No-estrenos: «CITIZENFOUR», de Laura Poitras

No-estrenos: «CITIZENFOUR», de Laura Poitras

por - Críticas
22 Ene, 2015 09:55 | 1 comentario

En TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE, una de las películas clave de los años ’70, el director Alan J. Pakula se dedicaba a recuperar, ficción mediante, los hechos y revelaciones periodísticas que condujeron al famoso Watergate. Si bien estaba basada en hechos reales, conocidos y reportados, los mecanismos ficcionales eran inevitables y formaban parte lógica […]

citizenfour posterEn TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE, una de las películas clave de los años ’70, el director Alan J. Pakula se dedicaba a recuperar, ficción mediante, los hechos y revelaciones periodísticas que condujeron al famoso Watergate. Si bien estaba basada en hechos reales, conocidos y reportados, los mecanismos ficcionales eran inevitables y formaban parte lógica de su estructura narrativa. En CITIZENFOUR, la directora Laura Poitras no necesita de esos mecanismos ni de reconstrucción alguna para llevar al espectador la saga de las revelaciones acerca de los controles sobre toda forma de comunicación (internet, telefónica, etc.) que tiene la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (la N.S.A.) y que fue denunciada a mediados de 2013 por un hasta entonces desconocido Edward Snowden. No le hace falta porque Poitras fue, desde un primer momento, parte de la historia. Y la filmó.

Según cuenta con su propia voz en un filme que mezcla los recursos clásicos del cinema-verité con una cierta estilización similar a la de esos thrillers paranoicos de los primeros ’70 (LA CONVERSACION, LOS TRES DIAS DEL CONDOR, ASESINOS S.A.), y un ir y venir por el mundo que le dan un aire a una de esas grandes historias de espías craneadas por John Le Carré, Poitras fue contactada por el propio Snowden como una de las depositarias de esa pila de secretos sobre los manejos de la N.S.A. que superan, por mucho, lo permitido aún dentro de los amplios marcos de la Patriot Act, lamentable marco legal instituido en los Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001. Básicamente, lo que Snowden tenía para contar era que todos los llamados telefónicos y usos de internet de los ciudadanos estadounidenses –y de buena parte del resto del mundo también– eran recolectados y monitoreados por el poder, al mejor estilo Gran Hermano.

citizenfourLa noticia se dio a conocer y ya no es novedad (de hecho, es sorprendente el poco efecto a largo plazo que parece haber tenido en un mundo en el que la gente prefiere ceder sus derechos y libertades civiles a cambio de una idea de «seguridad» que de todos modos prueba ser imposible de lograr), pero lo que nunca hemos visto fue el proceso en el que esa historia se desarrolló, en tiempo presente. Ni tampoco la vimos humanizada, en el rostro casi inocente y la presencia en principio calma del propio Snowden, un rubiecito de entonces 29 años que tiene más pinta de empleado de Starbucks que de poseedor de secretos que pueden hacer caer gobiernos y desarmar instituciones.


La película consta de tres partes. En la primera, Poitras –que estaba trabajando en un documental sobre seguridad y vigilancia online cuando fue contactada por Snowden– pone el tema en el centro del debate, mostrando a otras personas dedicadas a alertar al mundo sobre estos potenciales peligros, incluyendo a Glenn Greenwald, el periodista de The Guardian que vivía en Brasil y que sería su socio en la tarea de dar a conocer la palabra y las revelaciones de Snowden. Contactada por un tal «CITIZENFOUR» mediante emails encriptados, Poitras pasa rápidamente por la imaginablemente larga secuencia de eventos en la que esos mensajes cifrados se van convirtiendo en las reveladoras informaciones que luego conoceremos. Lo que le importa aquí es llegar al centro narrativo de CITIZENFOUR: los días pasados con Snowden encerrados en un hotel de Hong Kong mientras él era entrevistado, las noticias empezaban a aparecer en todos los medios del mundo y, finalmente, necesita (o decide) escaparse de ahí.

