Festival de Mar del Plata: Competencia Latinoamericana (9 críticas)

Festival de Mar del Plata: Competencia Latinoamericana (9 críticas)

por - cine, Críticas, Festivales
17 Nov, 2016 10:37 | 1 comentario

Aquí aparecen –y seguirán apareciendo– las críticas de las películas de la competencia latinoamericana, como las nuevas de Eduardo «Teddy» Williams, Gastón Solnicki, Lina Rodríguez, Paz Encina y Joel Calero, entre otros. En el caso de las competencias, las críticas de las películas que se estrenen mundialmente en el marco del festival aparecerán sólo después de su primera proyección.


COMPETENCIA LATINOAMERICANA

EL SACRIFICIO DE NEHUEN PUYELLI, de José Celestino Campusano

elsacrificio-nehuenDespués de dos películas muy fallidas, el director de VIKINGO regresa a un territorio más conocido aunque geográficamente diferente al de sus filmes previos, ya que su nueva película transcurre entre una cárcel y los barrios marginales de las afueras de una ciudad rionegrina. El material genera una serie de intrigantes y potencialmente fascinantes cruces para un policial: Nehuén, curandero del pueblo de familia indígena, es encarcelado, acusado de envenenar a una anciana y de abusar de un chico. Allí se enreda con Ramón, un lider carcelario que está por salir y no quiere meterse en problemas. Pero también deberá vérselas con Henderson, hijo violento de una familia acomodada con sed de venganza hacia Nehuén.


Varios personajes se van sumando el entramado de traiciones, arreglos, peleas y trampas, incluyendo a la familia de Nehuén, el padre de Henderson, otros presos nuevos y veteranos, guardias y familiares. Si bien por momentos las subtramas son demasiadas, por lo general el relato es claro y avanza con precisión narrativa hacia un enfrentamiento final en el que varias cosas se ponen en juego: corrupción policial, violencia, lucha de clases, los problemas entre los habitantes de pueblos originarios como Nehuén y los que no lo son y así.

elsacrificioComo sucedía con EL PERRO MOLINA, este es otro de esos filmes en los que Campusano parece manejarse cómodamente en el terreno policial, con una destreza técnica en lo visual que ya luce muy profesional y hasta con elegantes planos secuencias, a años luz del «cine bruto» que se pregona desde el nombre de su productora y que era más evidente en sus inicios. Pero como en ese filme, esa forma más clásica de narración visual se choca con las acostumbradas actuaciones desparejas y los excesivamente formales diálogos entre los protagonistas lo que genera una gran dificultad en lograr la credibilidad necesaria para entrar en el mundo de la ficción.

Si bien es entendible la búsqueda de naturalidad de los no-actores que profesa el director, mientras más profesionales lucen sus películas más resaltan e incomodan ese tipo de performances «recitadas» y esos diálogos acartonados y sentenciosos. Y es una pena porque tanto la trama como los temas que pone en juego Campusano aquí son lo suficientemente atractivos como para generar una película de más alto impacto, algo que se pierde muchas veces por esta búsqueda o tono que, a esta altura, no logro terminar de comprender.

 

EL AUGE DEL HUMANO, de Eduardo «Teddy» Williams

elaugedelhumanoHabiendo visto todos los cortometrajes de «Teddy» Williams siempre me pregunté cómo sería su paso al largometraje. Es que sus cortos son tan específicos en el minuto a minuto de una experiencia compartida entre grupos de amigos, casi sectas con códigos secretos indescifrables para los de afuera, que veía difícil como ese fluir casi no narrativo de sus cortos podía trasladarse a un largo. Y más a uno de 97 minutos, en el que es muy difícil aguantar bajo ese concepto difuso del «corto estirado».

