales entre el arte y el uso político que se le da a ese arte, la imaginación de un –al parecer– buen hombre que cambió la historia de la aviación con la conciencia de que esos mismos y maravillosos objetos voladores serían usados para causar muertes y destrucciones varias. Con la «ayuda onírica» de su ídolo, el constructor de aviones italiano Giovanni Caproni, Horikoshi revolucionará la aviación japonesa con sus inventos, se obsesionará por mejorar los modelos y será testigo de esa dura época, la que se verá representada por la complicada y trágica relación con Nahoko, una niña y luego mujer a la que esos mismos hechos históricos la atraviesan con todas sus fuerzas.

Más realista que la mayoría de sus otros filmes, menos orientado a un público infantil (si bien sigue siendo accesible para los chicos), THE WIND RISES es una suerte de épica de los sueños nacionales de un imperio que pronto iban a caer con una fuerza de gravedad tan virulenta como opuesta a ese viento que hace volar a los aviones y empuja a las personas a construir y a soñar pese a todos los contratiempos. Con imágenes sorprendentes y apabullantes, con una paleta de colores similar pero ligeramente más oscura que la habitual, con algunos personajes entrañables y otros misteriosos, la despedida de la animación d Miyazaki es también su testamento como perseguidor de sueños y como observador de un mundo que va por el camino contrario del de esos mismos soñadores, desvirtuando muchas veces todo lo bello que ellos crean.

windries3Discutida en su país por su tono crítico de la ambición imperial del Japón y sus equívocos bélicos (un personaje alemán le advierte a Jiro que sus países van camino a la destrucción y que sus aviones serán parte de esa masacre), THE WIND RISES es también la historia de un artista que pese a saber las potenciales consecuencias de su arte se siente compelido a llevarlo a cabo, incapaz de dejar de imaginar esas líneas curvas y esos materiales livianos, esa belleza con la que solo él puede soñar. Miyazaki, un fanático de la aviación como queda en claro en casi todos sus filmes previos (de NAUSICAA a KIKI’S DELIVERY SERVICE pasando por PORCO ROSSO), encontró aquí su alter ego perfecto, un artista que trabaja en una industria que con la que acaso mucho no se identifica y un poeta que crea belleza en los resquicios que le deja un mundo que amenaza con volverse cada vez más oscuro.