TV: «Mad Men – The Strategy & Waterloo»

TV: «Mad Men – The Strategy & Waterloo»

por - Series
27 May, 2014 07:34 | comentarios

Primero, disculpas por la interrupción de la reseña semanal de MAD MEN. Por motivos obvios –mi viaje al festival de Cannes– se volvió imposible seguir el ritmo al comentario semanal. De hecho, vi los dos últimos episodios casi en continuado el lunes por lo cual el reencuentro con la serie tras unas semanas tuvo las […]


mad-men-finale-waterlooPrimero, disculpas por la interrupción de la reseña semanal de MAD MEN. Por motivos obvios –mi viaje al festival de Cannes– se volvió imposible seguir el ritmo al comentario semanal. De hecho, vi los dos últimos episodios casi en continuado el lunes por lo cual el reencuentro con la serie tras unas semanas tuvo las características de una experiencia cinematográfica. No sólo por los casi 110 minutos que implica ver dos episodios en continuado sino porque en un punto se los puede pensar en conjunto. Son, en cierto modo, una semi-despedida «para arriba» de esta media temporada, una que se dispone a dejar al espectador con una sonrisa durante los diez meses que falta para el último bloque de la serie. De todos modos, estoy seguro que ese final no será tan amable y cariñoso como éste. Las sombras, claramente, acechan.

Sin duda, los dos últimos fueron los capítulos más emotivos de la serie en años y los más, si se quiere, amables, con sus bailes y números musicales. Pero también fueron los más narrativos en el sentido de hechos concretos y situaciones específicas que los personajes tuvieron que resolver, hechos que –suponemos– indican el camino a los últimos movimientos de piezas de la serie que concluye en 2015.

SPOILER ALERT


mad-men-season7-episode-6-the-strategyEn un momento del último episodio uno podría contar los cruces de historias y desafíos importantes que había que resolver al mismo momento que el hombre llegaba a la Luna y que parecían imposibles. Veamos: Jim Cutler quería echar a Don Draper, Peggy y Don tenían que hacer una presentación importante en Indianápolis, McCann-Erickson ofrecía comprar la compañía, Ted quería abandonar la publicidad, Don se separaba de Megan y, finalmente, se moría Bert Cooper, lo que generaba cambios fundamentales en la composición de votos de los socios de la agencia. Todo eso junto, en una serie no tan bien ensamblada como ésta, se volvería indigesto, haría pensar al espectador de que es obviamente imposible que todas esas cosas se combinen dramática y cronológicamente. Pero Matthew Weiner no solo permite que nos lo llevemos puesto sino que lo hace con una elegancia y hasta «liviandad» envidiables por cualquiera que más o menos sepa lo complicado que es hacer eso y hacerlo bien.

La muerte de Bert, la llegada a la Luna, la venta de la compañía y el «paso del mando» de Don a Peggy, además, marcan claramente un nuevo cambio de época. Ya no el «positivo» de mediados de los ’60 sino uno que marca el fin de esa década. Uno puede pensar que la era de innovación que llevó al hombre a pensar que pisar la Luna era un evento que marcaba un antes y un después en la historia de la humanidad llegó a su punto máximo en ese momento para luego caer. «El sueño terminó», dirían Los Beatles poco tiempo después, Altamont está a la vuelta de la esquina y ya se sabe que los ’60 utópicos dieron paso a unos ’70 bastante más complicados. El «song and dance man» muere, la agencia creativa se vende a una de estilo más corporativo y, de algún modo, uno sabe que la compañía donde todo está controlado por una computadora que quiere crear Cutler será la que finalmente ganará la partida, por más que ahora parezca ir perdiendo. De todos esos cambios, el paso al costado de Don para darle la presentación a Peggy, reflejado en el giro narrativo que ella le da al pitch, acaso sea el único que puede verse como 100% positivo.

madmenRespecto a la mirada sociológica de la serie, siempre me gustó que MAD MEN puso en primer plano las contradicciones de las épocas que narra. No solo por incorporar generaciones que reaccionan de manera muy distinta a los cambios culturales, sino también por mirarlos de manera ambigua. No todos esos cambios fueron positivos o asimilados fácilmente: ni los Estados Unidos conservadores se volvieron hippies en un par de años ni tampoco todos los hábitos previos eran desagradables o descartables. El curioso pitch de Burger Chef así lo demuestra: Peggy vende la idea de que la forma de «volver» a un concepto de familia, con todos sentados a la mesa sin ver la televisión ni estar cada uno en su mundo, es ir a comer a una casa de comidas rápidas.

Para mí es esa misma ambigüedad la que vuelve a la serie, a su manera, imprevisible en lo que respecta a la suerte de sus personajes. Buena parte de los guionistas –cinematográficos y televisivos– suelen trabajar con una suerte de manual respecto a los arcos narrativos de sus personajes que se vuelve demasiado evidente de entrada: uno conoce cómo arranca un personaje y cuáles son sus desafíos y más o menos sabe para donde irá, lo que queda ver es cómo llega ahí y el caos que se arma en el camino. En MAD MEN, pese a que el centro no pasa necesariamente por conocer el destino final sino por disfrutar del viaje de esos personajes, un placer extra está en el hecho de que, realmente, no tenemos idea de qué pasará con ellos más allá de que los créditos iniciales nos hagan suponer que las cosas, al menos para Draper, terminarán mal.

madmen77donPero uno siempre duda. En esta media temporada, cuando parecía que todo se caía (despido, separación, malas relaciones), un giro dramático (la oferta de compra) pareció dar vuelta todo en un segundo. Y lo mismo pasó con la muerte de Bert, que parecía llevar las cosas para un lado (perder a Don) y terminó llevándolas para otro (reorganizar la agencia). En el medio, la secuencia de divorcio más elegante –distante pero al mismo tiempo cariñosa– vista en una pareja de TV (Don y Megan), un encuentro (entre Joan y Bob Benson) con inquietantes confesiones personales, un par de viejos y queridos personajes (Pete y Roger) recuperando su centro y su ritmo y, finalmente, un eje que recorrió todo el episodio: la idea de la «conexión» (de la familia, la agencia, el país) a partir de tener algo en común por lo que pelear.

Esa idea de un bien común (el viaje a la Luna, la nueva empresa, comer en Burger Chef), sabemos, tendrá corta vida: tendremos al Apollo 13 y el fracaso del programa espacial, corporaciones que se fagocitarán a las compañías independientes (en la publicidad y en, bueno, todo) y la comida basura arruinando nuestra salud por décadas. Pero hoy, en ese julio de 1969, todo termina con Bert despidiéndose con una canción. «Las mejores cosas de la vida son gratis», dice. Sí, el futuro parece maravilloso (Don vuelve al trabajo, todos cobran suculentos cheques, los personajes se amigan y se levantan del bajón, como los Mets del ’69), pero tal vez lo más apropiado sea enfocarse en esas «cosas gratis» que nos hacen mejores personas. Así, con un par de coristas, unos pasitos de baile descalzo y una media sonrisa, Cooper deja su último mensajito zen. Y la lágrima en el rostro de Don dice casi todo lo que hay que saber para los siete episodios que faltan.