Williams encontró una excelente solución. Sin que quede del todo claro ni anunciado en su presentación, EL AUGE DE LO HUMANO es en realidad una combinación de tres cortos que dan pie a una sola película, tres «historias», sugerentemente conectadas entre sí, que tienen lugar en distintos países y que le permiten al realizador no alterar demasiado sus características y estilo. El primero transcurre en Buenos Aires. Allí su cámara acrobática y de largos planos secuencia sigue a Exe y su grupo de amigos que, en medio de lo que parece ser una Buenos Aires inundada, intentan hacer dinero mostrándose semidesnudos y en situaciones sexuales en algunos sitios de internet en el que cierta gente aporta dinero para verlos.

elauge2Es ese pozo ciego de la red (el famoso «mundo interconectado») el que nos lleva a la segunda parte del filme, en Mozambique, donde a partir de una escena de cibersexo similar conocemos a unos personajes hartos de su vida allí y que planean abandonar la ciudad. La conexión con la tercera parte es más curiosa, terrenal e incluye una larga escena con hormigas para derivar en Filipinas, en donde observamos también a un grupo de jóvenes bañándose en un lago y manteniendo casuales conversaciones.

Las conexiones temáticas entre los episodios (se podrían sumar sus anteriores cortos acá y poco cambiaría) son claras: sus películas son retratos de una generación desencantada con sus respectivas situaciones personales y económicas, que encuentran en sus amigos, en la web y en el devenir casi letárgico de los días algún tipo de resguardo del mundo que los rodea y que casi no vemos. Cada episodio está filmado en distintos formatos, yendo de los 16mm al video digital, pero las diferencias tecnológicas no representan demasiado en la vida de estos chicos en lugares aparentemente tan poco relacionados entre sí como Argentina, Mozambique y Filipinas. Lo que las películas de Williams describen (más que narran) es la universalidad de esas sensaciones, un inmersión sensorial a los universos menos exploradas de la globalización…

 

KÉKSZAKÁLLÚ, de Gastón Solnicki

kekszakallu-venice-2Basada muy libremente en «El Castillo de Barba Azul», de Béla Bartók, Solnicki se centra en su tercera película en las vidas de un grupo de jóvenes y adolescentes que pasan sus veranos en José Ignacio o algún similar paraje en las afueras de Punta del Este. Si bien en su primera parte el retrato parece ser en torno a varias de estas chicas, de a poco la película va enfocándose en una de ellas. Para todos, de cualquier manera, el conflicto parece ser similar: su hastío, ennui y malestar con sus vidas cotidianas y sus familias en una temática que bien podría considerarse una versión teenager de las películas de Michelangelo Antonioni, cuyas específicas composiciones formales por momentos Solnicki parece homenajear.

Las chicas intentan escapar de esos ambientes de distintas maneras: mudándose solas, trabajando en lo que parecen ser las fábricas de sus padres, dedicándose a los estudios. Es ese «tirarse a la pileta» con el que el filme abre puesto finalmente en práctica. Pero nada parece satisfacerlas del todo. ¿Acaso huir de esos metafóricos castillos sea la solución? Con un notable cuidado formal (la fotografía la hicieron Diego Poleri y Fernando Lockett), Solnicki va exponiendo distintas situaciones en las vidas de estas chicas en crisis, por momentos con la música de la propia opera acompañando sus tentativos pero confusos pasos hacia esa supuesta libertad.

kekszakallu_04La película claramente se conecta en temática con PAPIROSEN, en la que también se podía sentir la inquietud del cineasta en medio de ese universo de comodidad económica pero vacío existencial. Y acaso el deseo de escaparse de ese mundo que las chicas desean hacer sea uno similar al que él mismo puedo haber atravesado. Si bien algunos calificarán a la película usando la ya vieja acusacion de narrar «la tristeza de los chicos ricos», Solnicki prefiere no engañar ni engañarse poniéndose a filmar historias o personajes que no tienen que ver con universos que seguramente conoce mejor. Lo que hace es poner la cámara en un mundo cuyos privilegios no ocultan zonas oscuras y donde la arquitectura más elegante y moderna puede representar peligro más que una emoción estética.

 

JESUS, de Fernando Guzzoni

jesus_webCuriosamente, en el mismo año, el cine chileno hizo dos películas basadas en el mismo caso: el de la golpiza proporcionada por un grupo de jóvenes a Daniel Zamudio, un adolescente gay. La primera fue NUNCA VAS A ESTAR SOLO, de Alex Andwandter, que ponía el eje y el punto de vista en la víctima. En JESUS, en cambio, Guzzoni se centra en uno de los victimarios. Sin embargo, y pese a sus grandes diferencias estilísticas, las películas tienen un núcleo común: ambas ponen el acento en la relación de los protagonistas con sus respectivos padres.

