Festivales: «The Tribe», de Miroslav Slaboshpitsky

Festivales: «The Tribe», de Miroslav Slaboshpitsky

por - Críticas
05 Oct, 2014 10:11 | Sin comentarios

Esa entelequia conocida como «la comunidad crítica» ha elegido una de sus nuevas criaturas favoritas. Se llama THE TRIBE y es una película ucraniana que ganó en Cannes el premio principal en la sección Semana de la Crítica. Cuando me refiero a «entelequia» en relación a la comunidad crítica lo digo en función de que […]

thetribe_poster_30x40Esa entelequia conocida como «la comunidad crítica» ha elegido una de sus nuevas criaturas favoritas. Se llama THE TRIBE y es una película ucraniana que ganó en Cannes el premio principal en la sección Semana de la Crítica. Cuando me refiero a «entelequia» en relación a la comunidad crítica lo digo en función de que no existe una como tal sino que, en un punto, son diversas, contradictorias, a veces enfrentadas entre sí. Para los que piensan que el mundo de la crítica de cine se divide entre los que apoyan un cine, digamos, más comercial y de entretenimiento y otros que apoyan el cine de arte y festivales (una concepción muy reduccionista y en general, errada), deberíamos agregar una distinción aún más específica y complicada: las distintas «comunidades críticas» que se forman dentro del cine llamado festivalero. Y películas como THE TRIBE ponen en conflicto a este juego de grupos críticos. De hecho, todo el festival de Cannes pone esas líneas en conflicto.

Cannes tiene predilección por películas truculentas y si bien la Semana de la Crítica la programan otras personas, THE TRIBE responde tan claramente a ese modelo alentado por Thierry Frémaux en las secciones oficiales que es difícil creer que se les haya pasado de largo una película así. Se trata de una de las películas más cruentas, violentas, crueles y despiadadas que vi en mucho tiempo, al punto de pensar que WHITE GOD –la celebrada y a la vez criticada película húngara que no sólo se presentó en una sección oficial de Cannes como es Un Certain regard, sino que la ganó– es un juego de niños al lado de ella. Pero, a la vez, como sucede con buena parte del cine del Este de Europa, trabaja desde poéticas cinematográficas audiovisuales que suelen ser caras y cercanas a la crítica que, en general, odia este tipo de películas misantrópicas y truculentas.

tribeUn debate parecido se había planteado con dos de los grandes éxitos que pusieron bajo la lupa al cine rumano hace unos años: LA NOCHE DEL SR. LAZARESCU, de Cristi Puiu y 4 MESES, 3 SEMANAS, 2 DIAS, de Cristian Mungiu. Si bien ambas practican similares acercamientos formales a sus temas, hay en una de ellas un respeto a sus personajes y una distancia que muchos consideramos justa mientras que en la otra se cuela cierta necesidad de impacto y una que otra escena que traspasa algunos límites. No del buen gusto, sino de la dignidad humana. THE TRIBE puede sumarse, a su manera, a la línea que trabaja esa película, pero va aún más lejos. Hay elecciones formales en el filme que son interesantes e ingeniosas, hay escenas que son directamente sorprendentes e innovadoras, pero también hay otras decisiones que son, al menos para quien esto escribe, entre discutibles e incomprensibles.


La opera prima del ucraniano Miroslav Slaboshpitsky se centra en un centro juvenil (o escuela/internado, no queda claro) para sordomudos en Ucrania. El «no queda claro» tiene que ver con una de las propuestas del filme: está hablada todo el tiempo en lenguaje de señas y se exhibe sin subtítulos, por lo cual muchas de sus cuestiones narrativas más que entenderse, se asumen, se adivinan. La historia que cuenta es la de un recién llegado a esa escuela y su complicada subida en una escala de poder interna dentro de lo que, literalmente, es una agrupación delictiva. Los jóvenes sordomudos del lugar –con la venia de los directivos– salen del  lugar para robar, prostituyen a las chicas que allí viven y se comportan de una manera violenta y agresiva muy similar a la de cualquier colegio secundario que vemos en las películas de Hollywood: cadenas de poder, bullying constante, peleas permanentes y así. Esto, claro, sale de los límites del colegio y pasa directamente a una zona más que gris en la que entra el delito común (roban en trenes) y una explotación de las mujeres que, por más que esté hecha con el aparente consentimiento de las chicas, no deja de ser complicado.

