Viennale 2014: «La sapienza», de Eugene Green y «The Iron Ministry», de J.P. Sniadecki

Viennale 2014: «La sapienza», de Eugene Green y «The Iron Ministry», de J.P. Sniadecki

por - Críticas
09 Nov, 2014 09:01 | comentarios

LA SAPIENZA, de Eugene Green (Francia) Tras su paso por el Festival de Locarno, la nueva película del realizador norteamericano radicado en Francia vuelve a mostrar las cualidades que lo han convertido en uno de los cineastas más interesantes de la actualidad. Los que vieron algunas de sus películas previas (las extraordinarias LE MONDE VIVANT […]


sapienza2LA SAPIENZA, de Eugene Green (Francia)

Tras su paso por el Festival de Locarno, la nueva película del realizador norteamericano radicado en Francia vuelve a mostrar las cualidades que lo han convertido en uno de los cineastas más interesantes de la actualidad. Los que vieron algunas de sus películas previas (las extraordinarias LE MONDE VIVANT y PONTE DES ARTS, entre otras) saben que su estilo combina planos fijos y largos, actuaciones desafectadas (en la línea bressoniana/rejtmaniana) editadas de manera tal que usualmente los personajes parecen hablar a cámara, temáticas ligadas con la historia europea y una pasión por la música y el teatro barrocos que impregna cada imagen del filme.

Aquí el protagonista es Alexandre, un arquitecto que viaja a Ticino en la zona italiana de Suiza a investigar la obra del arquitecto Francesco Borromini, que nació en ese lugar aunque sus obras se encuentran mayormente en Italia. Alexandre está intentando terminar un trabajo sobre la obra de este arquitecto del siglo XVII pero parece falto de inspiración y deprimido. En compañía de su esposa, Alienor, viajan a Lago Maggiore donde conocen a dos jóvenes hermanos que se involucrarán en sus vidas: Goffredo es un estudiante de arquitectura que empieza a acompañar a Alexandre en su recorrido por el trabajo de Borromini, mientras que Lavinia –una chica con algunos problemas psicológicos– se queda en la casa con Alienor.


sapienzaLas conversaciones entre los arquitectos irán desde la historia de Borromini y su rival Bernini a sus ideas sobre la arquitectura, con la persistente sensación de que el joven es el único capaz de sacar a Alexandre del «bajón» con el que convive. Las mujeres, en la casa, también conversarán sobre sus propias frustraciones, ejemplificadas especialmente en los mareos de Lavinia. Hay algo de VIAJE A ITALIA, de Rossellini, que se entromete todo el tiempo en el filme, esa misma idea del viaje de la pareja en crisis y su recorrido por zonas históricas de Italia en la que esa crisis se pone en juego.

Pero Green va por otro lado también. Los diálogos son casi monólogos enfrentados y los textos tienen mucho de enunciado, digamos, teatral. Green complementa estas conversaciones con los recorridos por los escenarios y algunas escenas históricas que no funcionan del todo bien en el contexto del filme. Los escenarios son verdaderos protagonistas de la historia, lo mismo que la dualidad del arquitecto respecto a las obras que admira y las que le toca hacer por trabajo (fábricas en lugar de iglesias, digamos). Es esa angustia de la mediana edad que convive con el por momentos desesperante realismo de lo cotidiano que choca con la intensidad (de la pasión por la arquitectura de Goffredo hasta la inestabilidad psicológica de Lavinia) de la joven pareja.

sapienza3Como en los otros filmes de Green, pese a la aparente frialdad de los comportamientos y la estilizada rigurosidad de la puesta en escena, lo que se transmite es una especie de romántica nostalgia por la pasión de tiempos idos, una suerte de elegía por un pasado que parece irrecuperable pero que está en las nuevas generaciones empezar a recomponerlo, a través del contagio generacional y de la admiración mutua por las grandes obras humanas de la historia. Sea el teatro, la música o la arquitectura: todas pruebas de una grandeza humana que el gris cotidiano de las diversas crisis actuales no deberían oscurecer. «Para la gente y la luz», dice el estudiante de arquitectura respecto a sus soñados edificios. Esa es la «sapiencia» que intenta impartir aquí Green: crear una estructura, cinematográfica, para la gente y para la luz.

