Debates: la controversia «Jauja»

Debates: la controversia «Jauja»

por - Críticas
09 Dic, 2014 02:51 | comentarios

¿Conocen el concepto de backlash? No tiene una traducción, en este caso, del todo clara al castellano. Los diccionarios hablan de «reacción», pero el término no termina de definir del todo un término que se usa mucho en la industria del cine y que consiste, más o menos, en lo siguiente. Una película se estrena en […]

jauja poster¿Conocen el concepto de backlash? No tiene una traducción, en este caso, del todo clara al castellano. Los diccionarios hablan de «reacción», pero el término no termina de definir del todo un término que se usa mucho en la industria del cine y que consiste, más o menos, en lo siguiente. Una película se estrena en un festival internacional o es vista por unos pocos críticos, programadores o eso que llaman «formadores de opinión». La película se la celebra como si fuera la llegada de alguna sonda a Marte que descubre que era cierto que allá vivía la familia entera de David Lynch. Se la pone en listas, se la recomienda en redes sociales, a amigos, se dice a «diestra y siniestra» (me gusta ese avejentado concepto) que es la última maravilla del mundo y queda así, a la espera de que –semanas o meses más tarde– la película finalmente llegue a un mayor número de críticos y, un poco después, a los espectadores.

Por algún motivo que nunca conseguiré desentrañar del todo (para desentrañarlo, tal vez, escribo este post) es muy común que esa película sea recibida, en el mejor de los casos, con una frase del tipo: «No era para tanto». En otros, con desidia, fastidio, bronca, odio, como si a ese nuevo espectador o crítico le hubieran (hubiéramos, en este y otros casos) mentido y engañado vilmente. «¿Esta porquería era la mejor película del año?», suele ser la respuesta habitual, seguida por críticas donde muchos se dedican a destrozar, plano a plano, ese edificio que algunos habían levantado. Con los espectadores, de otra manera, suele pasar algo parecido. Esa «Palma de Oro» no merecía serlo, esa película argentina tan celebrada esta hecha por un manco o la clásica: «¿A ustedes les pagan para decir que es buena, no?» Ese es, digamos, el famoso backlash del que hablaba al principio: una fuerte energía negativa que intenta contrarrestar la anterior. «Pararle el carro» o «bajar un cambio» serían acepciones más coloquiales a esa situación.

jauja3Tengo experiencia en el tema. Yendo a festivales internacionales desde hace casi 20 años tuve la suerte –o la desgracia– de ver muchos de estos «controvertidos» títulos en sus primeras funciones mundiales. Las películas vienen sin mucho background previo más que los nombres de sus directores y protagonistas (que ya traen sus grupos de fans y detractores) y allí ninguno de nosotros puede pilotearla sobre conceptos ya vertidos respecto a dichos filmes. Uno se enfrenta con la película, si se quiere, mutuamente vírgenes. Es muy usual que muchos aplaudamos películas en festivales como Cannes para luego toparnos, meses después, con que esas mismas películas celebradas son recibidas «en casa» con desdén, desprecio, desinterés y hasta fastidio.


Ejemplos tengo miles –y si bien en algunos casos uno debe admitir que en los festivales se deja llevar un poco por la excitación del momento y exagera apreciaciones sobre filmes que luego, vueltos a ver, empiezan a mostrar sus fallas–, muchos me sorprenden. Me acuerdo de algunos. De EL SABOR DE LA CEREZA a LA VIDA DE ADELE podría citar decenas de títulos que funcionaron de similar manera: gran recepción internacional, backlash de público o crítica en los sucesivos meses. Curiosamente, muchas veces pasa lo opuesto: películas que fueron poco consideradas en los festivales se vuelven «descubrimientos» una vez estrenadas en festivales o salas locales. Creo que la proporción habla por sí sola: hay una necesidad de generar una voz crítica que pueda desmarcarse de cierta «avalancha» de coincidencias y tomar distancia, como necesitando presentar batalla a la película, para ellos, acríticamente celebrada. O viceversa.

