BAFICI 2016: A modo de balance

BAFICI 2016: A modo de balance

por - Críticas
24 Abr, 2016 10:00 | comentarios

Mientras veía LA NOCHE, de Edgardo Castro –con Graciela Borges sentada atrás, lo cual me hacía sentir algo similar a la incomodidad de ver una película porno con mi madre al lado– se me cruzaba una y otra vez por la cabeza la casualidad de que esta película se esté dando en el mismo año […]

La-nocheMientras veía LA NOCHE, de Edgardo Castro –con Graciela Borges sentada atrás, lo cual me hacía sentir algo similar a la incomodidad de ver una película porno con mi madre al lado– se me cruzaba una y otra vez por la cabeza la casualidad de que esta película se esté dando en el mismo año en el que el BAFICI cumple 18 ediciones. Esa «mayoría de edad» del festival, uno podría pensar, es la que le permite programar películas como ésa y estar habilitado –simbólica, metafóricamente hablando– para verla. Esa combinación de factores casuales da como resultado una conclusión evidente: la mayoría de edad no tiene que venir con un aburguesamiento, con una comodidad, sino con la claridad para tomar riesgos, aventurarse a cosas que antes estaban «prohibidas».

Es por eso que creo que LA NOCHE fue la película más importante de este BAFICI y la más icónica de las últimas ediciones, en esa línea cuyos últimos hitos clave fueron HISTORIAS EXTRAORDINARIAS y EL ESTUDIANTE, la primera por su radical recuperación del espíritu narrativo, la segunda por devolver al cine argentino de ficción al espacio de discusión política. La operación que hace LA NOCHE es otra pero es igual o más importante para el llamado Nuevo Cine Argentino: lo abre a un mundo muy poco transitado, lo lleva directamente a un terreno del sexo sin tapujos en una cinematografía que lo trata como un tema tabú, le suma complejidades/diversidades sexuales sin ningún tipo de subrayado y juicio de valor, lo mete de lleno en el mundo del consumo de drogas sin usarlas como elemento dramático determinante y, acaso lo más importante de todo, hace todo esto sin intención de shockear, sacudir o espantar. Piensen otra película argentina que podría llegar a ser calificada dentro del rubro «para mayores de 18 años» y –sin contar algunas experimentales– seguramente no se les ocurrirá ninguna.

lanocheLas decisiones de los jurados suelen ser consensuadas y/o salomónicas por lo que era esperable que la película no ganara el premio mayor, aunque su segundo premio deja en claro que LA NOCHE tuvo sus fuertes defensores en el jurado de la competencia internacional. Finalmente, es un tema menor: las películas que trascienden lo hacen por peso propio y no por los galardones. HISTORIAS EXTRAORDINARIAS no ganó el premio principal, EL ESTUDIANTE tampoco. Las películas que marcan giros de ese tipo suelen ser recibidas con dudas y su peso se aprecia después, con el correr de los días, semanas, meses. La que ganó fue LA ULTIMA NOCHE DE FRANCISCO SANCTIS, otra muy buena película también, pero que representa otra idea o metáfora respecto a esa mayoría de edad: la idea del asentamiento, de un cine serio, adulto, prolijo, bien hecho, correcto y casi irreprochable en sus valores. Pero que no representa tanto riesgo, no se lanza al vacío (narrativo, sexual, existencial) de la película de Castro.


Si hablamos de películas en relación a festivales, la que debería seguir representando esa idea mutante llamada BAFICI es LA NOCHE. Es el tipo de filme que le da identidad y personalidad como festival, la que lo distingue del resto. LA ULTIMA NOCHE…, en cambio, es una de esas sólidas películas que cualquier festival y jurado aceptará, reconocerá y premiará. Siguiendo una idea un tanto vieja de cómo funcionan los festivales en Argentina (ya no son tan claras las diferencias como lo eran antaño), uno podría decir que es una película que debería haber competido en el Festival de Mar del Plata. Es nuestra prestigiosa película del 2016, el aplicado alumno que seguramente nos representará muy bien en todas las competencias internacionales.

LA NOCHE, en cambio, es nuestra película sucia y desprolija, rockera, infernal por momentos, luminosa en otros, pocos. Triste, despojada, abismal. La opera prima de Edgardo Castro no es una película entrenada en escuelas de cine ni pasó por foros, laboratorios, sesiones de pitching y encuentros de coproducción. Es la expresión del dolor, la angustia, la vida de una persona, lo que podría ser un diario íntimo filmado, sin aparentes filtros. A la película le falta y le sobra, es épica y excesiva pero también minimalista y silenciosa. Ningún tutor la habría aprobado así como está. Le falta un nudo argumental más claro, dirían. Una motivación, un trauma. Le sobran fellatios, las escenas son muy largas, no se escucha bien, no siempre se ve bien. Todo lo que la hace única e irrepetible –esos excesos– serían limpiados por los comités de similar manera a la que seguramente le escaparán muchos programadores, festivales y jurados en lo que queda del año si no hacemos nada para evitarlo. Esos excesos son los que la hacen una película importante (no «polémica», que no lo es) y personal del primer plano hasta el último. Y cada vez hay menos de esas…

Tengo la impresión de que el BAFICI vibra a partir de películas como LA NOCHE. Son su razón de ser, más allá de los premios. Son las que abren territorios inexplorados, las que justifican la existencia del festival y lo distinguen de muchos otros. Mi balance, entonces, es concentrado y se centra en una sola película. No es mi intención hacer un análisis global de la programación ni de los eventos, mesas redondas o la organización (siento que los que trabajamos para otros festivales no deberíamos meternos en esas lides, es como decirle a otros padres como educar a sus hijos, aunque esta es una idea que no todos mis colegas comparten), sino de tomar LA NOCHE como un síntoma del espíritu del BAFICI, la película que deja en claro que, para un festival, llegar a la mayoría de edad debería ser una invitación a abrir puertas y no a cerrarlas, una chance para salir al mundo y ver lo que pasa allá afuera, ahí donde no tenemos los mapas que nos marcan los caminos a seguir.