citizenfour3Más de media película transcurre en ese cuarto a la manera de un detrás de escena de una serie de entrevistas que conducen Greenwald y otro periodista de The Guardian, mientras Poitras los filma. Allí lo que más impacta es conocer más detalles sobre la personalidad y los motivos de Snowden, que nunca quiso ser el centro del asunto –a diferencia del más mediático showman Julian Assange– pero que, Poitras siente, hace falta dar a conocer para que el tema tenga una cara y un impacto que de otra manera no tendría. Si las revelaciones periodísticas fueron sobre la N.S.A., la directora se guardó las «revelaciones humanas» para el filme, acaso con la intención que el espectador, al verlo a Snowden, pueda realmente tomar conciencia que este tipo de cosas puede impactar a cualquiera de nosotros.

No es que Snowden tenga grandes secretos personales ni contactos sospechosos con poderes enemigos (de hecho, debe ser uno de los tipos más aparentemente limpios y anodinos de la historia del espionaje, digamos), pero el verlo asumir dolorosamente que acaso no vuelva a ver a sus padres o a su novia, que es consciente de que su futuro puede estar en una cárcel pero que asume que eligió ese rol de «denunciante» sabiendo que esa era una posibilidad más que evidente, es tocante y revelador. Poitras encuentra su película en esos detalles: los silencios de Snowden, su mirar por la ventana sabiendo que quizás jamás volverá a tener la posibilidad de hacerlo, su paranoia que lo lleva a esconderse bajo una capa a la hora de tipear en la computadora o a desconectar su teléfono del hotel. Un momento entre terrible y divertido es cuando, en medio de las entrevistas, empiezan a escuchar un ruido como de alarma de incendios que vuelve una y otra vez.

citizenfour2Si bien sabemos que Snowden zafó de la prisión y que hoy tiene asilo político en Rusia, no hay manera de evitar preguntarnos los motivos de este hombre que decidió prácticamente sacrificar su vida en libertad para dar a conocer esa información. Poitras lo mostró a Snowden en medio del torrente informativo de 2013 ya que luego de varios días de ir dando a conocer datos sobre los abusos de la N.S.A. (primero se habló de teléfonos, luego de internet, luego del alcance internacional de los controles en una serie de notas que iban saliendo a diario) todos coincidieron que era importante mostrarlo y él aceptó. Lo que vemos acá es la otra parte de ese video de 12 minutos que se conoció entonces (Nota: Poitras filmó 20 horas con Snowden, asegura) y, especialmente, podemos observar en tiempo real como la difusión de las noticias va impactando al propio denunciante, que empieza a perder la seguridad y compostura de los días previos.

La película tendrá una media hora final un tanto más confusa dramáticamente (mostrando consecuencias internacionales de las noticias que van surgiendo, reuniones de abogados tratando de manejar su caso, declaraciones de políticos, etc), pero Poitras siempre encontrará ángulos interesantes y potenciales nuevas revelaciones para llegar a un final que, con simpleza, vuelve a poner en el centro del filme tanto el costado macropolítico de la historia como su lado humano, ya que hoy Snowden sigue viviendo en Rusia y poco se sabe de su vida allí.

citizenfour5CITIZENFOUR –nominada al Oscar como mejor documental y fuerte candidata a ganarlo– combina, como decíamos, un costado cinema-verité un tanto desprolijo pero lógico en función de los acontecimientos que se sucedían en tiempo real con una estilización más propia de un filme de ficción. Tras ver algunas de las imágenes más impactantes de la película –como las imágenes de las grandes plantas recolectoras de datos que la N.S.A. tiene en varios países del mundo–, nos quedamos más con la impresión de estar viendo una trama de ciencia-ficción. Hay algo en esa combinación entre realismo documental y gélida estilización que es elocuente: no estamos muy lejos, parece decir Poitras, de vivir en una de esos universos futuristas imaginados por Orwell o tantos otros escritores del género. Pasa aquí y ahora. Y las consecuencias son imprevisibles.