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THE IRON MINISTRY, de J.P. Sniadecki

IronMinistryRelacionado con los filmes del Sensory Ethnograpy Lab de la Universidad de Harvard (LEVIATHAN, MANAKAMANA), pero con diferencias importantes tanto en su punto de vista como en el particular universo que describe, Sniadecki se mete aquí adentro de un tren chino –supuestamente el del recorrido más largo del mundo– y va describiendo sus espacios y personajes a lo largo de lo que parece un viaje aunque en realidad está compuesto por imágenes y testimonios tomados durante casi tres años.

El director de FOREIGN PARTS y PEOPLE’S PARK, un conocedor profundo de la cultura china (habla mandarín y por momentos se lo escucha interactuar con los pasajeros) arranca el filme casi como si fuera un riff sobre LEVIATHAN, ya que por unos buenos minutos solo se escuchan sonidos e imágenes en primer plano tan cercanas que las tornan indistinguibles. Son, finalmente, parte de la maquinaria del tren, ya que luego los planos se van abriendo y la película va descubriendo el universo de ese medio de transporte al que, claramente, Sniadecki visualiza como un recorte de la sociedad china.

IronMinistry5En cierto modo el documental tiene una estructura similar a la del thriller coreano SNOWPIERCER, ya que aquí la cámara no sale nunca del tren, el exterior solo lo vemos pasar a velocidad, casi de manera abstracta, a través de las ventanas, y en los distintos vagones observamos a personas divididas según clases sociales, desde los sucios y congestionados vagones económicos con gente apilada durmiendo uno sobre otro hasta los más elegantes, de primera clase, con camarotes y restaurantes.

Sniadecki recorre los vagones observando el mundo pero también se detiene a conversar o a escuchar lo que hablan algunos pasajeros. Esos momentos pueden incluir una especie de rutina de stand up de un precoz niño de unos 11 años que bromea filosamente imitando a la voz de los anunciadores del sistema ferroviario («Bienvenidos al tren que va de Afganistán a Estados Unidos, pueden dejar sus bombas en el compartimiento superior», dice), hasta los diálogos entre los pasajeros del tren respecto al trato en China de las minorías religiosas (como los musulmanes) o los salarios en las fábricas. La mayoría del tiempo (y de los encuentros) suceden en los vagones económicos donde no solo a Sniadecki le permiten filmar con mayor libertad sino donde parece sentirse más identificado ideológica y personalmente con los que viajan.

ironministry2Otros momentos son puramente observacionales, como cuando la cámara de Sniadecki sigue al vendedor con su carrito de productos a través de varios vagones o cuando vemos, constantemente, a la gente fumando dentro del tren dejando un tendal de colillas por todo el piso. En otros momentos la cámara se detiene en rostros de gente (familias enteras) durmiendo y en algunos vuelve a optar por cierta abstracción visual, lo que le da al viaje y al filme en sí cierto carácter alucinatorio.

Más allá de cierta desorganización narrativa –la película no tiene un eje muy claro ni se explica jamás, intencionalmente, el recorrido del tren–, THE IRON MINISTRY es una intrigante, densa y por momentos fascinante mirada a una sociedad como la china que el tren claramente metaforiza como en permanente y veloz movimiento pero sin destino claro y sosteniendo, en su interior, las diferencias de clase y los potenciales conflictos que podrían estallar cuando ese tren llegue a algún destino. Por ahora viaja y la velocidad (como la de los booms económicos, por ejemplo) muchas veces no permite ver las cosas muy claramente. O prefiere pasar por alto las contradicciones internas con las que se mueve.