Dejo de lado esta eterna introducción para hablar de JAUJA. La película de Lisandro Alonso se estrenó en Cannes y fue considerada por buena parte de la crítica como una película extraordinaria que merecía ganar su competencia y que también debería haber estado en la pelea por la Palma de Oro. Convertida en «objeto maldito», celebrada por los festivales más vanguardistas y los críticos más dispuestos a apoyar este tipo de cine, JAUJA se fue convirtiendo, de mayo a noviembre, en un pequeño mito local e internacional, Top 10 de varias listas anuales de críticos. «La obra maestra de Lisandro Alonso», «una actuación increíble de Viggo Mortensen», «algo nunca visto en el cine argentino», etc, etc. Lo cual, al menos en mi opinión, esta vez no está demasiado lejos de la verdad.

jauja2La película llega a Mar del Plata y la recepción es un poco más tibia. Ya sabemos –conocemos el cine de Alonso y es obvio que mucha crítica que considera snob, ridículo y absurdo este cine la va a despreciar de principio a fin–, pero también los que habitualmente defienden –o entienden o aceptan– el cine del director de LOS MUERTOS empiezan a expresar sus dudas, primero, y a sacar su desenfrenado odio después. Pueden leer muchos comentarios en blogs (los que leí en el de Roger Koza, ver aquí y aquí, fueron los que motivaron este post) y hasta varias críticas (aquí les dejo una como ejemplo de varias que hay) que, con argumentos discutibles pero muchas veces bien planteados, empiezan a cuestionar, a desollar la película como si se tratara de un objeto que hay que observar con lupa hasta que se le noten todas las costuras.

Y eso es algo que no se suele hacer ni con la mitad de las películas que operan en ese nivel «festivalero». No veo el mismo nivel de obsesividad para ver si «pegan» los planos y contraplanos de la película de José Campusano (EL PERRO MOLINA) y ni hablar que allí se celebran los mismos desajustes actorales que se le cuestionan a Alonso. No recuerdo nunca tanta preocupación en que se «entienda» exactamente la compleja y lúdica lógica espacio/temporal de la película (ni en David Lynch ni en Christopher Nolan ni en ningún director de cine de autor que haya hecho de ese tipo de rupturas los fundamentos de su cine, de Alain Resnais a esta parte). Que si Viggo agarra bien el arma, si la agarra mal, que si el perro se rasca, si no se rasca. Salvo excepciones, no he visto ese tipo de despedazamientos técnico/filosófico/políticos en el 90% de los cineastas argentinos que estrenan sus películas. Se ha puesto a JAUJA bajo la lupa crítica de una manera que parece hasta premeditada y a la que casi ninguna película podría resistir. ¿Por qué? ¿A qué se debe?

Insisto, no hablo de los que dicen que lo que hace Alonso no es cine o no es entretenido o no cuenta historias y que no pueden salir del multiplex porque les da urticaria si no hay un personaje de Marvel en la dieta cinematográfica diaria, sino otros críticos que han sabido apreciar su cine y que han dicho, hasta hace poco, que se había vuelto hasta un tanto repetitivo y que necesitaba cambiar. Alonso, en JAUJA, cambia, crece, se complejiza, se abre a zonas inexploradas y en la gran mayoría de los casos sale airoso con una potencia lírica y cinematográfica con la que el 95% de los directores argentinos solo podría soñar en noches de tormenta pesada. Y la película –perdonen la insistencia– responde con creces a esos desafíos planteados. Y sin embargo, sin embargo…

jaujaAquí es donde empiezo con las preguntas: ¿Qué es lo que les molesta tanto de la película? ¿Qué trabaje Viggo Mortensen, una estresha de Jolibud? ¿Qué tenga un guión hecho por un escritor (Fabían Casas) y sea mucho más literario que los anteriores? ¿Que tenga fotografía hecha por un finlandés? ¿Qué no sigan siendo filmes sobre un hombre que camina o viaja solo? ¿Qué Alonso no sea la persona más clara y elocuente del mundo para hablar y explicar su cine? ¿Qué la haya presentado en Mar del Plata en lugar del BAFICI? ¿Que no se haya estrenado mundialmente en la Argentina como si se estrenaron casi todas las anteriores y hayan tenido que verla con más expectativas que lo normal? ¿Que al hablar en público Lisandro parece cagarse un poco de risa de todo y hacer bromas? ¿Qué no es K, que no es anti-K? ¿Cuál es el problema?