En el caso de JESUS, lo que se cuenta es la vida de un adolescente que, como le dice su violento y agresivo padre, no hace nada, no trabaja ni estudia. El chico sale con amigos a beber, ensaya coreografías en una banda de K-Pop y pasa su tiempo mirando videos en internet, muchos de ellos bastante violentos. Confundido sexualmente, se junta de todos modos con una bandita un tanto pesada con la que sale varias noches a vagar por ahí, a ver bandas y, principalmente, a emborracharse.

jesus0816Durante su primera parte, el director de CARNE DE PERRO narrará con una cercanía casi de documental (la cámara de la uruguaya Bárbara Alvarez, está siempre encima de la acción) la vida cotidiana de Jesús con sus amigos y, en especial, la siempre tensa relación con su padre, con quien convive (su madre murió) y con el que no se lleva del todo bien, especialmente por el desagrado que a su padre –hombre recio de modales más que brutales– le causa casi todo lo que su hijo es y hace (o no hace).

Una de esas noches en la que el alcohol no deja ver nada ni a nadie, Jesús y su grupo de coocidos encuentran tirado y alcoholizado en un parque a un chico. En plan “bardo” lo empiezan a molestar, a empujar, tratan de despertarlo y llevarlo, pero no hay forma. La situación se va enrareciendo y terminan golpéandolo de manera tan bestial que termina en coma. El resto del filme estará dedicado a seguir qué es lo que hace Jesús después del hecho: lo que le pasa internamente, los conflictos que se produce con los otros atacantes y, de vuelta, cómo reacciona su padre al enterarse de que su hijo está implicado en este caso que tomó para entonces alcance mediático nacional.

jesus_web2Guzzoni narra con una demoledora seguridad. Si bien durante buena parte de la película –toda la primera parte– poco y nada parece pasar, la cámara nos mete de lleno en la vida diaria del protagonista, con su obsesión por las coreografías del pop coreano pero, a la vez, juntándose con amigos un tanto más violentos que los que lo acompañan en esa actividad. Esa mezcla de mundos –sumado a su machista padre– le hace vivir de manera más que incómoda los deseos sexuales que empieza a tener por uno de sus amigos. Y uno podría tranquilamente interpretar –la película no lo subraya– que parte de su agresión a la víctima se sostiene en esta confusión, miedo y hasta vergüenza.

El realizador pinta este universo oscuro con una brutalidad e intensidad inusuales. Las coreografías parecen suceder en vivo en la sala de cine (el fenómeno del K-Pop es tan extraño como fascinante) lo mismo las dos escenas sexuales del protagonista, con una chica primero y su amigo después. Donde, en mi opinión, se pasa de la raya es en la golpiza. Si bien es cierto que lo que se busca es dejar en claro lo cruento de la agresión –Jesús es llevado por las circunstancias y el alcohol, es cierto, pero es claro y voluntario partícipe en los hechos–, la cercanía de la cámara a los horribles hechos bordea la morbosidad y, más que incómoda, es desagradable e innecesaria. Es una escena en la que debería haberse pensado más utilizar el fuera de campo.

La negrura de JESUS va más allá de la golpiza. Es un retrato de una herencia violenta y machista que pasa de padres a hijos y que no parece tener solución. Con sobresalientes actuaciones de todos los protagonistas, la segunda película de Guzzoni es un claro avance en muchos aspectos respecto a la primera, aunque su negrísima mirada sobre la realidad de su país no deja ni siquiera un mínimo resquicio para la esperanza. Ese Mal que aqueja a Jesús hace pensar que su padre no es (metafóricamente hablando) quien todos suponen que es, sino el que juega para el otro equipo…

 

ESPEJUELOS OSCUROS, de Jessica Rodríguez

espejuelos-oscurosPasa todos los años. Por más cambios positivos que hayan tenido lugar en la programación del festival marplatense a lo largo de los últimos tiempos, siempre hay algunas películas que nos recuerdan de su fama previa, esas que no se explican en un festival que hoy tiene un más que digno nivel en casi todas sus secciones. Y no digo películas fallidas de grandes directores o esas que los críticos debatimos sus méritos sin ponernos de acuerdo. Me extrañaría mucho, de hecho, que esta película –que antes eran algo común en el festival– tenga algún tipo de apoyo crítico.

