Festival de Locarno: «Dos disparos», de Martín Rejtman (español/inglés)

Festival de Locarno: «Dos disparos», de Martín Rejtman (español/inglés)

por - Críticas
18 Ago, 2014 02:58 | Sin comentarios

NOTA: Hay muchas probabilidades que en un festival de cine esas películas que reciben premios realmente merezcan un reconocimiento especial, también para incrementar su visibilidad ante un rango mayor de gente. Esas probabilidades son especialmente altas en Locarno, y este año no fue la excepción. Lav Diaz recibió el Leopardo de Oro por su filme […]

Dos-disparosNOTA: Hay muchas probabilidades que en un festival de cine esas películas que reciben premios realmente merezcan un reconocimiento especial, también para incrementar su visibilidad ante un rango mayor de gente. Esas probabilidades son especialmente altas en Locarno, y este año no fue la excepción. Lav Diaz recibió el Leopardo de Oro por su filme profundamente radical, FROM WHAT IS BEFORE, y VENTOS DE AGOSTO, de Gabriel Mascaro, recibió una mención especial. Sin embargo, un festival importante como es Locarno, inevitablemente, nunca premia todos los filmes remarcables que vale la pena mencionar. Pueden no haber atravesado las discusiones del jurado, por ejemplo, o son demasiado raros para ser considerados en primer lugar. Pero de cualquier manera, algunos son excepcionales. Este es uno de ellos.

Alexandra Zawia

Mia: Vincent, do you still want to hear my Fox Force Five joke?
Vincent: Sure, but I think I’m still a little too petrified to laugh.
Mia: No, you wont laugh, ‘cus it’s not funny. But if you still wanna hear it, I’ll tell it.
Vincent: I can’t wait.
Mia: Three tomatoes are walking down the street- a poppa tomato, a momma tomato, and a little baby tomato. Baby tomato starts lagging behind. Poppa tomato gets angry, goes over to the baby tomato, and smooshes him… and says, catch up…. Catch up!


(Pulp Fiction, Quentin Tarantino, 1994)

 

dos disparos 3Dos disparos, en realidad, deberían ser suficientes para matar a una persona. Primero, un disparo en la cabeza, seguido de otro directamente en el estómago. Pero, maldición, la juventud se desperdicia en los jóvenes. Apenas unos minutos después que Mariano (Rafael Federman), de 17 años, regresa de una larga noche de fiesta y se prepara un sandwich, se sienta en su cama de la casa de sus padres con una pistola vieja que encontró en el jardín. Se apunta a sí mismo y dispara. ¿Intento de suicidio? No, realmente. La letargia de Mariano no le permite ponerse a probar cosas. A lo máximo a lo que puede esforzarse es a tocar la flauta como uno de los miembros de un cuarteto que la mayor parte del tiempo es un trío ya que, convengamos, es muy difícil encontrar a alguien que ame tocar piezas medievales en flauta.

No se engañen, esto no es una simple broma. Las cosas se observan de una manera cándida en el último trabajo de Martín Rejtman como para descartarlas como un mero efecto colateral. Y todo lo que sucede en este filme son las consecuencias impredecibles de una acción inescrutable por un motivo desconocido.

La incoherencia dramática de la primera secuencia –¿no debería el disparo al estómago preceder al de la cabeza?– marca un tono absurdo para la aparente ligereza de los acontecimientos que siguen. ¿El arma se disparó a la nada? ¿Tan vacío está Mariano? Quién lo sabe y Rejtman no va a tratar de explicar eso.

En cambio, él deja que la madre de Mariano saque de todos los cuchillos de los cajones de la cocina cuando su hijo regresa del hospital tras sólo una semana. Entierra el arma en el jardín (donde reaparecerá mucho después) y le da un teléfono que no dejará de sonar de allí en adelante. Pero, más allá de eso, nunca se habla de lo que pasó.

Mariano, por su parte, entierra el teléfono dentro de un grueso guante y una servilleta, pero algo sigue resonando pese a todo eso. De hecho, es él mismo. Cada vez que toca la flauta, o silba, o respira fuerte, un sonido adicional parece salir de adentro suyo. Podría ser de una  de las balas que todavía están dentro de su cuerpo.

