Cannes 2014: «The Search», de Michael Hazanavicius y «Jimmy’s Hall», de Ken Loach

Cannes 2014: «The Search», de Michael Hazanavicius y «Jimmy’s Hall», de Ken Loach

por - Críticas
27 May, 2014 07:32 | Sin comentarios

Otras dos grandes decepciones de la competencia oficial de Cannes fueron los filmes de Michael Hazanavicius y Ken Loach. Llamarlos «decepciones» sería exagerado y haría suponer que uno esperaba mucho más. De Loach, no. Esto es, más o menos, lo que el hombre puede dar en este momento. Y del director de EL ARTISTA uno no sabía […]

the-search-cannes-2014Otras dos grandes decepciones de la competencia oficial de Cannes fueron los filmes de Michael Hazanavicius y Ken Loach. Llamarlos «decepciones» sería exagerado y haría suponer que uno esperaba mucho más. De Loach, no. Esto es, más o menos, lo que el hombre puede dar en este momento. Y del director de EL ARTISTA uno no sabía qué esperar ya que aquella película es un experimento tan particular que no permite adivinar mucho respecto a la carrera futura de su realizador, aunque tampoco alcanza a entusiasmarnos al respecto.

THE SEARCH es como una de esas flojas películas de los ’80 que entonces ganaban premios o, al menos, tenían algún tipo de reconocimiento por su corrección y sensibilidad políticas. Por suerte el cine ya ha pasado de ellas y soy una anomalía. De todos modos cualquiera de esas películas del Hollywood trotamundos de conflictos políticos de antaño es un ejercicio de una sutileza incomparable en relación a este engendro melodramático que sigue tres hilos narrativos paralelos en medio de la guerra de Chechenia: niños perdidos, familias asesinadas, pueblos desplazados y jóvenes mentalmente arruinados, sí, pero, en el centro, lo central parecen ser los problemas de los agentes de la ONU y de otras instituciones (norteamericanos y franceses, claro) que, sabemos, siempre son más importantes que los de las verdaderas víctimas.

Están todos o casi todos los clichés del caso y ninguno de sus placeres culpables: Hazanavicius ni siquiera logra extraer del espectador la emoción de golpe bajo a las que solían forzarte estas películas. Todo aquí es de una medianía fea y anticuada, todo diálogo es un discurso (las escenas con el niño perdido, que casi no habla, son las mejores, demostrando que EL ARTISTA triunfó tal vez solo porque nadie abría la boca) y toda escena intenta demostrar una idea, usualmente una muy banal y previsible. No es cine clásico, es cine viejo, vetusto, de manual.


 

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jimmys-hall-cannes-2014JIMMY’S HALL, de Ken Loach, no es mucho mejor y bastantes de las mismas consideraciones se le pueden aplicar también a ella, sólo que aquí fue tratada un poco mejor porque Loach es una leyenda, un veterano que –si bien hace años que no hace nada muy interesante– tiene grandes filmes en su pasado y una indiscutible consistencia al menos en lo que respecta a su punto de vista sobre el mundo.

Acá hay también elementos del más típico cine ochentoso (de hecho, algunos comentaron que la trama era idéntica a la de FOOTLOOSE, pero mucho menos divertida) y también del cine juvenil de los ’30 en la historia de un hombre que vuelve a Irlanda tras el exilio, pone un salón cultural (se baila jazz, se lee poesía, hay arte y encuentros sociales) y se enfrenta a la Iglesia y a los dueños de las tierras que quieren echarlo del lugar y cerrarlo por «subversivo». Todo en la Irlanda de los años ’30, en medio de los ya conocidos problemas políticos.

La película funciona como un clásico melodrama hollywoodense mezclado con algo que podrían ser filmaciones de asambleas de edificios, con una decena de personajes hablando casi rítmicamente acerca de todas y cada una de las cuestiones que el filme trata, como si nada pudiera mantenerse en el subtexto o no necesitara ser expresado. En esos momentos, el filme alcanza su punto más banal, una mezcla de socialismo de escuela primaria con artículo periodístico dominical del diario Página/12, con enemigos tan obvios que recuerdan los villanos de las películas de los años ’30, época en la que se centra el filme.

Y si es que la intención de Loach era hacer, en un marco políticamente intenso, un símil a las películas de esos años sobre jóvenes rebeldes enfrentados a viejos recalcitrantes (es, después de todo, también un musical), lo cierto es que no consigue casi nunca trascender la dureza y las limitaciones del formato. Una escena de baile entre el protagonista y su ex novia –sin diálogo alguno– es sin duda el mejor momento, más lírico y humano, de todo el filme. Y eso, claramente, refleja el problema del resto.