Debate: Dos disparos al cine argentino

Debate: Dos disparos al cine argentino

por - Críticas
11 Oct, 2014 12:19 | comentarios

Uno podría decir que, casi en honor a su título, la película de Martín Rejtman, recibió esta semana «dos disparos» casi consecutivos, como los que abren la trama del filme. Uno, el lunes, cuando ninguna de las grandes multisalas comerciales quiso programar la película, que quedó relegada –al menos en Buenos Aires– a dos funciones […]


dos disparos 3Uno podría decir que, casi en honor a su título, la película de Martín Rejtman, recibió esta semana «dos disparos» casi consecutivos, como los que abren la trama del filme. Uno, el lunes, cuando ninguna de las grandes multisalas comerciales quiso programar la película, que quedó relegada –al menos en Buenos Aires– a dos funciones diarias en el Arteplex Belgrano y a otras dos en el BAMA, en el Centro. La segunda, menor si se quiere pero de algún modo simbólica, es que dos de los grandes diarios de la Argentina no publicaron el jueves, el día de su estreno, la crítica del filme. No es un problema necesariamente grave –siempre hay más estrenos que espacio para publicarlos en los formatos cada vez más acotados de los diarios–, pero sí un síntoma curioso: el filme de un cineasta que muchos consideramos de los más importantes de los últimos 25 años en la Argentina y padrino de toda una generación que cambió al cine nacional para siempre, no estaba siendo considerado entre los estrenos importantes de la semana. Y, para peor, con una película que está haciendo una cuatrifecta de festivales que casi no tiene paralelo en el cine mundial este año: Locarno, Toronto, Nueva York, Viena y, si se quiere, podemos sumar hasta San Sebastián.

En realidad, esos «dos disparos» vienen de antes. Uno podría usar esa misma «metáfora» para hablar de la manera en la que se distribuye el cine argentino y porqué películas como DOS DISPAROS funcionan en una especie de «tierra de nadie», pese a los festivales, los premios, la reputación de sus directores, etc, etc. En lo que respecta a la exhibición parece haber dos ejes sobre los que las autoridades del cine argentino se ocupan: las películas muy grandes o las pequeñas que van solo a una sala oficial. Las primeras son las que le cumplen a las multisalas la «cuota de pantalla» necesaria para no tener que ocuparse de las medianas y mucho menos de las chicas. Los números de RELATOS SALVAJES y de BAÑEROS 4, SOCIOS POR ACCIDENTE y tal vez alguna otra, logran que las leyes se cumplan (si no es así, invito a algún especialista a que me corrija) y las grandes salas se desentienden de todo lo demás. O lo tiran por ahí, a alguna sala menor y alejada en la que saben que no les quitará espacio para un tanque.

dos disparos 4El segundo «disparo» sucede en el territorio de las salas coordinadas por el INCAA. Uno podría decir que, con espíritu democrático, se trata de que todas tengan la misma oportunidad y posibilidades: las películas se estrenan de a decenas, ocupan alguna sala del Gaumont una o dos semanas y que pase la que sigue. El problema, entonces, es qué se hace con películas como DOS DISPAROS, con LOS  DUEÑOS, con LA TERCERA ORILLA y algunas otras películas que tienen un potencial de espectadores que supera la pequeña salida en unas pocas salas pero tampoco entran (o lo hacen forzadamente y duran muy poco) en el circuito de las grandes. Y, por su producción en cierto modo «industrial», tampoco pueden ir solo al MALBA o a salas consideradas no comerciales.


La película de Rejtman puede gustar más o menos, puede atrapar o no al público, pero es claro que no se trata de una película minúscula para 500 o 1.000 espectadores. Y, con la salida que tuvo, salvo un milagro tipo 7 CAJAS, nunca va a poder ni superar los 10.000 cuando es una película que podría, tranquilamente, ser vista por 20, 30 mil espectadores, ya que tampoco estamos hablando de un filme radical o uno de vanguardia supuestamente imposible para las audiencias no especializadas. El asunto es que si por un lado las grandes salas tienen su cuota cubierta y las «oficiales» exhiben una película atrás de otra como si fuera un procedimiento burocrático, ¿cómo lograr que estas películas encuentren su lugar? ¿Y dónde?

