Cannes 2015: «One Floor Below», de Radu Muntean

Cannes 2015: «One Floor Below», de Radu Muntean

por - Críticas
16 May, 2015 01:11 | comentarios

El cine rumano sigue haciendo de las suyas y esta película es otra carta fuerte de uno de sus autores menos conocidos, del que todos admiramos su excelente AQUEL MARTES DESPUES DE NAVIDAD, pero que no ha tenido aún el reconocimiento de compatriotas suyos como Corneliu Porumboiu, Cristi Puiu o Cristian Mungiu. Tal vez esta […]

One Floor Below CannesEl cine rumano sigue haciendo de las suyas y esta película es otra carta fuerte de uno de sus autores menos conocidos, del que todos admiramos su excelente AQUEL MARTES DESPUES DE NAVIDAD, pero que no ha tenido aún el reconocimiento de compatriotas suyos como Corneliu Porumboiu, Cristi Puiu o Cristian Mungiu. Tal vez esta película no cambie las cosas –se trata de un filme oscuro y complicado, más frío y esquivo que el anterior– pero sin duda lo consolida como uno de los mejores cineastas de su país y, a la vez, uno que busca sumarle nuevos condimientos a las ya conocidas «fórmulas» del cine rumano.

En cierto modo, el filme de Muntean tiene unos puntos en común con el de Woody Allen que está aquí, ya que ambos tienen como eje una decisión ética que toma su protagonista, decisión que él considera justa y adecuada pero que luego le complica la vida. Aquí el personaje principal es un hombre que trabaja lidiando con la burocracia rumana que existe para los registros de automotores. Está casado y tiene un hijo adolescente que vive pegado a la computadora, entre Facebook y los juegos más violentos. Se trata de un cincuentón en apariencia amable y bonachón que un día, subiendo a su casa, escucha una pelea entre un hombre y una mujer –amantes o pareja, en ese entonces no se sabe– en el piso de abajo al que hace mención el título de la película. Mientras está parado escuchando en la puerta, el hombre sale enojado del cuarto y lo mira mal, dándose cuenta que estaba espíando por más que intente disimularlo.

OneFloorBelowPoco tiempo después, la chica aparece muerta, habiéndose tirado del balcón. No queda claro si es suicidio o asesinato pero cuando viene la policía el protagonista decide no contar nada de lo que vio, tal vez temiendo posibles represalias del hombre, vecino del departamento también. Esa decisión lo lleva a meterse en problemas que conviene no adelantar pero que van cercando a los protagonistas entre sí en una especie de duelo silencioso de «yo sé que tu sabes que yo sé», que se va expandiendo cuando el supuesto asesino empieza a relacionarse con el hijo de su vecino y a ayudarlo con su computadora.


Esto es apenas el principio de un filme que, a diferencia del de Allen, no expone sobre la mesa ni subraya sus temas. Al contrario, los personajes se tornan inexpugnables, sus decisiones confunden y la trama se va corriendo del lugar más esperado para ir abriendo otras aristas temáticas interesantes, entre ellas la dependencia y la relación con internet (Facebook juega un rol fundamental aquí). En una sociedad como la rumana que viene de décadas de control y de espionaje interno, la información que circula en ese edificio y online se vuelven «papas calientes» para los protagonistas, obligándolos a actuar de maneras insospechadas. Si a eso se le suma una mirada crítica al machismo instalado en esa sociedad, la película consigue convertirse en otra demostración de que se puede integrar elementos de género a un drama realista social y cotidiano sin que eso rompa la plausibilidad y la lógica del relato.

Ese es el secreto del cine rumano: crean tensión, hacer inteligentes lecturas políticas y pintar la sociedad actual en ese país con una puesta en escena sutil y una lógica interna inapelable.