No puedo quitarme de encima la impresión que hay algo en contra de Alonso: personal, político, motivado por intereses que desconozco. No es que me parezcan injustificadas todas las críticas (puedo no compartir la mayoría de ellas, pero las entiendo), pero son muchas, demasiadas, coincidentes y consistentes hasta en sus formulaciones como para que no resulte raro. No hay película argentina (no hay película en el mundo) que resista a un análisis machacón como el que algunos hacen con JAUJA, realizados casi todos ellos como si hiciera falta destronar a Alonso del hecho incuestionable de que se trata de uno de los mejores cineastas argentinos de los últimos 15 años.

El párrafo que sigue contiene algunos SPOILERS por si quieren evitarlos.

Los casi tres finales de JAUJA han dejado a muchos confundidos, para bien o para mal. Podemos estar más o menos de acuerdo con sus elecciones, pero es innegable que la conexión eleva a la película a zonas a las que Alonso nunca había aspirado antes: ¿es un viaje temporal con el agua como un agujero negro a lo INTERESTELAR –como muy bien lo definió Mortensen–? ¿Es un sueño, un sueño dentro de un sueño? ¿La señora es la hija vuelta anciana, la anciana es la niña del presente? ¿El perro viaja de acá para allá o de allá para acá? ¿Qué onda con el soldadito? ¿O todo es un juego que no significa finalmente nada? Coincido con Alonso y Casas: no lo sé y acaso no me importa. La magia de todas esas escenas, el poder de esas imágenes, la compejidad misteriosa que abrazan esas relaciones me alcanzan para llevarme a lugar de éxtasis cinematográfico que casi ningún cineasta argentino logra llevarme.

Fin de los SPOILERS

jauja-2014-lisandro-alonso-02Sí, JAUJA es un western pero no es un western. Es una película realista pero completamente surrealista o bizarra. Es una película histórica y no lo es, contemplativa y no lo es, estructuralmente incierta, dramáticamente confusa, visualmente excelsa. Pensé que éramos muchos los que queríamos ver eso en el cine argentino y no tantos dramas pedestres guionados por algún programa online sobre hombres solos en pueblos chicos, comedias de enredos de segundo grado, películas hechas en laboratorios de alguna fundación belga o documentales armados leyendo los diarios de la década del ’70 y buscando algún océano de testimonios para atravesar. Tal vez me haya equivocado o tal vez Alonso, en estos tiempos políticamente espinosos donde hay tantos guardianes de estas o aquellas correcciones, no responde hoy al modelo de cineasta que debería ser: no lo quieren las salas comerciales, no lo quieren los distribuidores, no lo quieren los críticos que se dedican a hacer podcasts de las nuevas películas de las majors y ahora, parece, tampoco lo quieren muchos de los críticos que pretenden defender que en la Argentina se haga un cine original, distinto, alejado de los modelos prefabricados tanto por el mercado como por los laboratorios de fondos.

Fueron hasta ahora unas 7.000 personas a ver JAUJA y tal vez terminen siendo unas 10 mil. Debe ser el triple, o más, que las anteriores de Lisandro. No estuvo bien estrenada (el distribuidor creyó que lanzándola en 16 salas iba a llevar de las orejas a los fans de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS o a los hinchas de San Lorenzo) ni tuvo una buena campaña publicitaria. Al espectador común probablemente no le convenció (lo cual era esperable, por lo demandante de la propuesta) y ya hablamos de lo que pasó con la crítica. Así y todo generó cierta curiosidad como para movilizar a una buena cantidad de gente. Esa termina siendo la mejor noticia –tal vez la única– del estreno de JAUJA en la Argentina, a la que encima proyectaron sin subtítulos en la función de prensa, agregando aún más confusión al asunto.

Me da tremenda pena. Tenemos a uno de los mejores cineastas del mundo y nos dedicamos a demolerlo. Leo online cosas que no puedo creer. Que usa «académicos contraplanos». Que «no sabe filmar». Que «no es un director ni de los artesanos que cuentan historias, pero tampoco un autor como algunos periodistas, críticos, programadores y muy poco público afirman». Que «cualquier comercial de cerveza tiene composiciones superiores mas y mejor equilibradas». Y más cosas así. No salgo de mi asombro y, al final, me quedo con una triste y enojada conclusión: que tienen y seguirán teniendo el cine de mierda que se merecen.