No-estrenos: «Blackhat», de Michael Mann

No-estrenos: «Blackhat», de Michael Mann

por - Críticas
03 May, 2015 03:11 | comentarios

Acaso la película más «Michael Mann» de todas las de Michael Mann (casi un grandes éxitos), BLACKHAT es un tratado visual fantasmagórico, atrapante y misterioso que usa el thriller como excusa narrativa para hacer otra de las investigaciones del director de FUEGO CONTRA FUEGO sobre cómo las luces de neón se reflejan en las calles […]


blackhat2Acaso la película más «Michael Mann» de todas las de Michael Mann (casi un grandes éxitos), BLACKHAT es un tratado visual fantasmagórico, atrapante y misterioso que usa el thriller como excusa narrativa para hacer otra de las investigaciones del director de FUEGO CONTRA FUEGO sobre cómo las luces de neón se reflejan en las calles mojadas por la lluvia a la noche, cómo se ve una ciudad desde el mar o desde el aire (a la noche, también), cómo los cuerpos se rozan y las miradas se cruzan subrepticiamente, cómo una conversación en un bar puede volverse una situación imposiblemente tensa y cómo un barrio de poca monta de una ciudad perdida puede transmitir peligro y belleza al mismo tiempo.

BLACKHAT es una película a la que no se le puede quitar los ojos de encima. Todo lo que se ve pide atención, mucho más que lo que se cuenta. Acaso el problema de Mann con el éxito mainstream desde MIAMI VICE hasta aquí es su obsesión por los momentos de stasis, los intersticios en los que la historia pasa a segundo plano para que la cámara se desvíe por segundos a algún detalle que captura su ojo. Pero, principalmente, entiendo que el conflicto Mann vs. Exito está dado por su decisión de tomar el digital como un medio diferente al cinematográfico. El realizador elegante de los años ’80, de COLATERAL a esta parte ha «comprado» el digital pero no como un imitador del 35mm, sino como una bestia con sus propios desórdenes alimenticios a la que hay que tratar de encontrarle su dieta adecuada.

blackhat1Y Mann está convencido que el digital no debe imitar al cine sino generar su propia estética (las comparaciones que ha hecho en entrevistas entre cine y arquitectura son perfectas para entender su idea). El «problema» es que esa estética está muy lejos del gusto medio del espectador, acostumbrado a la imagen «lustrada» y prolija del cine de género hollywoodense. Cada vez más las películas del realizador de EL INFORMANTE son sucias, desprolijas, tienen momentos que lucen como un home-video, parecen terminadas sin corrección de color ni mezcla de sonido y esas imágenes confunden, descolocan, al espectador que espera sus thrillers prolijitos y predecibles.


La historia que cuenta BLACKHAT no es tan original como su puesta en escena y precisa de un cierto grado de «suspensión de la incredulidad» para entrarle. Chris «Thor» Hemsworth encarna a Hawthorne, un super hacker que está en la cárcel, tiene el rostro y el cuerpo de un modelo de Armani (el clásico personaje «cool» del cine de Mann, de James Caan y Don Johnson a Tom Cruise y Colin Farrell) y que lee a Foucault y Derridá en prisión, entre tandas de ejercicios abdominales. Aceptemos eso de entrada y luego todo será más fácil. Cuando un doble ataque de hackers hace volar un reactor en China y crecer las acciones de la soja en la Bolsa de Valores, los investigadores –un combo de norteamericanos y chinos– lo necesita para avanzar con la pesquisa. Y Hawthorne consigue un arreglo que suena ideal: dejénlo salir de la cárcel y, si atrapa al culpable, puede quedar libre. Si no, vuelve.

blackhat4El protagonista es un clásico personaje de Mann, esos profesionales que saben todo lo que deben saber sobre su profesión, viven a las corridas de una ciudad a otra, con secretos y relaciones complicadas. Y prefieren estar siempre al margen de las instituciones, o coquetean con ellas pero siempre desde el lugar del outsider. Durante buena parte del relato –con muchos diálogos en chino– BLACKHAT parece una versión de Mann de una película de acción de Hong Kong, donde la acción es tan trepidante como confusa y en la que las elecciones visuales no son siempre las que pide la convención informativa del thriller hollywoodense, dando espacio para esos breves momentos visuales donde todo parece valer.

