Las dos realidades del cine argentino

Las dos realidades del cine argentino

por - Críticas
23 Ago, 2014 01:29 | comentarios

Las buenas noticias empezaron desde principio de año. Se sabía –por los tiempos de producción– que 2014 iba a ser el año en el que unas cuántas importantes películas argentinas iban a estrenarse en festivales, en salas o en ambos lados. El pronóstico no ha fallado de entrada. Desde Rotterdam –primer festival de cierta importancia […]

jauja3Las buenas noticias empezaron desde principio de año. Se sabía –por los tiempos de producción– que 2014 iba a ser el año en el que unas cuántas importantes películas argentinas iban a estrenarse en festivales, en salas o en ambos lados. El pronóstico no ha fallado de entrada. Desde Rotterdam –primer festival de cierta importancia en el calendario internacional– hasta los recientes adelantos de Viena, además de los anuncios aún no concluidos de San Sebastian y de los festivales que vendrán después, todos los festivales han tenido más y más cine argentino. Y no se trata de esos años en los que dos o tres películas circulan incesantemente por el mundo pero son siempre las mismas, sino que cada nuevo festival más o menos grande, más o menos de prestigio encuentra otro título argentino para llevar a su programación. Después, raramente lo premian… pero esa es otra historia.

Hagamos un breve repaso que seguramente no será completo (espero que ninguno se ofenda por alguna ausencia y siempre están los comments para hacerme recordar títulos pasados por alto). En enero Rotterdam tuvo a REIMON, de Rodrigo Moreno y a TRES D, de Rosendo Ruiz como estrenos mundiales. Sundance tuvo EL CERRAJERO, de Natalia Smirnoff y LIVING STARS, de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Un mes después cuatro películas aterrizaron en la gigantesca Berlinale, dos de ellas en la competencia internacional: LA TERCERA ORILLA, de Celina Murga e HISTORIA DEL MIEDO, de Benjamín Naishtat. En la sección Generations de ese mismo festival se agregaban ATLANTIDA, de Inés María Barrionuevo y CIENCIAS NATURALES, de Matías Luchessi.

terceraorillaNo sería del todo justo agregar al BAFICI porque siendo un festival local es más que predecible que tendrá muchas películas nacionales, pero hay años con mejores cosechas que otros en lo que respecta a circulación internacional (algo que no siempre está ligado directamente a la calidad). Este año ya están empezando sus recorridos internacionales películas como MAURO, de Hernán Rosselli; EL COLOR QUE CAYO DEL CIELO, de Sergio Wolf (que arrancó en realidad en Cartagena) y ya en el reciente Locarno empezó a circular EL ESCARABAJO DE ORO, otra joyita del BAFICI 2014. Todo esto sin contar EL ROSTRO, de Gustavo Fontán y CARTA A MI PADRE, de Edgardo Cozarinsky que, si bien están dando vueltas por festivales este año empezaron su andar, respectivamente, en Roma y Viena 2013.


A esa altura llega Cannes y hay otra sorpresa. Inesperadamente RELATOS SALVAJES, de Damián Szifron, se mete en la competencia. Lisandro Alonso hace lo suyo con JAUJA en Un Certain Regard, mientras que tanto Diego Lerman con REFUGIADO y Pablo Fendrik, con EL ARDOR, participan en la Quincena de Realizadores y en Un Certain Regard, respectivamente. Pasa el «veranito europeo» y llega Locarno, que se destapa con DOS DISPAROS, de Martín Rejtman y LA PRINCESA DE FRANCIA, en competencia, y FAVULA –primer estreno mundial en el exterior de Raúl Perrone– en una sección paralela junto a la citada EL ESCARABAJO DE ORO. En el medio, algo desapercibido, pasa otro notable «detalle»: un excelente festival como FID Marseille pone a Eduardo «Teddy» Williams en su competencia oficial con un corto, J’AI OUBLIÉ, siendo el único corto en una competencia de largos y mediometrajes.

refugiado.jpg_1328648940Llegamos a Venecia, que si bien no fue muy generoso con el cine latinoamericano este año tuvo un lugar para EL 5 DE TALLERES, de Adrián Biniez y otro para MESSI, que si bien es un documental español (y dirigido nada menos que por Alex de la Iglesia) tiene historia, protagonista y mayoría de testimoniantes argentinos, además de un documental sobre María Fux llamado BAILANDO CON MARIA. Toronto agregó a LULU, de Luis Ortega, y a AIRE LIBRE, de Anahí Berneri, además de repetir a conocidos como Szifron, Rejtman, Alonso, Piñeiro y LA SALADA, de 2013. Todo esto sin contar las varias coproducciones en las que la Argentina participa minoritariamente, de la colombiana LOS HONGOS a la dominicana DOLARES DE ARENA, pasando por varias más.

El Festival de San Sebastián, que suele ser generoso con la partipación latinoamericana en general y argentina en particular, ya se apunto a AIRE LIBRE en competencia, además de las de Szifron y de otras más que aún no se han anunciado. Hace unos días el prestigioso Festival de Nueva York que apenas programa unas 30 películas en total anunció tres argentinas: DOS DISPAROS, LA PRINCESA DE FRANCIA y JAUJA. Y hace un rato Viena dio un adelanto de su programación que incluye a –otra vez– Rejtman, Perrone, Alonso y la citada MAURO, y habrá más cuando terminen de anunciar su lista completa. Faltan todavía algunos festivales más y es de esperar que sigan apareciendo nuevas películas o volviendo a verse algunas de las que ya llevan meses circulando. Y les puedo asegurar que hay más, muchas más películas argentinas dando vueltas, y varias de ellas más que dignas.