Es la historia de una mujer ciega que es tomada como rehén en su casa por un hombre supuestamente peligroso que se ha escapado de la cárcel. El hombre lo único que parece querer es violarla o convencerla de tener sexo con él, una y otra vez. Ella, para demorar y zafar de la situación, al mejor estilo «Las mil y una noches», lo entretiene y distrae con historias que ella misma ha escrito. La película pasa entonces a contarnos esas historias de distintas épocas ligadas a complicadas relaciones personales en Cuba y siempre relacionadas con la Revolución en sus diferentes formas, actuadas por ellos mismos. Y los protagonistas luego, por si no nos quedó claro, nos las explican y analizan desde sus perspectivas, mientras su «relación» avanza.

Formalmente antigua y actuada en un estilo ampuloso/teatral tan caro al cine cubano de antaño, ninguno de sus «desafíos» temáticos despiertan un mínimo interés ante tamaño academicismo formal, virtual muestra que los cambios y propuestas que el Nuevo Cine Cubano intentó introducir en los años ’60 se quedaron allí, casi sin herencia alguna. Si a todo esto se le suma una serie de escenas degradantemente eróticas el combo es realmente insoportable.

 

MAÑANA A ESTA HORA, de Lina Rodríguez

manana-a-esta-horaLa realizadora colombiana radicada en Canadá vuelve a demostrar con ésta, su segunda película, que posee una de las miradas y poéticas cinematográficas más personales y distinguibles del cine no solo colombiano sino que de América Latina. Rodríguez no es tanto una narradora de historias sino una creadora de universos que se sienten reales, creíbles, vividos, ya que su especialidad es el detalle, el segundo a segundo, las formas en las que las emociones de los personajes se desarrollan y mutan casi en tiempo presente y continuo.

En este filme la narración se centra en una familia de Bogotá (padre, madre, hija adolescente) cuya convivencia es bastante disfuncional pero, a la vez, incluye momentos donde la conexión entre sus miembros resulta convincente cariñosa y tierna. A veces, todo al mismo tiempo. Pero algo sucede promediando el filme que modificará esa estructura de manera definitiva. Sin embargo, los procedimientos fílmicos de la directora de SEÑORITAS no se modifican demasiado: ella sigue apegada al momento a momento de sus personajes (en especial el de la chica, Adelaida) y logra ir mostrando de una manera mucho más realista y creíble que otros filmes que apuestan a apretar el acelerador dramático en este tipo de circunstancias lo que es la vida de una joven mujer enfrentada a circunstancias complicadas e inesperadas.

El de Rodríguez es un registro diferente al de buena parte de los nuevos realizadores colombianos ya que muchos de ellos hoy han adoptado los formatos (casi «fórmulas») de narración festivalera, sumándole a eso la necesidad de hacer películas que hablen siempre de los temas más potentes y complicados de la historia colombiana, mientras que Rodríguez (com Franco Lolli, por ejemplo, otro colombiano radicado en el exterior) parece más centrada en las experiencias más específicas, generacionales pero a la vez universales de la vida de una familia de clase media. Y deja al espectador hacer su propio análisis y reflexión acerca de cómo eso se conecta con una experiencia, si se quiere, del orden nacional. Una de las grandes películas del festival.

 

TODO LO DEMAS, de Natalia Almada

Adriana Barraza in Todo lo demásLa documentalista Almada (EL VELADOR, AL OTRO LADO) debuta en la ficción con este relato seco acerca de una mujer solitaria (Adriana Barraza) que trabaja en una oficina pública y parece poner toda su motivación en dos cosas: ser muy estricta en su trabajo (no deja pasar ningún formulario que tenga el más mínimo error por pequeño que sea) y el gato con el que vive. También va a una pileta de natación pero prefiere mirar a los que nadan y no meterse en el agua. Impasible, recibe las quejas y agresiones de la gente que va a hacer sus trámites pero nada parece afectarla hasta que algo sucede en su vida personal que la hace empezar a reconsiderar algunos de sus hábitos y costumbres.

