Estrenos: «La mirada del hijo», de Calin Peter Netzer

Estrenos: «La mirada del hijo», de Calin Peter Netzer

por - Críticas
30 Abr, 2014 02:06 | comentarios

A una década, casi, del inicio de la llamada Nueva Ola Rumana, el cine de ese país sigue demostrando tener un enorme control sobre un género que buena parte del mundo ha extrañamente desechado: el drama adulto, urbano y contemporáneo. Me refiero, simplemente, a historias contadas con rigor y severidad, con un estilo realista en […]


chilspose posterA una década, casi, del inicio de la llamada Nueva Ola Rumana, el cine de ese país sigue demostrando tener un enorme control sobre un género que buena parte del mundo ha extrañamente desechado: el drama adulto, urbano y contemporáneo. Me refiero, simplemente, a historias contadas con rigor y severidad, con un estilo realista en todos sus detalles (desde las actuaciones al vestuario, la dirección de arte y, más que nada, a la duración de los planos) que tratan sobre las relaciones personales, económicas y sociales entre seres que habitan ciudades occidentales con las contradicciones que todas ellas tienen.

No parece haber ningún gran secreto atrás de todo esto pero a juzgar por la poca gente que lo hace (y la aún menor cantidad que lo hace bien) debe ser muy complicado. Si bien aquí –como en otros filmes rumanos recientes– hay un «disparador» casi de thriller, lo que la película busca es ahondar en sus personajes a partir de esa excusa argumental. En LA MIRADA DEL HIJO, dirigida por Calin Peter Netzer, esa excusa es un accidente automovilístico que involucra a Barbu (Bogdan Dumitrache), el treintañero hijo de Cornelia (Luminita Gheorghiu), una mujer madura y dominante, miembro de la alta burguesía de Bucarest y una madre entre devota e insoportable, capaz de hacer cualquier cosa por su hijo arruinándole la vida en el camino.

childsposeBarbu, claro está, no puede ni verla (la película abre con una escena en la que Cornelia le describe a su hermana como él la maltrata y la agrede), pero el accidente es la excusa perfecta para que esta Madre Todoterreno intente ayudar a su hijo a salir del problema y, de paso, recapturarlo de las manos de esa «madre soltera» que es su actual pareja y que todavía «no le dio un hijo». El tal Barbu, atribulado tras pisar y matar con su auto en la ruta a un chico de 14 años andando a más velocidad de la permitida, no sabe si dejar que su madre se ocupe (como suele y sabe hacer) o salir del estupor y empezar a arreglárselas por su cuenta. Ella, con sus contactos y su actitud de dueña del mundo, querrá decidirlo todo, al punto de que el pobre Barbu –que tampoco parece ser una luz, digámoslo– puede llegar a pensar que es mejor ir a la cárcel que seguir soportando el férreo control que ella tiene sobre su vida.


LA MIRADA DEL HIJO se organiza como un drama clásico, con una estructura un poco más tradicional que otros filmes rumanos recientes y un aire de realismo teatral –las escenas son, más que nada, largos diálogos– que por momentos nos hace pensar en cierta tradición norteamericana en el tema. Pero el guión de Razvan Radulescu (acaso el arma secreta del cine rumano, guionista de LA NOCHE DEL SEÑOR LAZARESCU, 4 MESES, 3 SEMANAS, 2 DIAS  y AQUEL MARTES DESPUES DE NAVIDAD, entre otros clásicos modernos) es un experto creador de personajes complicados, ambiguos y difíciles de asimilar del todo en su amplitud de registros y reacciones.

childspose3Si algo diferencia a este filme de otros rumanos es que se centra en una clase más alta y en gente con influencia política, algo que queda en claro en la fiesta de cumpleaños de Cornelia a la que su hijo no viene pero no faltan ministros y autoridades. Son esos «contactos» a los que recurrirá cuando llegue a la estación de policía del suburbio de aparentes bajos recursos donde está detenido su hijo y, vestida con un ostentoso tapado de piel y sin despegarse de su moderno celular, se mueva allí como si todos fueran sus empleados domésticos.

Ella lo controla todo –inclusive a su timorato marido que ni se atreve a enfrentarla– y hará lo imposible para manipular el caso también, desde forzar a su hijo a mentir en los registros policiales (adelante de los propios policías) a sobornar a los duros testigos. Pero también querrá dictaminar lo que deben hacer su hijo y su nuera, y no aceptará un «no» de nadie. Y aún recibiendo una negativa, seguirá con sus planes como si nada. Lo único, parece, que no puede controlar del todo es a su hijo y las emociones que (en ambos) despierta la toma de conciencia real de haber matado a alguien que, también, es hijo de una sufriente madre más allá de las diferencias.

childs_poseCon una actuación descomunal (casi conscientemente «descomunal», si cabe la expresión) de Gheorghiu, actriz que ha aparecido en casi todas las películas rumanas recientes importantes, LA MIRADA DEL HIJO es un retrato puro y duro de una complicada relación madre e hijo, cuya extrañeza puede notarse con detalle en una escena que tiene lugar cuando ambos regresan de la estación de policía a la casa materna y ella descubre a su hijo golpeado en la espalda. Y es, también como los otros filmes rumanos, una puesta en discusión de cierta decadencia y corrupción ética que cala a fondo en una sociedad en la que los rasgos más nobles y los más miserables de las personas se combinan de las maneras más inesperadas.

Los límites que estas películas manejan son siempre difusos, estando muchas veces al borde de pasarse a cierto tono hanekeano de «castigo por pertenencia a una clase» o «lección al espectador», pero la película logra casi siempre mantenerse dentro del borde «humano» de esa delgada línea, encontrando aún en las actitudes más graves y hasta monstruosas de sus personajes una lógica interna comprensible que los hace actuar como actúan. Cuando Metler se aleja de ellos para juzgarlos (como en una escena entre Cornelia con su mucama, por ejemplo), la película pierde esa apuesta. Pero cuando reencuentra su punto de vista y logra que el espectador sienta algún tipo de empatía por los contradictorios personajes que presenta (como en toda la excelente secuencia final), logra transformar esa serie de hipótesis socioculturales en genuina emoción. Y gana la partida.