Hawthorne y su grupo de investigación (su amigo chino de la universidad y la hermana de éste, de la que se enamora MIAMI VICE style, además de Viola Davis y otros) deben combinar un trabajo de campo convencional –persecuciones callejeras, enfrentamientos, disparos– con otro, potencialmente menos cinematográfica, que implica estar sentados frente a computadoras descifrando códigos. Mann encuentra siempre la forma para que la película no se vuelva visualmente anodina: arranca el filme con una descripción visual y animada de cómo se inserta un malware para destruir un sistema cibernético y de ahi pasa a los espacios abiertos y las figuras anteriormente mencionadas: el neón, la noche, las ciudades tal como se ven cuando uno aterriza en un avión. Todo, claro, con movimientos de cámara permanentes pero que apuestan al detalle más que al dato, y con los consabidos shocks visuales en los que la cámara en mano parece estar siendo manejada por uno de los actores.

blakht1La mezcla de cierto refinamiento estético con esa suciedad produce un choque que descoloca, pero eso es algo que siempre ha manejado Mann en su carrera: sus películas viven en el borde entre el hiperrealismo y la hiper-estetización. Pero lo primero se ha ido imponiendo sobre lo segundo y sus filmes son, de COLATERAL a esta parte, cada vez más sucios poemas de la noche, con los personajes en primer plano recortados contra el fondo de ciudades iluminadas por neones, con música electrónica que funciona de manera subterránea, casi entrando al cuerpo imperceptiblemente y con los bajos golpeando rítmicamente en el estómago. Son historias de hombres solitarios, dedicados a una vida cercana al crímen que saben hacer su trabajo y que buscan algún tipo de redención y/o el amor de una mujer tan hermosa como exótica.

Se podrá decir que algunos diálogos bordean la autoparodia y que algunos actores (como Tang Wei, que encarna a su interés romántico, la hermana de su colega Chen) tienen más problemas con el inglés de lo necesario, pero BLACKHAT nunca apuesta a la verosimilitud dramática clásica, sino que se presenta entre lo ampuloso del género en su vertiente más «cinéfila» (como FUEGO CONTRA FUEGO, digamos) y la abstracción más pura (MIAMI VICE, la película), de esas que transforman a sus personajes en figuras más de la trama, no mucho más importantes que ciertos escenarios o planos.

blackhat5Y en ese sentido Mann es más sincero que la mayoría de los directores de cine de acción y suspenso, ya que reconoce que la historia que cuenta no es más que una serie de figuras narrativas archiconocidas y que lo que un director tiene, verdaderamente, para aportarle a una historia de ese tipo es su mirada, su ojo para los detalles, la forma en la que puede transformar un texto rutinario en un momento bello, original, único. En eso consiste la película: en una colección de momentos notables –escenas de suspenso alucinatorias, persecuciones intensas, momentos en los que la cámara parece buscar y encontrar la acción por casualidad, seducida por las distracciones de las locaciones– que son la manera más efectiva de trabajar una trama criminal que trata con esos mismos intangibles.

Los virus que los hackers hacen circular por el universo escapan a nuestro registro visual. No los vemos, pero están ahí, armando y desarmando cotidianamente nuestras vidas con sus invisibles conexiones. Visualmente, BLACKHAT es la representación cinematográfica de eso gracias a un director que mira lo que los demás no sabemos ni podemos ver y que encuentra en esas abstracciones momentos de extraña belleza electrónica, de impensable poesía digital.