Viennale 2014: «The Duke of Burgundy», de Peter Strickland y «Mercuriales», de Virgil Vernier

Viennale 2014: «The Duke of Burgundy», de Peter Strickland y «Mercuriales», de Virgil Vernier

por - Críticas
07 Nov, 2014 06:35 | comentarios

THE DUKE OF BURGUNDY, de Peter Strickland (Gran Bretaña) Uno de los cineastas más particulares e inclasificables de los últimos tiempos, Peter Strickland sigue haciendo de las suyas en THE DUKE OF BURGUNDY, otra inclasificable retro-exploración en el mundo del cine del pasado que se parece bastante a un cine del futuro. No es tan […]

duke2THE DUKE OF BURGUNDY, de Peter Strickland (Gran Bretaña)

Uno de los cineastas más particulares e inclasificables de los últimos tiempos, Peter Strickland sigue haciendo de las suyas en THE DUKE OF BURGUNDY, otra inclasificable retro-exploración en el mundo del cine del pasado que se parece bastante a un cine del futuro. No es tan distinta la apuesta, si se quiere, a la de sus anteriores filmes, especialmente a BERBERIAN SOUND STUDIO, ganadora como mejor película en el BAFICI 2013. Aquí, el británico vuelve a tomar referencias del más oscuro cine de género de los ’60 y ’70 para crear con esas imágenes, esa poesía, esa lógica perturbada una experiencia cinematográfica tan personal como enrarecida.

¿Dónde se mete Strickland esta vez? Digamos que el universo de referencias de THE DUKE… parecería ser esta vez el cine erótico europeo de los ’70, con sus colores apastelados, sus climas de sueño/pesadilla, una especie de softcore artie que ha pasado de moda y se ha vuelto objeto de culto (Jess Franco, Tinto Brass y compañía). Ese es el “modus operandi” en el que se mueven los personajes del filme: Cynthia, la dueña de un caserón en la campiña británica, y Evelyn, la chica que limpia y a la que ella maltrata, agrede y hasta castiga físicamente.


DUKEPero pronto veremos que las cosas no son tan así. En la primera de las vueltas de tuerca –la que se puede contar porque sucede unos minutos apenas comenzada la serie de rituales—vemos que en realidad se trata de un simple juego erótico y de seducción entre dos mujeres que se aman y que, día a día, juegan este juego de roles de dominador y dominada para el aparente placer de ambas.  Pero la cosa allí recién empieza, ya que el juego en cuestión tiene sus complicaciones a las que cada una responde de manera diferente –la relación de poder entre ambas es más complicada de lo que parece en un principio–, empezando a torcer la relación hacia lugares inesperados.

Entre el clima de ensueño, la música y las escenas de erotismo se va tejiendo una trama que tiene más puntos en común con EL SIRVIENTE, de Joseph Losey, que con –digamos— las películas de Brass. La relación se va volviendo más y más perversa pero, a la vez, curiosamente divertida, sin nunca volverse paródica. Como lo hizo con el giallo en su anterior película, Strickland conoce y respeta los géneros que homenajea y hace con ellos sus personales adaptaciones, sin jamás burlarse de ellos.

duke3Finalmente, y más allá de su exótica apariencia y sus raros modos, THE DUKE OF BURGUNDY es una historia de amor entre dos personas que han llegado a un momento en su relación en el que las cosas ya no pueden sostenerse con la misma frescura que al principio. Más allá de que sus personales formas de “refrescar” esa relación no sean las más convencionales del mundo (imperdible es una charla con una mujer –todas son mujeres en el filme—que les recomienda un “inodoro humano” como nueva experiencia sexual), en la forma en la que las actrices encarnan a sus personajes palpita claramente el carácter romántico y dramático de esta película tan insólita como extraordinaria.

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mercMERCURIALES, de Virgil Vernier (Francia)

Otro cineasta inclasificable es el realizador francés de ORLEANS, un mediometraje sorprendente que se dio en BAFICI hace unos años y que ahora presentó en Viennale su largometraje que, como THE DUKE OF BURGUNDY también se centra en la relación entre dos mujeres, si bien en este caso son solo amigas. No es la única coincidencia entre ambos filmes: los dos parecen transcurrir en un tiempo indeterminado y tener una relación bastante esquiva con eso que llamamos “realidad”.

Los “Mercuriales” del título son dos edificios tipo Torres Gemelas que están ubicados en unos barrios de las afueras de París. Allí, tras una intro que nos presenta a la gente que trabaja en la seguridad del lugar como si la película transcurriera en medio de un conflicto social o bélico, la historia parece detenerse en la relación entre dos mujeres muy bellas que trabajan en el lugar, aparentemente como recepcionistas. Pero a Vernier le importa poco explicarnos muy bien todo eso: el filme las seguirá en su relación, en sus conversaciones cotidianas, en el tiempo que le dedican a cuidar a la niña de una ex compañera de trabajo y en la relación de ésta con un nuevo y “prometedor” novio.

mercuriales2Una de las chicas es de origen moldavo y la otra, francesa. En su derrotero impreciso de piscinas públicas, caminatas, situaciones que parecen oníricas o casi de ciencia ficción (si bien las actuaciones son en extremo realistas, el universo que los personajes habitan es casi de fábula), vamos conociéndolas, siendo partícipes de sus vidas, de su amistad. Un viaje a otro pueblo donde tienen unas aventuras nocturnas, sus bailes y juegos con la simpática niña y otras aparentemente anodinas situaciones se acumulan generando una curiosa identificación con estos personajes.

Curiosa, digo, porque el filme logra una enorme verdad en su registro casi documental pero a la vez posee unos dispositivos narrativas que distancian y que van generando un cada vez mayor extrañamiento. Se la ha comparado con cierto cine de Jean-Luc Godard y uno podría decir que algo de cierto hay, especialmente en su etapa de mediados de los ’60, previa a su ruptura con el cine narrativo. A mí me hizo recordar también a ciertas películas de Claire Denis. En MERCURIALES hay libertad, belleza, verdad y una curiosa poesía que surge en cada escena, por más que consista simplemente en tomar un baño, mirar el cielo o cantar una canción.