Esta amplísima participación internacional –cuento 22 películas distintas estrenadas mundialmente en festivales de los considerados grandes en 2014 sin sumar las repetidas ni las que puedan venir en los cuatro meses que aún faltan ni las que se vieron en festivales algo menos conocidos– supera a la de toda la historia del cine argentino y, probablemente, sea superior a la de todos los demás países latinoamericanos juntos. Sí, es cierto, la proporción participación vs. premios es muy baja (es una clásica situación del cine argentino que amerita un análisis aparte pero que a mí particularmente no me preocupa ni me cae mal), pero la presencia internacional del cine argentino es abrumadora, al punto que da la impresión de que esa lenta decadencia en la que parecía haber entrado el cine nacional en el circuito festivalero, al menos por ahora, se borró.

Aire_Libre1_2Hay otra costumbre que llama la atención también en este 2014 que es el estreno inmediato de las películas localmente luego de su paso por los festivales. En algunos casos, hasta se estrenan antes de pasar por ellos o mientras están en pleno recorrido, algo que no solía ser así anteriormente, cuando pasaban meses y meses entre «circulación internacional» y «estreno comercial». Eso sigue pasando, claro, pero mucho menos que antes.

De todos modos –y aquí viene la parte gris casi negra del asunto– ni la participación en festivales, ni el estreno inmediato de los filmes ha hecho que suba demasiado la proporción de gente que ve cine nacional, ni tampoco el hecho de que se estrenen más de 100 películas nacionales año a año de cuya existencia casi nadie siquiera se entera. Es cierto que muchos de estos títulos no se han estrenado aún, pero a excepción de la película de Szifron y algún otro caso más (ARREBATO, LAS INSOLADAS, EL ARDOR, REFUGIADO) resulta difícil imaginarlas como mínimamente taquilleras. Las que sí hicieron taquilla –otro lugar común– fueron películas que jamás vieron un festival ni de lejos, como la de los BAÑEROS, SOCIOS POR ACCIDENTE o el misterioso caso de MUERTE EN BUENOS AIRES.

A lo que quería llegar, de cualquier modo, no es a analizar esta contradicción/choque entre prestigio internacional y desinterés local ya que eso es un tema viejo y recurrente, sino en resaltar el hecho de que ese éxito internacional se ve acompañado aquí por una Sala Lugones cerrada por impericia y /o desinterés gubernamental, la falta de circuitos/salas alternativas que estrenen de manera comercial títulos de arte sin «mandarlos al muere» entre tanques hollywoodenses, el ritmo de «pase el que sigue» que tienen los estrenos locales por las salas del INCAA y otras (algunas funcionan bien en el Gaumont pero deben volar porque es turno de la que sigue), una cantidad de títulos que nadie, ni los propios periodistas recordamos (y no hablo de estos 22 «festivaleros» sino de cien más), varias cadenas cinematográficas que no toman películas nacionales o las ningunean o las esconden y luego «recuperan» sus obligaciones legales de cuotas de pantalla con los tres o cuatro títulos taquilleros que todos conocemos. Y así…

relatos salvajes2Más allá del MALBA, del BAMA, del Gaumont y algún espacio pequeño más, lo que se siente es una caída fuertísima en la cultura cinematográfica pública y constante de la Argentina. Digo «pública» porque entiendo que muchos consumen de forma privada y probablemente ilegal (justificada la mayoría de las veces en que es la única forma de ver películas que nadie estrena). Y agrego «constante» porque siempre están esas excepciones como el BAFICI que nos hacen creer que todo el mundo quiere ver cine de autor y que todo el mundo quiere ver cine arte.

Me preocupa, particularmente, y saliendo un poco de la temática nacional, la desaparición de estrenos en la Argentina de países que no sean los Estados Unidos o alguna otra mínima y casi casual excepción. Y no pido por 100 estrenos de Bangladesh, sino que me sorprendo al ver que casi no se estrenan películas españolas, italianas, alemanas, del Este de Europa y, mucho menos, latinoamericanas, el gran agujero no reconocido que tiene el cine argentino en materia de estrenos comerciales. Uno viaja a cualquier país de América Latina y si bien es cierto que todos tienen similares problemas (y algunos peores), por lo menos dedican un espacio en sus carteleras al cine del resto del continente. Aquí hay que buscar con lupa en la lista de estrenos anuales para llegar a una media docena, muchas de las cuales se estrenan solo por el hecho contractual de ser coproducciones argentinas.

En síntesis, un cine que deslumbra y triunfa en el exterior que debería ser producto de una cultura cinematográfica viva, latente y pujante se choca con el «misterioso» hecho que esa cultura no parece estar muy viva, ni muy latente, ni muy pujante al menos en lo que respecta a la circulación (no hablo de éxitos taquilleros, hablo de un mínimo interés por lo que se produce) de esos mismos filmes. De a poco, el Nuevo Cine Argentino se transforma en un circuito cerrado que ya excede tanto los evidentes deseos y las posibilidades de muchos cineastas por intentar «acercarse» al público como el supuesto desinterés del público por los actores o autores argentinos. Ya parece hablar de otra cosa. Y es tiempo de analizar si hay forma de resolver ese extraño entuerto de una cultura cinematográfica que explota e implota a la vez. Que se expande, brilla y, en el mismo gesto, desaparece como fuego de artificio.