La manera de presentar la situación de Almada tiene mucho de cierto cine argentino reciente: metódico, observacional, silencioso, de planos fijos. Los cambios de la mujer son leves y sutiles, una alteración lleva a la otra y de a poco la mujer empieza a abrirse, lentamente, al mundo. Riguroso en su tono y metódico en sus procedimientos, el filme de Almada –que participó en el reciente Festival de Nueva York– va mostrando de a poco esa apertura: una sonrisa acá, interactuar con una persona en la oficina y así. Acaso la metáfora de la piscina sea un tanto obvia pero representa claramente el objetivo de la película: mostrar las diferencias entre observar la vida pasar y tomar parte en ella.

 

EJERCICIOS DE MEMORIA, de Paz Encina

ejercicios_de_memoria_paz_encinaEste sutil y elegante documental de la realizadora paraguaya –su primera película desde la celebrada HAMACA PARAGUAYA— es un filme que intenta lidiar con el pasado de su país, que estuvo bajo una dictadura, la de Alfredo Stroessner, por 35 años. El eje del filme son los recuerdos que los tres hijos de Agustín Goiburú comparten acerca de su historia familiar y de los años de militancia política de su padre, que acabaron en 1977 cuando este lider opositor fue asesinado por las fuerzas en el poder.

Pero las elecciones de Encina son más poéticas y elusivas de lo que esa descripción parece hacer referencia. La directora dedica buen tiempo de este breve filme a mostrar paisajes y lugares silenciosos, planos de una suerte de vacío emocional (el recorrido incluye varios de los lugares en los que vivieron los protagonistas, tanto dee Paraguay como en Argentina) que complementan de tanto en tanto las palabras de los entrevistados, dejando en claro esa suerte de «tierra arrasada» que dejó la dictadura más larga de América Latina.

Para Encina, que viene de una situación familiar similar, esta suerte de exorcismo sobre la cruenta herencia de la dictadura paraguaya es también un ejercicio de reflexión personal pero, a diferencia de la mayoría de las películas que analizan estos temas, construye una narración más elegíaca que, sin evadir las referencias políticas específicas, se atraviesa más como una especie de sombrío y doloroso recorrido en imágenes por un pasado difícil de un país que, a diferencia del nuestro, no tiene todavía suficientes historias cinematográficas que miren de frente a esas décadas de horror.

 

LA ULTIMA TARDE, de Joel Calero

la-ultima-tarde-de-joel-caleroUna pareja que estuvo casada hasta 19 años atrás y que ha dejado de verse desde entonces se reencuentra en una oficina judicial cuando ella lo convoca a él a firmar unos papeles que le permitan vender un departamento. El reencuentro es en principio amable, dando la impresión que si hubo heridas han sido curadas por el tiempo. Pero el juez se demora por otro compromiso y a la pareja no le queda otra opción que esperarlo, por lo que inician una jornada –con reminiscencias de la trilogía de Richard Linklater en esto de «caminar y hablar» pero en un contexto muy distinto– que los llevará a dar unas vueltas por Lima, sentarse a comer, vivir algunas situaciones pero, más que nada, empezar a abrirse con respecto a lo que pasó con sus vidas entonces.

No conviene revelar demasiado cuál o cuáles son los conflictos y reproches que ambos –especialmente él– han guardado dentro suyo durante todos estos años y que, lentamente, empiezan a salir a la luz cuando él le pregunta a ella porqué se fue y lo abandonó repentinamente, de un día para el otro. De a poco saldrán las respuestas y la película se volverá un análisis más que de las relaciones personales entre los protagonistas, una conversación sobre las circunstancias y vueltas de la militancia política peruana de aquellos años y cómo han cambiado, uno y otro, en relación a esa época.

Muy buenas actuaciones de Lucho Cáceres y, especialmente, de Katerina D’Onofrio logran naturalizar bastante bien sus largos textos y, más que nada, esos momentos en los que la conversación se torna un tanto esquemática respecto a posiciones políticas (él parece haber quedado más apegado a esas épocas, ella se ha vuelto en apariencia una burguesa más convencional) ya que la logran mezclarlos bien con las emociones específicas de lo que les pasaba a los personajes en ese momento y con los detalles de su historia personal. El final, de todos modos, no logra ser convincente y se siente forzado para una historia rica en matices y detalles que merecía terminar de una mejor manera.