the-tribe-de-myroslav-slaboshpytskiy,M151064No hay compasión ni condescendencia ni simpatía alguna en la mirada del director a sus personajes. Y si bien se agradece la falta del clásico edulcorante que pasa un manto de piedad ante personajes con dificultades físicas, en THE TRIBE el programa es casi opuesto. No hay grises. Ni siquiera el protagonista se salva de la mirada impiadosa del realizador, ya que una vez que entra en el sistema aprende a «trabajar» en él y se comporta como un «patán» más. Y lo que sucede en el filme, fuera de las decisiones formales, es bastante clásico y cuenta el ascenso del protagonista en la escala de poder, sus problemas con otros «pesos pesado» del colegio y un seco y muy sexualizado «romance» con una de las chicas que él mismo prostituye y que tiene una potencia física inusual, casi animalística.

La primera parte del filme es decididamente promisoria. Slaboshpitsky mantiene, si se quiere, los «postulados» de cierta escuela del Este de Europa de planos largos y con una casi siempre inteligente puesta en escena a la hora de resolver situaciones narrativas como la llegada del chico al colegio y sus primeros pasos ahí. El sonido es ambiente –no hay música– y, como queda claro, tampoco hay diálogo audible alguno. El tema de la incomprensión de los diálogos –en función de la ausencia de subtítulos– tiene un punto a favor y otro en contra. La «contra», obviamente, es que no se entiende nunca muy bien del todo lo que pasa y lo que eso termina generando es una sensación de que la trama es tan obvia, clara y genérica que ni siquiera hace falta entender lo que dicen. Subtitulada se entendería, pero sería otra película. Veamos…

the-tribe-multiprime-et-hippocrate-hors-competition-en-cloture-de-la-semaine-de-la-critiqueM151832Esa «incomprensión» no es igual a la de una película, digamos, en ucraniano que no está subtitulada. Los protagonistas, todos actores no profesionales y sordomudos, tienen una presencia y una movilidad física muy particular, lo cual transforma a la película por momentos en una suerte de teatro kabuki, de ballet o pieza de danza contemporánea (especialmente en las escenas de discusiones que terminan, inevitablemente, en peleas) en la que esa movilidad y virulencia física puede apreciarse en detalle, aún sin entenderse del todo narrativamente. De todos modos, para mi gusto, el director abusa de situaciones del orden de lo narrativo más tradicional –hay largas escenas de diálogos que son incomprensibles para los que no leemos lenguaje de señas en su versión ucraniana– y en esas situaciones sí da la sensación de que la falta de subtitulado se vuelve más un capricho que otra cosa. Como decía, a falta de conocimiento del lenguaje, tampoco podría discutir las actuaciones del elenco, pero al menos para el ojo no entrenado da la sensación de que están tratando de paliar esa incomprensión verbal con una exageración gestual propia del cine mudo. No se los escucha, pero se gritan todo el tiempo.

Acostumbrados entonces a esta serie de decisiones queda por pensar en el resto de las elecciones de la película. Y allí es donde el asunto desbarranca hasta límites insospechados, especialmente en la segunda mitad. Allí es donde aparecen dos figuras bastante nefastas del cine de autor contemporáneo en su expresión máxima: lo canchero/ingenioso y lo cruel/impactante. Lo primero podría hasta tolerarse y tiene que ver con ciertos «juegos» que el autor hace respecto a la sordera de los personajes que no adelantaremos aquí pero que son más guiños que otra cosa. Pero el asunto no es tan menor ya que esos guiños vienen en general acompañados por una dosis de violencia tan intolerable como innecesaria. Para completar el panorama, THE TRIBE tiene una espantosa secuencia de un aborto que deja empequeñecido a la tan discutible de la película de Mungiu. En esa larguísima secuencia es donde el desagradable programa narrativo de Slaboshpitsky se lleva puesto su ingenio para la puesta en escena. Allí no juegan ni la sordera, ni los gestos, no hacen falta diálogos ni subtitulados. Todo se ve, todo se entiende, todo se echa a perder.

Dejo para otros el análisis respecto a lo que esta película tiene para decir sobre la situación social, política y económica en Ucrania, sobre su relación con la Unión Europea y con Rusia (temas que el filme muy lateralmente toca). El programa estético de la película me anula toda posibilidad de análisis de esos temas. Los interesados de verdad en conocer más acerca de la Ucrania actual acérquense a ver MAIDAN, de Sergei Loznitsa. Aquí, hablar de eso es entrar en el juego de una película que aprovecha esa realidad (una larga serie de «culpas occidentales», digamos) para fines cinematográficamente impresentables.