Dos_disparos_Rejtman_1Pronto, Mariano va esfumándose de nuestra atención y otros personajes se vuelven más importantes a la hora de hacer avanzar la narración de un filme que, mirado estrictamente, solo puede ser construido post-actum. Los personajes de Rejtman actúan sobriamente, sus sentencias son adecuadas. Parecen distantes de todo posible impacto emocional y, sin embargo, nunca parecen crueles ni desinteresados.

El hermano de Mariano, algunos amigos, su madre, algunos vecinos y el perro de la familia que se escapa pero que permanece como un personaje invisible, son los elementos centrales en pequeños episodios que se tejen uno a otro gradualmente sin ser jamás dependientes. Rejtman colecciona todo esto a la manera de anécdotas de las vidas de las personas y de sus ocurrencias, y sobre cómo los sentimientos y los recuerdos se acumulan a lo largo del tiempo hasta convertirse, por ejemplo, en una historia de verano.

De hecho, en este filme, Rejtman trata de rastrear una sensación de tiempo expandido que es característica a una generación que debe enfrentar más amenazas dentro de sí mismos que por las condiciones externas. Pero él no parece interesado en producir giros narrativos como si estos vinieran a través de una cinta transportadora. De todos modos, de lo que podemos agarrarnos es de sus giros humorísticos que nos llevan hacia direcciones alternativas. Esos giros pueden no seguir un principio de causa y efecto, pero, hey, ¿que sí lo hace?

Rejtman es un escritor excepcional con una atención meticulosa por sus personajes: sus pequeños gestos, sus tonos, su posición en un cuarto o su forma de hablar. En su forma de entender la puesta en escena, su cámara jamás modifica lo escrito, sino que parece estar re-observando lo que ya está ahí.

dos disparos 6La familia de Mariano es, entonces, el universo de Rejtman. Una subversión de ideales fallidos, de tradiciones, de roles asignados relacionados a la responsabilidad. Mariano se dispara a sí mismo, sigue vivo, le da igual. Y Rejtman no nos pide que le tengamos falsa simpatía.

Al volver el núcleo dramático del filme, el elemento shockeante (el suicidio fallido), en algo arbitrario, algo azaroso, y luego encima llevarlo a los márgenes del filme, puede parecer un acto prohibido al principio. De hecho, se siente como una broma unplugged, una contada con el micrófono apagado. Y toda la película se siente como un drama al que se le filtra la comedia por cada poro. Y viceversa.

El poder del nuevo filme de Rejtman no está en explorar las causas del intento de suicidio ni en diseccionar sus consecuencias, encontrar un culpable y mucho menos excavar en la psicología del personaje, sino en dejar que la vida suceda con toda la extrañeza que la rodea. ¿La gente se rehúsa a hablar de sus experiencias traumáticas? Sí, lo hace. ¿A la gente le gusta pretender que todo está bien? Obvio.

DOS DISPAROS no trata de corregir nada, pero observa astutamente. Nadie en la película se mueve realmente rápido; la mayoría del tiempo hasta parecen descansar, pero Rejtman no intenta explicar de dónde viene ese agotamiento. Si por él fuera, el Baby Tomato todavía seguiría vivo…

 

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Dos_disparos_Rejtman_2(Chances are high that in a film festival those films get awarded which really deserve a special recognition; also to increase their visibility to a wider range of people. Chances are especially high in Locarno, and this year’s edition was no exception. Lav Diaz was awarded the Golden Leopard for his deeply radical film «From What Is Before», for instance, and Gabriel Mascaro’s «August Winds» received the special mention. And yet, an A-Festival like Locarno (inevitably) never awards all the remarkable films worth mentioning. They might not have made it through the discussion process of a jury, for example, or they were too offbeat to be considered in the first place. But whatever reasons, some remain outstanding.)

Alexandra Zawia

Mia: Vincent, do you still want to hear my Fox Force Five joke?
Vincent: Sure, but I think I’m still a little too petrified to laugh.
Mia: No, you wont laugh, ‘cus it’s not funny. But if you still wanna hear it, I’ll tell it.
Vincent: I can’t wait.
Mia: Three tomatoes are walking down the street- a poppa tomato, a momma tomato, and a little baby tomato. Baby tomato starts lagging behind. Poppa tomato gets angry, goes over to the baby tomato, and smooshes him… and says, catch up…. Catch up!

