Estrenos: «Voley», de Martín Piroyansky

Estrenos: «Voley», de Martín Piroyansky

por - Críticas
12 Mar, 2015 11:16 | comentarios

En su segunda película como realizador, Martín Piroyansky muestra muchas de las virtudes y algunas de las inconsistencias que tornaron a su primera película, ABRIL EN NUEVA YORK, en una agradable sorpresa un par de años atrás. A diferencia de aquel filme ultra-independiente filmado con amigos en las calles de Manhattan, aquí Piroyansky se rodea […]

voley_168En su segunda película como realizador, Martín Piroyansky muestra muchas de las virtudes y algunas de las inconsistencias que tornaron a su primera película, ABRIL EN NUEVA YORK, en una agradable sorpresa un par de años atrás. A diferencia de aquel filme ultra-independiente filmado con amigos en las calles de Manhattan, aquí Piroyansky se rodea con un cast de reconocidos actores locales y cambia radicalmente de escenario: de la primavera del hemisferio norte a un veranito en el Tigre. De todos modos, la temática no es tan diferente: ambos filmes hablan de las idas y vueltas del deseo, de los celos y de las relaciones complicadas entre hombres y mujeres.

Aquí los protagonistas son un grupo de amigos que decide ir a pasar el fin de semana de fin de año al Tigre, a la casa de los padres de uno de ellos. Son gente que se conoce hace mucho, a excepción de una chica que aparecerá como una novedad en el grupo desarmando en buena medida las relaciones y los roles establecidos. Piroyansky es Nicolás, el dueño de casa, un chico un tanto neurótico dominado por un irrefrenable deseo sexual que no parece distinguir objetivos. Sí, claro, los tiene, pero –como dirían por ahí—da la impresión que al final cualquier cosa le viene bien.

Voley-1-1Violeta Urtizberea encarna a Manuela, una de las amigas, obsesiva hasta el cansancio, de esas que lavan dos veces todas las cosas, organizan actividades en pizarrones y dividen las tareas y los horarios entre los integrantes del grupo. También está Inés Efron como Pilar, una chica más tímida, medio amigovia de Nico, pero con algunos secretos propios. Y el “Chino” Darín encarna al novio de Manuela, que juega en plan galán silencioso, macho alfa. Y también está Vera Spinetta como Cata, la infaltable chica “dark”, lesbiana, DJ, niña solitaria y con tendencias autodestructivas.


La recién llegada es Belén (Justina Bustos) a quien la cámara de Piroyansky recibe como llegada de un concurso de belleza, con unos planos que no están a la altura del tono de la película, planos que vuelven en un par de ocasiones más, especialmente en la oportunidad en la que juegan al deporte que da título al filme y en uno que otro chiste escatológico que queda fuera de lugar en una comedia que se pretende en un tono algo más indie, de relaciones zarpadas entre personajes –cruces románticos, amorosos, noches pasadas de alcohol, drogas y sexo a escondidas–, pero no necesariamente de chistes de sketch televisivo.

voley-dsc_0093Si bien están un tanto justificados por la lascivia del protagonista, un par de esos planos y chistes le quitan elegancia a VOLEY, pero por suerte son pocos y no arruinan ni alteran demasiado la fluidez del relato ni su simpatía, centrada más que nada en los intentos de Nico por conquistar a todas y cada una de las chicas del lugar de la manera que sea, metiéndose en situaciones bastante complicadas por eso ya que, como es imaginable, no todas las chicas están “técnicamente disponibles” y los demás tienen sus propios planes.

Urtizberea es, en cierto modo, la coprotagonista, en un personaje que de a poco se va revelando más complejo e interesante de la casi caricatura que es en un principio. Mientras que Efron también va mostrando otras facetas en tanto la situación entre los amigos se va volviendo más complicada y extraña, graciosa y dramática a la vez, especialmente en la fiesta de fin de año que todos esperan.

voleyLos otros personajes están son un tanto más complementarios y/o prototípicos, pero sirven para dar vida a un grupo que puede no ser del todo compatible (a veces uno se pregunta cómo es que estos chicos tan distintos entre sí son amigos y en algunos casos hasta pareja), pero que aparenta ser bastante representativo en su cotidianeidad y su humor casual, de anécdotas de entrecasa y situaciones casi de farsa teatral. Piroyansky apuesta a que su película tenga un costado cine independiente norteamericano, otro lado más cercano a un cine, digamos, tipo Eric Rohmer, y un tercero más ligado a la nueva comedia americana. Esos ejes tan distintos no siempre confluyen de la manera ideal pero se sostienen lo suficiente como para que VOLEY sea una experiencia agradable.

Comedia generacional, de esas que aquí se hacen pocas, VOLEY es un ejemplo –mejorable pero valioso—de un género que debería tener más representantes en una cinematografía que hace 150 películas por año y que hoy se cuentan con los dedos de las manos las que responden a algunos de estos paradigmas.