dos disparos 6Se me ocurren dos opciones que, seguramente, los que conocen al dedillo los vericuetos de la distribución y la producción cinematográfica me dirán que son imposibles. Una, que el apartado «cuota de pantalla» tenga algún tipo de reglamentación que exija a las salas pasar una cierta variedad o cantidad de películas argentinas y que no alcance solamente con los números de Szifron, digamos, para cumplir con todos los requisitos legales. Ni siquiera hablo de aumentar la cuota ni ninguna medida que pueda ser leida como excesiva o que implique que las grandes cadenas quieran irse del país. Simplemente una regulación específica sostenida en la misma «diversidad» que el gobierno asegura defender. De hecho, en muchos países (Corea y Francia son casos clásicos) apoyar el cine nacional ha redundado en un gran éxito para las salas y, obviamente, para la industria nacional. No va a pasar, lo sé, pero es deseable que ese apoyo a la producción se vea sostenido por un apoyo similar a la distribución.

Por el otro, una cuestión sobre la que ya se ha hablado mucho: la posibilidad de que muchas de las más de 150 películas que se hacen en la Argentina al año no tengan que pasar por los cines para cumplir la obligación legal que les permita cobrar tal o cual subsidio. Es decir: una proyección televisiva o en una plataforma online tranquilamente podría darles a esas películas ese visto que las hace acreedores de los prometidos y en muchos casos justificados dineros. Se sabe que en ese centenar de películas que pasan inadvertidas por los cines hay tanto notables documentales hechos con enorme esfuerzo personal de mucha gente como productos pensados por algún productor ingenioso que encontró la vuelta para gastar 50 y ganar 80 sin importar qué película ha hecho y si la ven diez, cien o mil personas. Creo que muchas de esas películas –preferentemente, las valiosas como tantos documentales que pasan rápidamente por las salas sin que nadie se entere– podrían estrenarse directamente en ese tipo de plataformas sin necesidad de bloquear la salida de películas que tienen tanto valor estético como, en cierta medida, comercial. Con las otras –las producidas con la calculadora solamente– habría que tratar de ir terminando. ¿Cómo? No sé. Me dirán que es imposible, que todas las películas tienen los mismos derechos y nadie hace una película «mala» a propósito. Pero el mundo del cine es lo suficientemente chico como para que sepamos más o menos bien cuáles son esas películas que aprovechan los recovecos y conexiones del sistema para existir y, rápidamente, desaparecer de todos los mapas.

Dos_disparos_Rejtman_1Lo curioso de DOS DISPAROS, como muchas otras películas argentinas, es que nace comercialmente amputada por las mismas estructuras que facilitan su existencia. O bien, esas estructuras que se ocupan de ver al niño nacer luego lo abandonan en la calle para que se pelee solo y en franca desventaja con los bullies de turno, llámense distribuidoras, exhibidores o programadores de salas. Me dirán que esas películas funcionan económicamente gracias a otros recursos –dineros del exterior, fondos, subsidios europeos, ventas, screening fees, etc.– y que no dependen de los espectadores nacionales para que «los números cierren». Tal vez sea cierto: de hecho más de un productor lo ha dicho públicamente. Nadie está diciendo aquí que los productores de las películas más radicales son torpes y quieren perder miles de dólares intencionalmente, pero eso no quita que, a diferencia de otros, su deseo es que sus películas aquí se vean, se compartan, se discutan, se disfruten.

Situaciones como la de DOS DISPAROS son las que vuelven a plantear hasta qué punto tiene sentido estrenar dentro del sistema comercial una película en la Argentina, donde será maltratada por las cadenas, descuidada por las mismas autoridades que le dieron el dinero para existir y encima, ahora, ni siquiera tenida tan en cuenta por los medios gráficos nacionales, que parecían ser el último bastión de defensa para este tipo de cine. Tal vez, como opinan algunos realizadores que prefieren mantenerse fuera del sistema de subsidios estatales y de estrenos comerciales, el cine independiente en la Argentina deberá ser realmente independiente y evitarse de una vez por todas esos dos temidos disparos que, como en la película de Rejtman, van al cerebro y al estómago. Entre esos dos órganos, por suerte, queda otro que nos permite seguir vivos.

PD. Esta nota fue escrita el jueves del estreno. Al día siguiente, las críticas salieron en los dos grandes medios gráficos que faltaban. De todos modos, creo que no invalida el análisis de lo que pasó, ya que ese es el menor de los temas tratados aquí. El principal es el de la exhibición y la falta de protección a las películas nacionales. La taquilla, de todos modos, sí parece estar demostrando lo que planteo en la nota: es imposible llegar a una digna cantidad de espectadores si estos filmes no se estrenan en más salas.