(Pulp Fiction, Quentin Tarantino, 1994)

 

dos disparos 6Two gunshots, really, should be able to kill a person. First, one bullet in the head, followed by one directly in the stomach.  But, damn, youth is wasted on the young.

Just minutes after Mariano (Rafael Federman), 17 years old, has returned from a long party night out and fixed himself a sandwich, he sits down on his bed in his parents’ house with a rusty gun he found in the garden, points it at himself and fires. Attempted suicide? Not really. Mariano’s lethargy does not allow for actually trying things. The maximum he can bring himself to is playing the flute. As one of the members of a quartet which, most of the time is only a trio because, let’s face it, it’s very hard to find anybody who loves reciting medieval flute pieces.

Don’t be mislead, this is no plain joke. Things are far too candidly obverved in Martín Rejtman’s latest work to discard them as merely funny side effects. And yet everything that happens in this film is the unpredictable consequence of an inscrutable action from an undisclosed motive.

The dramatic incoherence of the opening sequence – shouldn’t a belly shot precede the head shot? – sets an absurdist tone for the apparent looseness to follow: Did the gun actually fire into a void ? Is that how empty Mariano is ? Who knows, and Rejtman won’t try to answer that.

Instead, he lets Mariano’s mum clear out the kitchen cupboards of all the knives as soon as her son returns home from hospital after only a week. She buries the gun in the garden (where it will turn up again much later), and she equips him with a telephone which will never stop ringing from now on. But otherwise, whatever happened is never talked about.

Mariano, in turn, buries the phone in a thick glove and a kitchen drawer, but something keeps echoing throughout. In fact, it’s himself: Whenever he blows the flute now or whistles or breathes too heavily, there is an additional sound coming from inside him. It may be one of the bullets stills stuck in his body.

Soon, Mario fades out of attention and other characters become more prominent in advancing the narrative of the film which, strictly looked upon, can only be constructed post-actum. Rejtman’s characters act sober, their sentences are adequate. They seem detached from any possible emotional impact, and yet, they never appear unloving or unkind.

dos disparos 4Mariano’s brother, some friends, his mother, some neighbors and the family dog which runs away but remains an invisible character, are core elements in small episodes to weave into each other gradually without ever being dependent. Rejtman collects all this  like anecdotes on lives and people and occurances, and how feelings and memories accumulate over time to become the story of a summer, for instance.

Indeed, in this film, Rejtman sets out to trace a sense of luxuriously expanding time characteristic of a generation which is facing far more threats from inside themselves than from outwardly conditions. But he doesn’t seem interested in producing plot points as they could come falling from a conveyor belt. However, what we can hold on to is humoristic turns which point us toward alternating directions. Those turns may not follow a principle of cause and effect, but, hey, what really does?

Rejtman is an exceptional writer who is meticulously attentive for his characters, their small gestures, their mimics, their position in a room or in their worlds. Whenever it comes to him filming (which happens rarely enough), his camera does not really modify what he wrote, but it seems to be re-observing what’s already there.

Mariano’s family then, is of Rejtman’s universe. A subversion of failed ideals, of traditions, of assigned roles related to responsibility. Mariano shot himself, he lives on, he couldn’t care less. And Rejtman is not asking for false sympathy from us.

By turning the dramatic core, the shocking element (the failed suicide) into something arbitrary, something random and then to even push it towards the fringes of the film, may seem a forbidden act at first. In fact, it plays like a joke unplugged, one told through a mic turned off, and the whole film runs like a drama which is leaking comedy from every pore. And vice versa.

The strenght of Rejtman’s new film then, does not lie in exploring the causes for the suicide attempt, nor dissecting its consequences, finding a «culprit» let alone digging into psychology. But in letting life happen in all its awkwardness around it. People refuse to talk about traumatic experiences? Yes, they do. They like to pretend that everything is fine? You bet.

«Dos Disparos» is not trying to correct anything, but it observes cunningly. Nobody in this film ever really moves fast; most of the time they even rest, Rejtman is not attempting to explain the exhaustion which makes them.

If it were for Rejtman, Baby Tomato would still be alive.